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¡Maravillosas pioneras!

¡Mujeres!

¡Mujeres científicas, políticas, escritoras, actrices, periodistas, viajeras y pensadoras fueron silenciadas y olvidadas durante siglos! ¡Son tantas y tantas las voces femeninas!

Aprovechamos el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, para recordar a algunas escritoras que vivieron en una época donde poder expresar sus sentimientos y pensamientos no era fácil. ¿Cuántas de ellas fueron silenciadas? ¿Cuántas se ocultaron bajo seudónimos? ¿Cuántas se vieron desplazadas por sus maridos? ¿Cuántas siguen sin aparecer en los libros de texto que utilizamos habitualmente para impartir nuestras clases? ¿Cuántas fueron olvidadas por el canon literario? ¿Cómo vamos a entender la literatura sin nuestras escritoras?

Desde los inicios de la historia podemos encontrar maravillosas pioneras que en un mundo de hombres decidieron perseguir sus sueños. ¡No podemos entender nuestra cultura sin las mujeres! ¡No podemos olvidarlas!

Hoy nuestro bibliotablón quiere recordar a algunas de ellas y realizarles un pequeño homenaje. Son tantas y tantas… Y lo más importante ¡qué nuestro alumnado las descubra, las conozca y se enamore de sus obras!

Judith, el personaje creado por Virginia Woolf, podría servir para representar a todas esas mujeres que lucharon por expresar su talento:

La hermana de Shakespeare

Mientras tanto, su bien dotada hermana, supongamos, se quedaba en casa. Era tan audaz, tan imaginativa, tan impaciente de ver el mundo como él. Pero no la mandaron a la escuela. No tuvo oportunidad de aprender gramática y lógica, menos aún de leer a Virgilio y Horacio. Hojeaba de vez en cuando un libro, uno de su hermano, quizás, y leía unas cuantas páginas. Pero entonces venían los padres y le decían que fuera a zurcir las medias o atendiera el guiso y no malgastara su tiempo en libros y papeles. […] Quizá garabateó algunas páginas a escondidas, en el desván de las manzanas, pero tuvo buen cuidado de esconderlas o prenderles fuego. […]

Me atrevo a adivinar que Anónimo, que escribió tantos poemas sin firmarlos, era a menudo una mujer.

Una habitación propia, Virginia Woolf

Por Elena Pérez Ornia – Coordinadora de la Biblioteca del IES Cristóbal de Monroy.