{"id":3319,"date":"2025-02-02T20:47:11","date_gmt":"2025-02-02T18:47:11","guid":{"rendered":"https:\/\/www.iescristobaldemonroy.es\/periodico\/?p=3319"},"modified":"2025-02-02T20:47:59","modified_gmt":"2025-02-02T18:47:59","slug":"historia-de-un-heroe-indiscreto-iii-a-la-caza-del-frances","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.iescristobaldemonroy.es\/periodico\/historia-de-un-heroe-indiscreto-iii-a-la-caza-del-frances\/","title":{"rendered":"HISTORIA DE UN H\u00c9ROE INDISCRETO III: A la caza del franc\u00e9s."},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Dejamos a nuestro esforzado y desafortunado personaje en la c\u00e1rcel de un pueblo sevillano, en espera de marchar a la guerra junto con otros reclutas. Seguimos, pues, describiendo las andanzas del que podemos llamar como \u201cGabriel\u201d, por lo que hemos podido deducir de lo le\u00eddo hasta ahora.<\/h2>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-9d6595d7 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:100%\">\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-large is-resized is-style-rounded\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"759\" src=\"https:\/\/www.iescristobaldemonroy.es\/periodico\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/IMG_20250109_191056-1024x759.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3321\" style=\"width:403px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.iescristobaldemonroy.es\/periodico\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/IMG_20250109_191056-1024x759.jpg 1024w, https:\/\/www.iescristobaldemonroy.es\/periodico\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/IMG_20250109_191056-980x726.jpg 980w, https:\/\/www.iescristobaldemonroy.es\/periodico\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/IMG_20250109_191056-480x356.jpg 480w\" sizes=\"(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) 1024px, 100vw\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>\u201cEn toda la calor del final del verano nos hicieron andar el camino a Sevilla para ser incorporados a las tropas de Nuestra Cat\u00f3lica Majestad Fernando VII (q.d.g.), preso por aquel entonces en la Francia por el\u00a0 vil Bonaparte. De los ocho que \u00edbamos, uno escap\u00f3 aprovechando que el alguacil fue a hacer aguas mayores a la sombra de los Ca\u00f1os de Carmona y dos volvieron al pueblo tras llegar un papel del alcalde, tra\u00eddo por un cosario, que los declaraba hijos de viuda y tener casa abierta. De los cinco que llegamos a la Maestranza de Artiller\u00eda de Sevilla, dos fueron declarados exentos por ser cortos de talla y otro por estar tan enfermo y escuchimizado que era mejor que volviera a su casa. Al final, solo quedamos un jornalero de una hacienda de Utrera y yo mismo.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<p>Se nos dio unos uniformes que hab\u00edan ya perdido cualquier dignidad propia de la milicia y con m\u00e1s agujeros que un panal. Y tocado con algo que alg\u00fan d\u00eda debi\u00f3 ser un sombrero, me soltaron a la calle dici\u00e9ndome que en dos horas deb\u00eda volver ya que era la hora de comer y la olla no daba para todos. <\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed que, cargado con mi talega, a la que le quedaban a\u00fan algunas rega\u00f1\u00e1s, comenc\u00e9 a deambular por las calles que el calor iba vaciando. Buscando la sombra llegu\u00e9 a unas callejuelas del barrio del Arenal. Y cuando me secaba el sudor de la frente, sent\u00ed como tiraban con fuerza de mi talega. Fue tal el tir\u00f3n que me dieron que ca\u00ed de espaldas y mis posaderas encontraron acomodo en un blando lecho de esti\u00e9rcol equino. Cuando pude reaccionar y levantarme de tal guisa, vi a un fulano correr con mi talega en la mano por las estrecheces del barrio. Grit\u00e9 y grit\u00e9 \u201c\u00a1al ladr\u00f3n!, \u00a1al ladr\u00f3n!\u201d, pero fue en vano y cuando ya ten\u00eda casi perdido el resuello y la esperanza, me ilumin\u00f3 una patri\u00f3tica idea: \u201c\u00a1al franc\u00e9s, al gabacho que escapa, al esp\u00eda franc\u00e9s, paisanos!\u201d Y a tal llamada, salieron de los recovecos m\u00e1s oscuros un paisanaje empatillado que pronto rode\u00f3 al ladr\u00f3n de mi talega. Corr\u00ed hasta donde lo ten\u00edan acogotado y con disposici\u00f3n de propinarle pu\u00f1etazos, patadas y hasta estacazos y dije campanudo a la bulla tronante: \u201cDejad paso, dejad paso a la Junta Suprema de Sevilla. Este hombre debe ser llevado a la autoridad competente, en esa bolsa lleva documentos muy importantes, de los cuales depende la suerte no de la guerra misma, sino de la propia Monarqu\u00eda y de la Santa Iglesia\u201d. <\/p>\n\n\n\n<p>La multitud ces\u00f3 en sus improperios y gritos, y algunos comenzaron a santiguarse. Y fue as\u00ed como saqu\u00e9 de una situaci\u00f3n mort\u00edfera de necesidad a un tipo, que al liberarlo de las manos, brazos y piernas que lo aprisionaban, dej\u00f3 ver en su cara\u00a0 las palabras \u201cmiedo y hambre\u201d, en orden indistinto. Haciendo creer a todos que, en m\u00ed, la autoridad de la Junta Suprema de Sevilla tomaba cuerpo, lo llev\u00e9 arrastrando por un brazo e increp\u00e1ndole lo saqu\u00e9 de la querella. Una vez a salvo, no par\u00f3 de agradecer, llegando a un nivel casi servil, pero que no escond\u00eda m\u00e1s que una guasa con la que parec\u00eda haber nacido, mi salv\u00edfica aparici\u00f3n, declarando su m\u00e1s profundo arrepentimiento de su delito que no era m\u00e1s que producto de un hambre canina. Al ver su gracejo adulador, abr\u00ed la talega y le d\u00ed un trozo de rega\u00f1\u00e1, a lo que me respondi\u00f3: \u201cMerci, Monsieur!\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Continuar\u00e1\u2026.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dejamos a nuestro esforzado y desafortunado personaje en la c\u00e1rcel de un pueblo sevillano, en espera de marchar a la guerra junto con otros reclutas. 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