{"id":5470,"date":"2026-04-30T17:24:11","date_gmt":"2026-04-30T15:24:11","guid":{"rendered":"https:\/\/www.iescristobaldemonroy.es\/periodico\/?p=5470"},"modified":"2026-05-07T17:28:03","modified_gmt":"2026-05-07T15:28:03","slug":"relatos-ganadores-del-xxxi-certamen-de-narracion-breve-medina-de-haro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.iescristobaldemonroy.es\/periodico\/relatos-ganadores-del-xxxi-certamen-de-narracion-breve-medina-de-haro\/","title":{"rendered":"Relatos ganadores del XXXI Certamen de narraci\u00f3n breve Medina de Haro"},"content":{"rendered":"\n<p>Publicamos a continuaci\u00f3n los textos ganadores en el Certamen de relatos del presente curso, para disfrut\u00e9is con su lectura. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-cyan-blue-color has-text-color has-link-color wp-elements-71352c1c09956882f2a405cbfcdb7e7c\"><strong>Primer Premio Modalidad A: Ariadna Garc\u00eda Pedregal \u00abEl valor de la verdad\u00bb.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Por&nbsp; fin lleg\u00f3 septiembre, pero no un septiembre cualquiera, este a\u00f1o era especial. Cayetana, una ni\u00f1a con una sonrisa preciosa, pelo rizado y un coraz\u00f3n gigante, comenzaba una nueva etapa en un centro de educaci\u00f3n secundaria. Este a\u00f1o estaba feliz pero muy nerviosa; todo ser\u00eda nuevo: amigos, maestros, clases\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Con el nuevo curso comenzaron los cambios: estudios, tareas y trabajos con los compa\u00f1eros. Todo iba bien, pero Cayetana era especial y los dem\u00e1s lo sab\u00edan. Ella iba en silla de ruedas y mientras los dem\u00e1s jugaban o corr\u00edan en las clases de Educaci\u00f3n F\u00edsica o en el patio, ella lo observaba todo desde una altura diferente a la del resto de compa\u00f1eros. A veces su tutora Berta, que era una profesora muy dulce, la ayudaba cuando aparec\u00edan obst\u00e1culos por el camino para evitar que se cayera, pero esto no era bien visto por sus compa\u00f1eros Marcos, Mateo, Lucas, Javier y Ana, que no pensaban en los dolores de Cayetana ni en lo dif\u00edcil de su vida y la de sus padres, sino en los \u201cprivilegios\u201d que cre\u00edan que ten\u00eda por no hacer educaci\u00f3n f\u00edsica, estar con la maestra o que le contasen cuentos a solas.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa envidia poco a poco empez\u00f3 a crecer y estos \u201camigos\u201d comenzaron a burlarse de ella, dici\u00e9ndole \u201cla preferida\u201d. Ella no se enfadaba, solo sonre\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda, en el recreo, los ni\u00f1os idearon un plan para recibir las mismas atenciones que Cayetana. Decidieron contarle a la maestra que les hab\u00edan detectado una enfermedad rara&nbsp; que&nbsp; no ten\u00eda cura. Uno a uno fueron a la maestra contando la misma historia y Berta, que &nbsp;ten\u00eda buen coraz\u00f3n y era una mujer sensible los crey\u00f3. Se asust\u00f3 mucho y pens\u00f3 que&nbsp; Cayetana ya llevaba muchos a\u00f1os recibiendo ayuda y que era hora de ayudar a otros que&nbsp; tambi\u00e9n lo necesitaban, as\u00ed que decidi\u00f3 que las clases de rehabilitaci\u00f3n que recib\u00eda&nbsp; Cayetana pasaran ahora a sus nuevos alumnos \u201cenfermos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La familia de Cayetana era tan pobre que sin esta ayuda se vieron perdidos, ya que ellos no se lo pod\u00edan permitir por su cuenta. Cayetana entristeci\u00f3 y sufr\u00eda cada d\u00eda al ver a sus amigos salir de clase a las salas de juegos, al cuentacuentos o a jugar con plastilina en sesiones que no necesitaban, porque para ella esas clases eran la \u00fanica esperanza de que sus piernas y su cuerpo se recuperasen. No entend\u00eda por qu\u00e9 ya no hab\u00eda sitio para ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Poco a poco los dem\u00e1s ni\u00f1os empezaron a aburrirse, porque se perd\u00edan juegos, partidos y carreras, y se dieron cuenta de que estar all\u00ed era un trabajo duro y no un privilegio.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo esto les hizo arrepentirse y m\u00e1s a\u00fan cuando vieron que Cayetana cada vez estaba m\u00e1s d\u00e9bil, as\u00ed que decidieron confesarle a Berta la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Maestra Berta\u2014dijo Ana muy triste y avergonzada\u2014, mi enfermedad se ha curado de repente. Ya no necesito las clases.<\/p>\n\n\n\n<p>Los dem\u00e1s se unieron a ella y dijeron lo mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>A Berta le result\u00f3 muy extra\u00f1o y llam\u00f3 a los padres de estos alumnos para informarse y estos le dijeron que todo eso era una mentira.<\/p>\n\n\n\n<p>Con l\u00e1grimas en los ojos, Berta corri\u00f3 a la casa de Cayetana a pedir perd\u00f3n a la familia. Era una casa peque\u00f1a y humilde, y all\u00ed se encontr\u00f3 lo que nunca habr\u00eda imaginado: un dolor&nbsp; demasiado grande e incurable. El cuerpo de Cayetana se hab\u00eda debilitado por no recibir tratamiento y por la tristeza de sentirse abandonada, por lo que la enfermedad hab\u00eda ganado la batalla<\/p>\n\n\n\n<p>Marcos, Mateo, Lucas, Javier y Ana lloraron hasta que no les quedaron l\u00e1grimas, recordando como siempre Cayetana, a pesar de todo, les sonre\u00eda con dulzura.<\/p>\n\n\n\n<p>Berta, la maestra, decidi\u00f3 poner en el patio un \u201cbanco de la amistad\u201d en honor a Cayetana, para aquellos ni\u00f1os que se sintieran tristes y abandonados por cualquier motivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los ni\u00f1os aprendieron la lecci\u00f3n m\u00e1s importante de sus vidas: tener una discapacidad es algo que no se debe envidiar, sino respetar y apoyar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-cyan-blue-color has-text-color has-link-color wp-elements-52e73c66b7d4ab54886281750fca7614\"><strong>Segundo Premio Modalidad A: \u00c1ngela Zambrana Pozo \u00abEl circo de las sombras\u00bb<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>A\u00f1o 1947, en alg\u00fan lugar de Inglaterra\u2026&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>He perdido la cuenta de los d\u00edas que llevo aqu\u00ed encerrada. D\u00edas y noches durmiendo en este mugroso colch\u00f3n, esperando nuevas \u00f3rdenes. En el circo es \u00e9l el que manda, una vez que entras no puedes salir. Ya me avisaron los dem\u00e1s el d\u00eda en que firm\u00e9 aquel contrato que nunca volv\u00ed a ver\u2026&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cOlivia Gris se compromete a permanecer de forma interna en el Circo de las Sombras\u201d. L\u00e1stima no alcanzar a leer la letra peque\u00f1a.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Un par de semanas antes de suceder toda esta tragedia, mi hermano mayor Bastian fue recluido en la c\u00e1rcel de forma totalmente injusta. Mi madre deseaba marcharse de casa desde el d\u00eda en que nac\u00ed, as\u00ed que aquel d\u00eda opt\u00f3 por dejar el alquiler a medias, hacer las maletas y rehacer su vida. Rehacer su vida sin m\u00ed, por supuesto. Para mis padres siempre he sido una especie de bicho raro, algo as\u00ed como la oveja negra de la familia Gris. He de decir que el d\u00eda en que mi padre, del que nunca volvimos a saber nada, decidi\u00f3 montarse en un barco y navegar por el Atl\u00e1ntico cuando apenas ten\u00eda diez a\u00f1os, no me sorprend\u00ed demasiado.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Siempre he sido consciente de que mi familia era peculiar, muy diferente a todas las dem\u00e1s, pero nunca hasta el punto de abandonar a su hija peque\u00f1a. Nac\u00ed con un problema en las rodillas, algo que me permitir\u00eda ser gimnasta de \u00e9lite si no me dificultara el caminar. Jam\u00e1s he podido andar bien, y mucho menos correr o saltar, es algo que siempre he envidiado del resto de personas. Por este motivo, mis padres siempre han pensado que no soy lo suficientemente buena como para valerme por m\u00ed misma. Cuando era peque\u00f1a, sol\u00edan ignorarme o simplemente no prestarme atenci\u00f3n, y delegaban sus tareas como padres en mi hermano mayor Bastian. Tampoco me sorprendi\u00f3 que mi madre eligiera el d\u00eda de mi decimoctavo cumplea\u00f1os para marcharse. Incluso se las ingeni\u00f3 para meter a mi hermano completamente inocente entre rejas. El c\u00f3mo chantaje\u00f3 y amenaz\u00f3 a Mark, nuestro vecino abogado, para lograrlo, es algo que desconozco y de lo que prefiero no saber detalles.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Estas historias familiares, si pueden considerarse as\u00ed, hacen que recuerde que de no ser por el circo, estar\u00eda ahora mismo viviendo en la calle. Tal vez no sea tan malo, pues al menos cuento con un techo y un colch\u00f3n, pero la \u00fanica persona que me quiere est\u00e1 entre rejas, y yo, incapaz de dar diez pasos seguidos, me encuentro atrapada en el <em>Circo de las Sombras, <\/em>vigilada siempre por <em>\u00c9l. <\/em>Quiz\u00e1s s\u00ed que sea malo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Anoche, despu\u00e9s de los entrenamientos, ca\u00ed rendida. Aqu\u00ed ni siquiera podemos cambiarnos de ropa, y mucho menos comer m\u00e1s de dos veces al d\u00eda. Claro que para el p\u00fablico somos el gran e id\u00edlico <em>Circo de las Sombras<\/em>, pero una vez que se cierra el tel\u00f3n, volvemos a la realidad, nuestra cruda y triste realidad. El circo se compone de varios integrantes: Cameron, el chico que maneja el fuego, Anna, Helen y Ginny, las trapecistas, Andy y Mandy, los payasos, y Gela y yo, las contorsionistas. A todos nos dirige <em>el Director<\/em>, por supuesto. Gela y yo fuimos las \u00faltimas en unirnos al grupo, y despu\u00e9s de tantos d\u00edas juntas, nos convertimos en \u00edntimas amigas. Su vida antes de unirse al circo era muy distinta a la m\u00eda. Ella s\u00ed que podr\u00eda ser gimnasta, ya que sus deformidades en las extremidades siempre fueron una ventaja y, si sus principales problemas no estuviesen relacionados con la escasez de dinero, ya habr\u00eda ganado varias medallas. Vagaba en busca de una vida mejor y por ello decidi\u00f3 unirse al circo. Algo similar sucedi\u00f3 conmigo, solo que yo tan solo buscaba huir de mi hogar. Era consciente de que en cuanto mi madre tuviese la oportunidad, se escapar\u00eda y har\u00eda algo a mi hermano para que no me pudiese cuidar, pero nunca pens\u00e9 que pudiese llegar hasta este extremo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Jam\u00e1s olvidar\u00e9 aquel d\u00eda. Para muchas otras ni\u00f1as, cumplir los dieciocho fue motivo de fiestas y regalos, pero el \u00fanico regalo que recib\u00ed yo fue no volver a ver a la \u00fanica persona que me quer\u00eda. Ah, y un contrato que termin\u00f3 en secuestro. Qu\u00e9 ir\u00f3nico, \u00bfcierto?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed, cada d\u00eda es un calco del anterior. Todos nos levantamos a las seis y media de la ma\u00f1ana, nos alimentamos con un vaso de leche y dos galletas y comenzamos a entrenar. Cada uno hace los dolorosos y crueles ejercicios que dicta <em>el Director, y <\/em>despu\u00e9s de pasar tant\u00edsimas horas entrenando, nos toca almorzar. Todos los d\u00edas igual, almorzamos y cenamos un terrible pur\u00e9 de patatas, acompa\u00f1ado de una manzana de postre. Durante la tarde, tenemos las funciones del circo. Eso es todo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>D\u00eda tras d\u00eda, noche tras noche. Pens\u00e1ndolo bien, quiz\u00e1s traten mejor a mi hermano en la c\u00e1rcel.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211;<em>\u00a1Socorro! \u00a1Que alguien me ayude<\/em>!- Sollozaba el d\u00eda en que el <em>Director <\/em>me encerr\u00f3 en este lugar. A menudo suelo revivir en sue\u00f1os aquel fat\u00eddico momento que lo desencaden\u00f3 todo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Todo sucedi\u00f3 un dos de abril, el d\u00eda en que mi madre se march\u00f3 sin dejar ni una m\u00edsera nota para sus hijos. No s\u00e9 por qu\u00e9 me sorprend\u00ed, mi padre hizo lo mismo hace a\u00f1os, pero supongo que las pocas esperanzas que guardaba se desvanecieron cuando aquel d\u00eda despert\u00e9 y no encontr\u00e9 a Bastian sentado en la cocina tom\u00e1ndose el desayuno. Adem\u00e1s, cumplir los dieciocho era algo que le facilitaba a mi madre sus planes de abandono.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pas\u00e9 varios d\u00edas sumida en mi tristeza. <em>\u00a1Echaba tanto de menos a mi hermano! <\/em>Precisamente fue cuando me encontraba en mitad de un ataque de p\u00e1nico, que se me ocurri\u00f3 la idea de que quiz\u00e1s Bastian hab\u00eda enviado alguna carta para m\u00ed desde donde fuera que estuviese. Esperanzada, sal\u00ed al modesto jard\u00edn que ten\u00edamos, abr\u00ed el buz\u00f3n y me di cuenta de que estaba en lo cierto. Con cuidado, tom\u00e9 la carta y regres\u00e9 a casa con ayuda de mis muletas. La le\u00ed detenidamente. Se notaba que la hab\u00eda escrito r\u00e1pido, pues no daba demasiados detalles y estaba redactada sin mostrar emoci\u00f3n alguna, pero fue suficiente para saber a qu\u00e9 situaci\u00f3n nos enfrent\u00e1bamos. En ella me contaba toda la verdad sobre las perversas intenciones de mi madre, pero tambi\u00e9n dejaba claro que \u00e9l iba a hacer todo lo que pudiera por salir de la c\u00e1rcel y ayudar a su hermana, costara lo que costara. Abrumada, decid\u00ed salir a tomar el aire, con ayuda de mis muletas, por supuesto, y vi anunciado en la cristalera de una florister\u00eda el causante de todo esto. Aquel dichoso anuncio que dec\u00eda: <em>Circo de las Sombras. Se busca contorsionista mayor de edad dispuesto a trabajar interno en la carpa.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Sin dudarlo, camin\u00e9 m\u00e1s de lo que mis piernas permit\u00edan en direcci\u00f3n al circo. No era algo que me apeteciera hacer, pero en ese momento ten\u00eda claro que era mejor que vivir en una casa sin dinero ni comida algunos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A veces me pregunto qu\u00e9 habr\u00eda pasado si todo hubiera sido diferente, si jam\u00e1s hubiese visto aquel cartel. Quiz\u00e1s habr\u00eda regresado a casa sumida en mi tristeza, o&nbsp;quiz\u00e1s habr\u00eda conseguido sacar mi vida adelante. Supongo que son preguntas de las que jam\u00e1s conocer\u00e9 la respuesta.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Tras caminar un largo rato, un hombre viejo, con nariz aguile\u00f1a y aspecto de ogro malvado se asom\u00f3 tras un mostrador. Me detuve a examinarlo. Vest\u00eda una chaqueta a rayas, a juego con un sombrero azul. Ten\u00eda el pelo canoso, y parec\u00eda que no se hubiese peinado en a\u00f1os. Conforme me fui acercando, me di cuenta de que el jab\u00f3n era tambi\u00e9n un elemento que ese hombre desconoc\u00eda, y ni siquiera llevaba zapatos, pues uno de los dedos del pie se asomaba por el hueco de su calcet\u00edn.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La decisi\u00f3n de marcharme y hacer como si nada hubiese ocurrido era muy tentadora, pero antes de darme tiempo a girar las muletas, aquel hombre ya se hab\u00eda presentado como <em>el Director <\/em>y hab\u00eda comenzado a acribillarme a preguntas. Unas preguntas que no resultaron muy agradables, por cierto.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Todo fue muy r\u00e1pido. Me tendi\u00f3 un papel que parec\u00eda tener m\u00e1s a\u00f1os que el propio hombre, y lo le\u00ed y firm\u00e9. Una sonrisa maliciosa se dejaba ver en su rostro lleno de arrugas. Me equivocaba al pensar que esto ser\u00eda un circo normal y corriente. En menos de un minuto, ya me hab\u00eda arrebatado las muletas y llevado a rastras hasta una min\u00fascula habitaci\u00f3n, en la que los muebles principales eran un colch\u00f3n y cuatro paredes. Aquella noche llor\u00e9 y patale\u00e9 como una ni\u00f1a peque\u00f1a. La vida es as\u00ed de cruel. No ofrece ni un suspiro a los que sufrimos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Tard\u00e9 mucho tiempo en habituarme al circo, pero quiz\u00e1s, como crec\u00ed acostumbrada a que nadie me prestara atenci\u00f3n, incluso llegu\u00e9 al punto de sentirme agradecida de tener, por muy miserables que resultasen, techo y alimento.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es la historia de lo que ocurri\u00f3 aquel d\u00eda, y lo que hizo que tomara la decisi\u00f3n de unirme a este inquietante lugar. Todas las noches me consolaba pensando que esto tan solo era algo temporal, que alg\u00fan d\u00eda se me ocurrir\u00eda algo para que mis compa\u00f1eros y yo logr\u00e1ramos escapar, pero con el paso de los d\u00edas fui aceptando la idea de que quiz\u00e1s el circo iba a ser el lugar en el que iba a pasar el resto de mi vida.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>No estoy segura de si fue por culpa de los malos tratos que sol\u00eda recibir, por la mohosa comida o por el putrefacto lugar en el que dorm\u00eda, pero conforme pasaban los d\u00edas me iba encontrando m\u00e1s d\u00e9bil y mis piernas se sent\u00edan m\u00e1s doloridas de lo normal. Intent\u00e9 ocultarlo para no parecer fr\u00e1gil, pero Gela, con quien&nbsp;hab\u00eda entablado una triste pero bonita amistad, se dio cuenta de ello. Esa misma ma\u00f1ana, mientras entren\u00e1bamos, aprovech\u00f3 una de las pocas colchonetas que hab\u00eda por all\u00ed para hacerse un peque\u00f1o corte con el pl\u00e1stico. Pas\u00f3 su dedo por mi brazo y, cuando estuvo segura de que nadie m\u00e1s se hab\u00eda percatado de sus movimientos, comenz\u00f3 a gritar:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211;<em>\u00a1Director, Olivia y yo nos hemos cortado con este pl\u00e1stico!<\/em>&#8211; Gela sollozaba, poniendo en pr\u00e1ctica sus dotes dram\u00e1ticos. Me dio un codazo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211;<em>\u00a1Ay!<\/em>&#8211; Grit\u00e9 yo. <em>El Director <\/em>solt\u00f3 un gru\u00f1ido que indicaba que si tanto nos dol\u00eda, deb\u00edamos ir corriendo hasta el lavabo para aplicarle al menos agua a la \u201csupuesta herida\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Comenzamos a correr (o a intentar dar varios pasos seguidos sin caernos) en direcci\u00f3n al lavabo, cuando Gela tir\u00f3 de mi brazo. Ajena al plan que hab\u00eda desarrollado ella en su cabeza, acept\u00e9 un desv\u00edo en el camino cuando llegamos al ba\u00f1o. En un escueto intercambio de miradas repletas de terror, entramos en el despacho del <em>Director. <\/em>En esa sala se encontraba el armario que custodiaba los \u00fanicos bol\u00edgrafos de todo el circo. Tom\u00e9 una hoja de papel y un bol\u00edgrafo de color azul, y comenz\u00e9 a escribir mientras Gela buscaba los sobres. En aquella carta le contaba mi situaci\u00f3n actual a Bastian, y tambi\u00e9n rogaba ayuda. R\u00e1pidamente, escrib\u00ed su direcci\u00f3n, y Gela estaba a punto de meterla en un sobre cuando o\u00edmos una voz.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211;<em>\u00bfQui\u00e9n anda ah\u00ed?<\/em>-Pregunt\u00f3 nuestro superior. Asustadas, nos escondimos debajo de la mesa. Ese hombre era tan est\u00fapido que ni siquiera se dio cuenta de nuestra presencia. Escuchamos sus pasos retrocediendo hasta llegar al centro de la carpa y fue entonces cuando nos atrevimos a salir. Introdujimos la carta en el sobre y la depositamos en la caja de cartas para enviar del <em>Director. <\/em>De esta forma, cuando el cartero se pasara por la oficina del circo, mi carta se camuflar\u00eda entre las del <em>Director <\/em>y, con un poco de suerte, llegar\u00eda hasta la c\u00e1rcel.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Los d\u00edas siguieron pasando, y cada vez mi cuerpo se sent\u00eda peor. Ni siquiera yo misma era capaz de asimilar el esfuerzo que hac\u00eda cada tarde por salir al escenario y no derrumbarme en mitad de una pirueta. Intentaba hacerme creer que alg\u00fan d\u00eda conseguir\u00eda escapar de este lugar, pero mis esperanzas iban disminuyendo cada vez m\u00e1s. Dudaba que mi hermano hubiese recibido la carta.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Sufr\u00ed incontables castigos y, por supuesto, soport\u00e9 todo tipo de humillaciones en el circo. Todos y cada uno de nosotros hab\u00edamos perdido ya cualquier tipo de esperanza e ilusi\u00f3n cuando, un s\u00e1bado, en una funci\u00f3n en la que me notaba especialmente alica\u00edda, una ni\u00f1a peque\u00f1a con trenzas rubias grit\u00f3 desde su asiento: -\u00a1<em>Mira mam\u00e1, fuego!-<\/em>y comenz\u00f3 a re\u00edrse.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La madre inmediatamente busc\u00f3 el fuego con la mirada y comenz\u00f3 a chillar hist\u00e9rica:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211;<em>\u00a1Fuego! \u00a1Fuego! \u00a1Fuego! \u00a1Que alguien me saque de aqu\u00ed!<\/em>&#8211;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Acto seguido, todos los dem\u00e1s presentes se unieron a los sollozos. Unos lloraban por miedo mientras abrazaban a sus familiares, otros gritaban mientras corr\u00edan despavoridos. Desde bambalinas, pod\u00eda ver el rostro desencajado del <em>Director. <\/em>Hicimos un corto pero intenso intercambio de miradas entre todos los integrantes del circo, y comenzamos a correr (unos m\u00e1s r\u00e1pido que otros) hacia la carpa central, donde se encontraba la salida. Gela me ayudaba a caminar erguida. Una vez que salimos al escenario, pudimos contemplar c\u00f3mo cada persona del p\u00fablico era presa del p\u00e1nico.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Inspeccion\u00e9 cada asiento mientras busc\u00e1bamos una manera de no morir en el incendio, cuando me percat\u00e9 de algo: Entre el p\u00fablico, sentado en una esquina, se encontraba la \u00fanica persona que no gritaba. Ni siquiera parec\u00eda asustada. &#8211;<em>\u00a1Bastian!<\/em>&#8211; Grit\u00e9, una vez que lo reconoc\u00ed. Avis\u00e9 mediante un grito a todos mis compa\u00f1eros, pues merec\u00edan escapar tanto como yo. Se\u00f1al\u00e9 a mi hermano, quien me esperaba con los brazos abiertos. Una vez reunidos, nos condujo a Cameron, Anna, Helen, Ginny, Andy, Mandy, Gela y a m\u00ed hacia un hueco que \u00e9l mismo hab\u00eda hecho en la carpa. Eso confirm\u00f3 mis sospechas, mi hermano mayor se encontraba detr\u00e1s de todo esto, pero en ese momento nada era m\u00e1s importante que escapar de aquel horrible lugar. Sal\u00ed caminando con ayuda de mi hermano, y una vez a salvo en el descampado que rodeaba la carpa, vimos c\u00f3mo las personas escapaban repletas de pavor, algunas con peque\u00f1as quemaduras. Tambi\u00e9n vimos a los bomberos llegar al lugar, seguidos de una ambulancia para socorrer a los heridos. Pero, mientras todos jadeaban debido al esfuerzo, me di cuenta de que <em>el Director <\/em>no formaba parte de las personas que se encontraban fuera de la carpa. Un escalofr\u00edo recorri\u00f3 mi cuerpo. No pod\u00eda ser cierto. \u00c9l no\u2026&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Tras un r\u00e1pido reconocimiento, los bomberos nos comunicaron que todos los presentes hab\u00edamos sobrevivido al incendio, a algunos les hab\u00eda costado el precio de alguna quemadura, pero lo primordial era que hab\u00eda una persona a la que hab\u00edan encontrado tendida en el suelo, inconsciente. Nos acercamos a la zona de ambulancias y\u2026confirm\u00e9 mis sospechas. Lo contemplamos con furia, melancol\u00eda y puede que por culpa de mi empat\u00eda llegara a sentir algo de pena, pero tras echar un vistazo a lo que quedaba del circo y revivir con la mirada todos y cada uno de los d\u00edas que hab\u00eda pasado encerrada, las \u00fanicas emociones que pod\u00eda percibir en m\u00ed eran rabia e impotencia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Por fin se hab\u00eda hecho realidad! <em>El Circo de las Sombras <\/em>hab\u00eda pasado a ser tan solo eso, una l\u00fagubre y macabra sombra, pues la carpa se hab\u00eda quemado y todo en su interior tambi\u00e9n. Pero\u2026los recuerdos de nuestra estancia aqu\u00ed jam\u00e1s iban a ser borrados. El mundo los iba a escuchar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron los minutos, y fuimos comentando lo que hab\u00eda ocurrido, pero no fue hasta que Gela se atrevi\u00f3 a decirlo en voz alta, cuando fuimos conscientes de lo que realmente hab\u00eda pasado. Era verdad, las probabilidades de que <em>el Director <\/em>sobreviviera eran extremadamente bajas, por no decir nulas, y la carpa y todo lo que resid\u00eda en su interior se hab\u00eda quemado. Solo qued\u00e1bamos nosotros, incr\u00e9dulos ante esta realidad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La pesadilla que nos hab\u00eda estado atormentando durante tant\u00edsimo tiempo por fin hab\u00eda acabado. Y todo gracias a la ayuda de Bastian.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Estoy impaciente por saber c\u00f3mo mi hermano se las ha ingeniado para escapar de la c\u00e1rcel, llegar hasta aqu\u00ed y prenderle fuego a la carpa. Aunque, si soy sincera, ahora mismo no me interesa saber nada de eso. Tan solo quiero hundirme en sus brazos, esos que tanto he a\u00f1orado este tiempo.&nbsp;Hemos sobrevivido a los maltratos del siniestro <em>Circo de las Sombras <\/em>y, parece que por fin, la vida va a ofrecerme una tregua. <em>Ojal\u00e1 est\u00e9 en lo cierto.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-cyan-blue-color has-text-color has-link-color wp-elements-a4e96b81d6dffb2c6b9c5e59bbf85a28\"><strong>Primer Premio Modalidad B: Elena Rold\u00e1n Rodr\u00edguez, <em>La enana marr\u00f3n.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Desde que tengo memoria me ha fascinado el cielo nocturno. Me quedaba horas mirando por la ventana, sin importar la hora o el fr\u00edo que se colaba por las desvencijadas rendijas que alg\u00fan d\u00eda se pusieron para evitar accidentes. Siempre pensaba en la inmensidad del universo, lleno de miles de trillones de estrellas, cada una con su propio brillo. Hay grandes estrellas, como Alpha Centauri, que arden con tanta fuerza que todos las vemos y su campo gravitacional es tan grande que atraen a todos hacia ellas. Hay estrellas azules, que son preciosas, estrellas gigantes y much\u00edsimas m\u00e1s, todos somos nuestra propia estrella. Me gustaba pensar, que igual que ellas, todos venimos de un mismo sitio, del polvo, y que cuando nos vamos volvemos a \u00e9l. Me reconfortaba imaginar que, aunque algunas luces parecieran d\u00e9biles o invisibles, ten\u00edan un sitio, un lugar en el universo. Que incluso lo que estaba apagado o a punto de apagarse pod\u00eda sostener sistemas enteros sin que nadie lo notara.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Me dec\u00eda a m\u00ed misma que el universo no entend\u00eda de reconocimientos o grupos, solo exist\u00eda, y eso para m\u00ed era suficiente.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero en el instituto todo era diferente.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed las luces brillaban sin descanso, y yo era un poco lo contrario, una simple enana marr\u00f3n. Tenue. Casi invisible. Siempre al borde de pasar desapercibida. Caminaba por los pasillos pegada a las paredes, intentando no chocar con nadie, observando c\u00f3mo los grupos se mov\u00edan en \u00f3rbitas cerradas, alejados de m\u00ed, como si no tuviese masa ni existiera, como si fuese un planeta sin luna, una estrella sin su combustible o una simple chica que disfrutaba con sus inexistentes amigos, amigos imaginarios que sal\u00edan de sus relatos favoritos, y que aunque supiera que no eran reales, la salvaban cada d\u00eda de sus oscuros pensamientos que la invitaban a dejar de luchar, a rendirse por fin.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Cada risa que estallaba cerca era como una explosi\u00f3n lejana, no iba dirigida a m\u00ed, pero dol\u00eda igual. Yo siempre fui esa, solo me reconoc\u00edan por ser amiga de alguien, era la \u00faltima que escog\u00edan en educaci\u00f3n f\u00edsica, aquella que si \u00edbamos tres y la acera se estrechaba siempre iba detr\u00e1s, esa amiga con la que si te encari\u00f1abas te trataba como si fueses lo mejor que le hab\u00eda pasado en la vida, pero por dentro siempre se sinti\u00f3 una mierda, sola, una estrella fugitiva, que hab\u00eda sido expulsada lejos cuando se formaba una supernova, si alguien que no estaba en su c\u00edrculo se le acercaba, era un milagro, claro est\u00e1 que ella solo hablaba en su casa con su familia, por eso hablaba tanto con ellos, porque en el instituto nunca hablaba, solo escuchaba, cuando sus amigas contaban secretos no se inclu\u00eda, no la inclu\u00edan, y lo peor es que se sent\u00eda fatal, ella era el problema, todo era su culpa, y no entend\u00eda c\u00f3mo puedes estar rodeada de gente y sentirte tan sola.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca fui la \u00faltima elegida por casualidad. Era la \u00faltima porque nadie me ve\u00eda. La que nadie inclu\u00eda en los trabajos en grupo. La que sobraba en las fotos. Aprend\u00ed a no levantar la mano, a no opinar, a no ocupar espacio. Aprend\u00ed a agradecer cualquier palabra que se dirigiera a m\u00ed, incluso si era por error o compasi\u00f3n. En los recreos me sentaba en las escaleras m\u00e1s ocultas y lejanas del patio, con la mochila sobre las rodillas, fingiendo leer mientras dibujaba constelaciones inventadas, trazando estrellas inventadas que solo yo miraba. Simplemente no encajaba, no hab\u00eda personas que se llevasen conmigo, estaba sola.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Antes ten\u00eda amigas, un grupo grande dir\u00eda yo, pero de un d\u00eda para otro dejaron de hablarme, me exclu\u00edan y poco a poco me fui consumiendo en mi propia pena, ya no me llamaban, no me invitaban, y poco a poco me dejaron hasta de mirar. Yo sab\u00eda que era rara, pero me aferraba a la idea de que todos somos as\u00ed a nuestra manera, aun as\u00ed mis recuerdos con ellas se pasaron como una noche de invierno en pleno curso de instituto, r\u00e1pidos y fr\u00edos, y poco a poco solo yo misma me pod\u00eda salvar, yo era la cura del virus que hab\u00eda creado, de lo que era, as\u00ed que desaparec\u00ed.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Estaba mejor sola que excluida, y poco a poco los personajes de mi cabeza se hicieron m\u00e1s reales, aunque sab\u00eda que no lo eran. Ve\u00eda constelaciones hablarme, a Ori\u00f3n d\u00e1ndome fuerza, a C\u00e1stor y a P\u00f3lux, y por supuesto a mi estrella favorita, Rigel, que me acompa\u00f1aba a donde iba con la constelaci\u00f3n de Ori\u00f3n. Ellos me salvaban y as\u00ed me aguantaba todos los d\u00edas, pero los problemas pasan como un tsunami, cuando crees que retrocede y est\u00e1s a salvo es cuando viene la verdadera ola, y no puedes hacer nada para evitarlo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>De un d\u00eda para otro la gente empez\u00f3 de no mirarme a mirarme como si acabase de matar a una persona y me la hubiese tragado enterita.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>-Miradla, siempre sola -dec\u00edan entre risas, despreocupados por mi opini\u00f3n- Es como si no existiera.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Yo bajaba la cabeza, apretaba los libros contra las rodillas, cerrando fuertemente los pu\u00f1os y repet\u00eda mi mantra: las enanas marrones tambi\u00e9n existen, no son errores, influyen a la gravedad y sostienen, aunque nadie las note.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Me refugiaba en libros de astronom\u00eda, en historias de personajes secundarios, y aprend\u00ed a estar sin quererlo, a soportar el peso del universo en silencio y eso me ayudaba a respirar. Me recordaba que por lo menos exist\u00eda y me levantabas cada d\u00eda, y eso ya era algo de una verdadera persona valiente, porque a veces es tan simple como eso, a veces el valiente no es el que lucha contra un le\u00f3n, se enfrenta a los profesores o protege a la damisela, a veces la verdadera valent\u00eda es estar para el que lo necesite, aunque no consigas nada, aunque todo est\u00e9 perdido, sigues, y eso es ser valiente tambi\u00e9n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron los meses sin dragones ni caballeros, solo una chica que esperaba. No hubo ning\u00fan momento heroico, solo cansancio acumulado, como una estrella que se iba enfriando poco a poco sin que nadie lo notase.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Cada d\u00eda era lo mismo, andar, esquivar, callar, aguantar y repetir. Sobreviv\u00eda en los m\u00e1rgenes como un personaje que iba a ser protagonista, pero alguien se present\u00f3 antes y mejor.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta aquel lluvioso d\u00eda de viernes.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Los viernes la gente siempre quedaba, sal\u00eda por las tardes, pero hoy no, hoy llov\u00eda, y mucho, pero la verdad es que lo prefer\u00eda, lo sent\u00eda como una venganza.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Quiero que llueva, que se inunden las calles como las l\u00e1grimas que suelto al d\u00eda inundan mis ojos, que no pare de llover hasta que se caigan las estrellas del cielo, y si eso es posible montarme en una para escapar, escapar de mi vida de una vez por todas, para poder seguir hacia adelante y subir, subir y subir, que llegue tan alto que el ox\u00edgeno disminuya cada vez m\u00e1s r\u00e1pido y que por fin la estrella caiga como un meteorito, yo encima, cayendo como mi \u00e1nimo cuando descubr\u00ed lo sola que estaba, que todo lo que hab\u00eda aprendido y todos los personajes que hab\u00eda creado eran fruto de mi imaginaci\u00f3n, que era mi subconsciente que, siendo m\u00e1s fuerte de lo que cre\u00eda me animaba resistir cada d\u00eda a lo que ser\u00eda una muerte segura.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Quiero que llueva y que se arruine el viernes de todos, que sea peor pesadilla que todos los d\u00edas de mi vida y que sepan que duele, aunque solo sea lluvia es mi lluvia, es el universo que me manda una se\u00f1al de que tan mal no lo hago, de que resista, de que el agua es un ciclo sin fin que siempre va cambiando, y que tengo que aguantar la condensaci\u00f3n porque ya caer\u00e9 como el agua de esta precipitaci\u00f3n bendita que hace que salgan mis mejores pensamientos, porque en la lluvia nado, pero en ellos me ahogo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda llegado al l\u00edmite, todos tenemos uno, pero yo hab\u00eda aguantado m\u00e1s que nadie, y no pod\u00eda m\u00e1s.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Esa tarde fui a comprar telas, me encantaba crearme mis pa\u00f1uelos, en ellos cos\u00eda constelaciones, y me los llevaba a todas partes porque me recordaban al universo, mi casa, mi hogar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El cielo estaba gris, espeso, parec\u00eda haber olvidado c\u00f3mo ser cielo. Caminaba tranquilamente con los auriculares puestos, escuchando melod\u00edas que hac\u00edan parecer que no todo estaba perdido. Con la mirada fija en las grietas de la acera, pensando otra vez que quiz\u00e1s era real que no serv\u00eda para nada. Que mi vida era tan invisible que nadie notar\u00eda si desaparec\u00eda por un momento.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La calle estaba llena, pero yo me segu\u00eda sintiendo completamente sola. Es curioso c\u00f3mo puedes estar rodeada de gente sabiendo que no perteneces a ning\u00fan lugar. Ve\u00eda grupos de amigos ri\u00e9ndose, parejas cogidas de la mano, madres rega\u00f1ando a sus hijos con miradas perdidas y sonrisas cansadas. Todos ten\u00edan a alguien. Todos menos yo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Volv\u00ed a pensar que el problema era m\u00edo. Tal vez yo estaba rota de una manera que los dem\u00e1s ve\u00edan. Tal vez algo en mi cara advert\u00eda que nadie se acercase. Me mir\u00e9 en el reflejo de un escaparate y no vi nada en especial, solo una chica cualquiera con ojeras, el pelo mal peinado y una tristeza que no se borraba ni durmiendo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Caminaba despacio, arrastrando los pies. No ten\u00eda prisa en llegar, total, nadie me llamar\u00eda para hacer otra cosa que coser mis pa\u00f1uelos. El sem\u00e1foro de la calle principal de puso en rojo y me detuve con la mirada perdida en las numerosas hojas que ca\u00edan en<\/p>\n\n\n\n<p>esa triste tarde de oto\u00f1o. Pensando que, si permanec\u00eda as\u00ed para siempre, el mundo seguir\u00eda su perverso camino.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces lo escuch\u00e9.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Un fuerte ruido, un pitido de coche que cort\u00f3 el aire y un estrepitoso grito agudo que recorri\u00f3 la calle dej\u00e1ndome un escalofr\u00edo. Levant\u00e9 la cabeza sin saber que ser\u00eda, asustada, y lo vi todo al mismo tiempo, un coche acerc\u00e1ndose demasiado r\u00e1pido, el sem\u00e1foro todav\u00eda en rojo, y el ni\u00f1o.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Era peque\u00f1o, con ojos verdes aceituna y unas mejillas rojas redondas, con una mochila enorme que casi lo tiraba hacia atr\u00e1s. Estaba en medio de la calle, congelado, mirando la pelota roja que se le hab\u00eda escapado de las manos. Ten\u00eda los ojos muy abiertos, llenos de miedo, y la boca entreabierta, como si quisiera llamar a alguien y no pudiera. Me record\u00f3 a m\u00ed de cierto modo, la misma mirada so\u00f1adora, era un mini yo, de cuando era feliz.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Mir\u00e9 alrededor esperando a que alguien reaccionara, porque eso hacemos los humanos, esperamos a que venga el h\u00e9roe a salvar a la persona en apuros, y nunca nos planteamos que levantarse todos los d\u00edas es tambi\u00e9n de h\u00e9roes, que hablar a alguien que est\u00e1 solo es de h\u00e9roes, ofrecer un paraguas a alguien cuando llueve, aunque la mitad de tu ser se moje o est\u00e9 inc\u00f3modo, o simplemente reaccionar, eso es un verdadero h\u00e9roe.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Esper\u00e9 a que alg\u00fan adulto corriera, que alguien gritara, que el universo hiciera algo. Pero nadie se mov\u00eda. Todo parec\u00eda ir demasiado lento y demasiado r\u00e1pido a la vez.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Jur\u00e9 por las estrellas del universo que no me dejar\u00eda llevar, pero a veces tu subconsciente toma el mando, y ser l\u00f3gico o coherente queda atr\u00e1s.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>No pens\u00e9 en nada m\u00e1s.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ni en m\u00ed.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ni en el coche.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ni en lo que pod\u00eda pasar despu\u00e9s.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Solo dej\u00e9 que mis piernas tomasen el control y corrieran como nadie hab\u00eda corrido jam\u00e1s. Solo supe que no quer\u00eda que muriera. Que no quer\u00eda que el ni\u00f1o aprendiera, tan pronto, lo cruel que puede ser el mundo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Corr\u00ed.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Sent\u00ed el coraz\u00f3n golpe\u00e1ndome en el pecho como si fuera a romperse en mil pedazos, record\u00e9 tambi\u00e9n que las enanas marrones sirven para algo, y que las cosas no pasan en vano. El aire me quemaba en los pulmones y mis piernas temblaban, pero no par\u00e9.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Agarr\u00e9 al ni\u00f1o, recuerdo su piel fr\u00eda y su mirada asustada que ped\u00eda algo de compasi\u00f3n, lo empuj\u00e9 con todas mis fuerzas hacia la acera. Escuch\u00e9 su llanto cuando cay\u00f3, un sonido vivo, real, que me atraves\u00f3 como algo bueno.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s vino el impacto.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>No recuerdo el dolor exacto, solo un golpe seco, brutal, y una sensaci\u00f3n de fr\u00edo, como si el cuerpo dejase de ser m\u00edo. El cielo iba girando de un lado a otro y todo se volvi\u00f3 blanco, empec\u00e9 a recordar momentos de mi vida, mi primer telescopio, cuando sal\u00eda con mis amigas, cuando dej\u00e9 de salir con ellas, mis personajes, que me acompa\u00f1aban adonde fuera, Rigel\u2026&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pens\u00e9, de una forma extra\u00f1a y tranquila, que era mi fin, que as\u00ed es como deb\u00eda desaparecer, que todo iba a acabar, as\u00ed que relaj\u00e9 los m\u00fasculos de mis entumecidas piernas, una l\u00e1grima recorri\u00f3 mi mejilla izquierda, y finalmente sonre\u00ed.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de quedar inconsciente tuve un pensamiento absurdo: al menos alguien va a recordarme por algo, o eso espero.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora dicen que estoy en coma.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 cu\u00e1nto tiempo ha pasado. Aqu\u00ed dentro no existe reloj. Todo es oscuro, pero no da miedo, tranquiliza. A veces escucho voces lejanas, como si estuvieran a galaxias enteras de distancia. Creo reconocer algunas, pero no estoy segura. Me gusta imaginar que alguien se sienta a mi lado, que me habla, aunque no pueda responderle.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Me pregunto si el ni\u00f1o se acuerda de m\u00ed.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Si sabe que est\u00e1 vivo porque una chica que se sent\u00eda sola decidi\u00f3 correr. Tal vez ahora s\u00ed soy importante.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez ahora deje una marca, un ejemplo al mundo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y aunque no puedo abrir los ojos, siento que ya mismo despertar\u00e9 y todo habr\u00e1 cambiado, ya no ser\u00e9 la misma chica, tendr\u00e9 mis cicatrices, pero tendr\u00e9 mis motivos para simplemente estar, cosa que antes no ten\u00eda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque no puedo moverme por primera vez no me siento invisible. Pens\u00e9 en m\u00ed.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Yo no era una estrella brillante, nunca lo fui, pero ten\u00eda peso, densidad y sentido. Era una enana marr\u00f3n, s\u00ed, tenue, discreta, invisible para muchos, pero real.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Aprend\u00ed que el universo se sostiene gracias a lo que no brilla. Que a veces la funci\u00f3n m\u00e1s importante es simplemente estar, incluso cuando nadie m\u00e1s te mira.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pienso en mi ventana en la inmensidad de la noche, ya no busco aprobaci\u00f3n, pienso en la materia oscura, pienso en el ni\u00f1o que vive, en el tiempo que no estuve consciente y segu\u00ed viva igual.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y sonr\u00edo, aunque no puedan verlo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Sigo siendo una enana marr\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Tenue, discreta, invisible para muchos, pero ahora imprescindible.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque en el universo, como en la vida, no todos los que importan necesitan brillar. Algunas fuerzas existen para sostener, aunque tengan que desaparecer por alg\u00fan tiempo. Y yo sigo aqu\u00ed.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y eso me basta.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cPara todas esas personas que sienten que no caben en ninguna \u00f3rbita, hasta las estrellas lejanas dejan huella con su propia luz.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-cyan-blue-color has-text-color has-link-color wp-elements-56022ffa2645bc224344b7b44f10231e\"><strong>Segundo Premio Modalidad B: Claudia S\u00e1nchez Dotor, <em>La franja azul.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Al principio la casa no ten\u00eda ventanas, ni muros, solo una puerta abierta que invitaba a pasar. La casa estaba situada en una preciosa llanura, rodeada por hierba verdosa que evocaba una frescura casi indescriptible. Aquel prado con ese manto herb\u00e1ceo tan fresco y despampanante que se abr\u00eda ante ella era tan tentador, que no dud\u00f3 en ning\u00fan momento en cruzar el umbral de la puerta de aquella morada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro, aquella quinta no destacaba por su acogedor espacio, sin embargo, le daba una sensaci\u00f3n de seguridad y resguardo tan reconfortantes que se le hac\u00eda imposible percibir lo err\u00f3nea que hab\u00eda sido su decisi\u00f3n de haberse dejado llevar por la tentadora oferta de sentirse resguardada bajo el techo de aquella casa.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Al principio no hab\u00eda problemas, solo hab\u00eda promesas. \u00c9l le habl\u00f3 del refugio, de la sensaci\u00f3n de protecci\u00f3n que la casa brindaba a quien estaba dentro. No habl\u00f3 de los muros.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Le habl\u00f3 del amor, del afecto, de la devoci\u00f3n y adoraci\u00f3n, no de aquel fr\u00edo mordaz y&nbsp; g\u00e9lido.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero cuando esos dichosos muros se empezaron a alzar, ella solo los observ\u00f3 levantarse a trav\u00e9s de la ventana de su habitaci\u00f3n, ya estaba dentro.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, la quinta comenz\u00f3 a crecer hasta llegar a alcanzar un tama\u00f1o descomunal, al igual que los muros que se alzaban expectantes ante ella. Las paredes ascend\u00edan rectas, severas, hasta perderse en una l\u00ednea de cielo tan delgada que parec\u00eda una herida mal sanada, curada con remilgo y desprecio, una herida que no pod\u00eda cerrarse sola, sin ayuda. Desde el patio exterior, el cual se encontraba delimitado por aquellos muros, ya no crec\u00eda la hierba. La naturaleza parec\u00eda haber abandonado aquel lugar, dejando a su paso las marchitas flores que de anta\u00f1o fueron de colores vivaces, el manto de hierba verde y fresca se torn\u00f3 de un color absurdamente melanc\u00f3lico y apesadumbrado.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Desde all\u00ed, ella observaba sentada c\u00f3mo el cielo se cerraba. Los rayos de sol ya no le alcanzaban, ya no ba\u00f1aban su piel morena ni sus cabellos negros con sus ardientes rayos llenos de esperanza.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n a\u00f1oraba la luna, con su reflejo transparente y su magia de media noche. Siempre cari\u00f1osa en el cielo sombr\u00edo, como una madre iz\u00e1ndose imponente pero dulce en el cielo con la compa\u00f1\u00eda de sus miles de hijos, las estrellas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Fue entonces que comenz\u00f3 a hacer fr\u00edo en la casa. El calor y seguridad que emanaban fue desapareciendo sin previo aviso, sin apercibimiento.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Era un fr\u00edo h\u00famedo, persistente, que calaba en los huesos como la lluvia fina de noviembre. Era como si las paredes le robasen la poca felicidad que aguardaba dentro de su coraz\u00f3n. El suelo conservaba una temperatura de piedra olvidada bajo la tierra. Incluso en verano, cuando el sol con su fuerza estruendosa lograba colarse por un instante a trav\u00e9s de los muros, el calor no llegaba a la casa.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l dec\u00eda que el fr\u00edo era normal.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Que ella siempre exageraba de sobremanera.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Que siempre hab\u00eda tenido una personalidad fr\u00e1gil como los p\u00e9talos de una rosa marchita. Que era muy sensible.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y entonces, ella comenz\u00f3 a dudar de si misma. De su propia cabeza, del term\u00f3metro de su piel.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo estaba bien, muy correcto y todo en su orden. Su rostro luminoso y bien compuesto, sus ropajes siempre cuidados, su pelo sim\u00e9trico. S\u00ed, todo estaba bien, menos ella, tan dolorida y apenada que se sent\u00eda a punto de estallar en mil pedazos. Era algo que la mord\u00eda por dentro, algo fiero y oscuro, grande y tremendo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La casa estaba repleta de recovecos, ten\u00eda infinidad de habitaciones, pero cada una era m\u00e1s peque\u00f1a que la anterior. El techo parec\u00eda cernirse sobre su peque\u00f1a cabeza, bajando cada vez m\u00e1s con el tiempo, o quiz\u00e1s era su espalda la que se encorvaba.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Estar encerrada en aquella casa hac\u00eda que se atosigase. A veces, el resentimiento por el abandono y aquella fr\u00eda soledad se hac\u00eda tan fustigante que odiaba cualquier emanaci\u00f3n viviente.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015All\u00ed fuera es peor\u2015 le dec\u00eda \u00e9l con un&nbsp; tono g\u00e9lido en la voz, un tono que no admit\u00eda discusi\u00f3n. \u2015No durar\u00edas ni una semana\u2015.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ella imaginaba ese afuera como un&nbsp; territorio hostil, lleno de las sombras m\u00e1s crueles que nadie podr\u00eda ni imaginar. Que fuera hac\u00eda m\u00e1s fr\u00edo, m\u00e1s da\u00f1o que estar encerrada en aquella casa.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pensaba en la intemperie, en el abandono, en la de miles de miradas juzg\u00e1ndola. En fracasar sola. Dentro, al menos, sab\u00eda c\u00f3mo sobrevivir.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Aprendi\u00f3 los ritmos de la casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Aprendi\u00f3 qu\u00e9 baldosas cruj\u00edan. Aprendi\u00f3 qu\u00e9 palabras encend\u00edan tormentas. Aprendi\u00f3 a pedir perd\u00f3n antes de entender de qu\u00e9 era culpable.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l no siempre gritaba ni alzaba su voz.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La acariciaba con una ternura y adoraci\u00f3n fuera de lo com\u00fan para su temperamento. Y esas caricias, ese falso anhelo de amor y afecto eran la trampa m\u00e1s peligrosa. Porque el cuerpo, hambriento de calor, olvida r\u00e1pido el hielo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Una tarde, encontr\u00f3 la puerta principal. No recordaba haberla visto antes, solo hac\u00eda a\u00f1os, cuando la traspas\u00f3 por \u00faltima vez y no volvi\u00f3 al exterior. Era de madera oscura, pesada, con un picaporte oxidado y desgastado. La toc\u00f3 esperando ser rechazada o incluso que la quemara.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero eso no pas\u00f3.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La empuj\u00f3 levemente con un sonido sordo. La puerta cedi\u00f3 apenas un mil\u00edmetro.<\/p>\n\n\n\n<p>El aire que entr\u00f3 no fue violento, ni cruel, no ten\u00eda amenazas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El coraz\u00f3n le golpe\u00f3 en el pecho con una violencia desconocida. Pens\u00f3 en salir, en ver el cielo completo y no solo una delgada franja melanc\u00f3lica.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pens\u00f3 en caminar sin pedir permiso, en vivir sin preguntar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Fue entonces cuando record\u00f3 su voz.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015Eres m\u00eda, mi mujer, mi ni\u00f1a de ojos de lucero. El consuelo de este pobre borracho ego\u00edsta y altanero. Nadie te querr\u00e1 como yo lo hago, jam\u00e1s\u2026\u2015<\/p>\n\n\n\n<p>La casa segu\u00eda detr\u00e1s de ella, parec\u00eda m\u00e1s fr\u00eda que nunca, como si tan solo con acercarse a aquella puerta fuese una traici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La puerta segu\u00eda entreabierta.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La cerr\u00f3 despacio, con cuidado, como si estuviese devolviendo algo prestado.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Esa noche \u00e9l le habl\u00f3 del futuro, de c\u00f3mo la casa crecer\u00eda solo para ellos, la abraz\u00f3 con mimo, con cuidado.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella noche fue todav\u00eda m\u00e1s impasible, el fr\u00edo se hizo m\u00e1s profundo, lo sent\u00eda en la sangre. Ella sinti\u00f3 una enorme culpa insoportable por haber dudado.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron d\u00edas, o tal vez semanas, o meses. En la casa el tiempo no ten\u00eda piedad, no ten\u00eda calendario.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Una madrugada, su sue\u00f1o se vio interrumpido. Se despert\u00f3 temblando, mas no de fr\u00edo, si no de la certeza. Comprendi\u00f3 algo con una claridad aterradora: no le daba miedo aquello que se encontraba fuera, lo que realmente la atemorizaba y no la dejaba vivir era el miedo de no saber qui\u00e9n ser\u00eda sin \u00e9l, sin la casa. La identidad que hab\u00eda construido pieza por pieza all\u00ed, no sobrevivir\u00eda a la n\u00edtida luz del sol. Y eso era lo que realmente le produc\u00eda pavor.<\/p>\n\n\n\n<p>Se levant\u00f3 de la cama con una sensaci\u00f3n de mareo, como si miles de agujas se clavasen repentinamente en la parte delantera de su cabeza sin piedad alguna. Camin\u00f3 descalza por el pasillo, sus c\u00e1lidos pies entrando en contacto con el g\u00e9lido suelo, pero aquellas baldosas fr\u00edas no la detuvieron.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Lleg\u00f3 a la puerta principal y no pens\u00f3 en discusiones, no pens\u00f3 en finales felices.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pens\u00f3 en, por fin, respirar libre. Ella dud\u00f3 por un momento, pero la curiosidad era m\u00e1s fuerte que el miedo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La puerta se abri\u00f3 con un crujido infernal, como si la propia casa no quisiera dejarla ir, pero cedi\u00f3 igualmente. El aire entr\u00f3 de golpe, golpeando con fuerza su cara. Con ello, le invadi\u00f3 una sensaci\u00f3n de seguridad reconfortante y la certeza de un mundo m\u00e1s libre.<\/p>\n\n\n\n<p>Comenz\u00f3 a caminar hacia delante, sin mirar atr\u00e1s. Cuanto m\u00e1s se acercaba a los muros, m\u00e1s notaba como estos descend\u00edan de su colosal tama\u00f1o.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En un punto, se dio cuenta, que los muros de altura aterradora nunca hab\u00edan sido altos, siempre hab\u00edan tenido una altura razonable. Ella era la que hab\u00eda encogido debido a las palabras de \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>El fr\u00edo la atraves\u00f3 por \u00faltima vez, estaba cargado de palabras dulces, y por un segundo estuvo a punto de volver, porque lo conocido duele menos que lo incierto. Pero se dio cuenta de que el aire exterior no dol\u00eda como \u00e9l dec\u00eda, este no exig\u00eda pedir perd\u00f3n por cosas banales, no exig\u00eda perd\u00f3n por existir.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Dio un paso, luego otro, y otro, hasta que comenz\u00f3 a correr sin darse cuenta.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La casa qued\u00f3 atr\u00e1s a la velocidad de la luz, la pradera comenzaba a tornarse de un verde vivaz y precioso, las flores parec\u00edan volver a crecer. Sonri\u00f3 de felicidad, disfrutando de la calidez del pasto y de la frialdad de la luna.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y durante un instante comprendi\u00f3 que el verdadero muro nunca fue de piedra. Fue la voz que aprendi\u00f3 a repetir dentro de su cabeza.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y de eso, tambi\u00e9n pod\u00eda desprenderse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-cyan-blue-color has-text-color has-link-color wp-elements-c7a4880322ae5b83d2bd128a33736dfe\"><strong>Primer Premio Modalidad C: Aitor Sillero Coca, <em>Cuando nadie mira a los que cuidan.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>I. Lo que nunca fue: La Infancia.&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed no me permiten pasar. Aqu\u00ed me desvanezco antes de manar. Llegu\u00e9 una vez, descend\u00ed de un tren lento, desgastado, con un lazo rojo en el cabello y una caja de hojalata que conten\u00eda canciones, juegos y ese aroma a polvo tibio que se mantiene en la ropa tras correr. Camin\u00e9 entre los rieles con la esperanza de que alguien me recibiera, de que alguien extendiera los brazos y me hiciera un hueco en su regazo. Pero no fue as\u00ed. Una piedra me golpe\u00f3 antes que una mirada. Una palabra mal dicha, envuelta en espinas, me empuj\u00f3 a las sombras de mis d\u00edas. Entonces comprend\u00ed que Kamalapur no es lugar para m\u00ed, que esta estaci\u00f3n solo da cobijo al abandono, al hambre, al olvido. Yo, que soy juego, risa y mu\u00f1ecos de trapo viejo, no tengo espacio en este mundo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Desde entonces rond\u00f3, invisible, entre los andenes, como un perro sin due\u00f1o que busca migajas de afecto. A veces me escondo entre los cartones, y otras me enrosco en el humo de los trenes, esperando que alguno me vea pasar. Pero ellos ya no me reconocen. Me han olvidado incluso antes de conocerme. Y no les culpo, nacieron sabiendo que la vida les negar\u00eda la ternura. Nacieron con los ojos gastados, como si hubieran llorado mucho en otra vida. Nacieron sin nombre, sin manos que los sostuvieran.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Los he visto crecer como hierba entre las grietas: sin tierra, sin agua, sin promesa. Descalzos entre rieles y ratas como si cada paso fuera una s\u00faplica. No tienen a qui\u00e9n rezar, pero igual rezan. Se cuidan entre ellos con una sabidur\u00eda que no me pertenece, como si supieran que nadie m\u00e1s lo har\u00e1. Y yo, que deber\u00eda haber sido su abrigo, su canto de cuna, su escondite secreto, solo puedo mirarlos desde lejos, arrastr\u00e1ndome por el polvo, sabiendo que soy lo \u00fanico que no debieron perder. Una vez, solo una vez, cre\u00ed que uno de ellos me reconoc\u00eda. Era un ni\u00f1o flaco, de ojos demasiado grandes para su cara, y por un momento me mir\u00f3 como si recordara algo que nunca hab\u00eda vivido. Se acerc\u00f3, dudando, y estir\u00f3 la mano. Le ofrec\u00ed una pelota imaginaria, un secreto, una caricia. Pero justo entonces lo llamaron por su nombre, o por algo que usaban como nombre:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY pa&#8217; qu\u00e9 rayas tanto, Karim? Si ni sabes poner tu nombre\u2026 \u00bfVas a mandar cartas al viento o qu\u00e9?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y \u00e9l se alej\u00f3 corriendo sin mirar atr\u00e1s. Fue suficiente. Con ese gesto, supe que sigo existiendo, aunque sea en un rinc\u00f3n, aunque sea como eco de ilusi\u00f3n. Pues comprend\u00ed que no soy nostalgia, ni recuerdo. Soy una promesa rota. La infancia que no fue. La risa que no naci\u00f3. Solo ha quedado un resquicio de mi existencia: el barro de u\u00f1as sucias, el columpio que nadie empuj\u00f3, el miedo de la noche que deb\u00eda calmarse entre una nana&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>maternal. Pero aqu\u00ed, en esta estaci\u00f3n, soy in\u00fatil. Los trenes vienen y van, la gente pasa, el mundo gira, y yo sigo detenida, sin billete, sin destino. Cada d\u00eda que pasa me hago m\u00e1s peque\u00f1a, m\u00e1s flaca, m\u00e1s triste. Me desvanezco, casi muero.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y, sin embargo, no me voy. Sigo esperando. Porque quiz\u00e1s un d\u00eda alguno de ellos, aunque sea uno, me vuelva a llamar. Me miren sin miedo, me den un lugar entre sus brazos sucios y su pan compartido. Entonces volver\u00e9, aunque est\u00e9 resquebrajada, aunque llegue tarde. Me sentar\u00e9 a su lado, sacar\u00e9 mi caja de hojalata, y juntos jugaremos a creer que todav\u00eda hay tiempo. Ahora mis manos son de vieja plata. Me siento cada tarde en un rinc\u00f3n de la estaci\u00f3n con la caja de hojalata llena de melod\u00edas que alguna vez hicieron bailar a alguien en alguna parte, excepto en este lugar. Nadie me compra. A veces los ni\u00f1os se acercan, me rodean pareciendo gatos callejeros. Karim es el m\u00e1s atrevido; se sienta enfrente y hace girar una de las cintas con el dedo, como si fuera un trompo. Otro la mete bajo la camisa. Otro m\u00e1s corre con dos en el bolsillo. No disimulan, los veo y entonces pienso: si me est\u00e1n robando lo que ya es suyo. Quiz\u00e1s un d\u00eda alguno de ellos \u2014aunque sea uno\u2014 me vuelva a llamar. Me diga:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Ven, t\u00fa, la de los juegos que nunca llegaron.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>II. No s\u00e9 escribir, pero s\u00e9 cuidar.<\/strong><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Eh t\u00fa, el de las ratas, el m\u00e1s largo, Bau \u2014me dijeron una vez.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed me llamo yo, sin hache ni n\u00e1 o yo no se la pongo. Que si me llamo de verdad as\u00ed, pues no lo s\u00e9. A lo mejor s\u00ed, o a lo mejor era un nombre de perro y me lo pusieron porque pasaba uno por all\u00ed justo cuando me encontraron metido en una caja de fruta podrida detr\u00e1s del puesto de cebollas. Dicen que yo lloraba poco. Eso seguro que era verdad. No soy de mucho esc\u00e1ndalo, nunca lo he sido. Solo cuando me pisan el pie sin querer, ah\u00ed s\u00ed me quejo, porque el pie derecho o el izquierdo, no lo tengo muy claro ahora anda medio chungo desde lo de la carrera del tren. Que eso fue otra historia, larga, con sangre y todo. Ahora cojeo, como si el suelo me hiciera zancadilla cada tres pasos. Cuando jugamos a la pelota, aunque ahora no tanto porque soy el mayor y tengo que mantener la compostura, Shubo me la pasa bajito, a veces le doy con la parte buena del pie y a\u00fan me sale alg\u00fan pase bonito y me dicen<em>\u201c\u00a1Bau, ese fue un pedazo de gol!\u201d<\/em>. Y yo les sonr\u00edo, como si no doliera.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero que me enrollo. A ver. Yo soy el que los cuida, \u00bfvale? O sea, como el jefe, pero sin bigote ni oficina. No soy muy alto, pero me las apa\u00f1o. Los brazos los tengo delgados, pero duros, de trepar vagones, cargar sacos, y espantar ratas. El pelo lo llevo como se puede, tieso, me lo cort\u00e9 una vez con una cuchilla rota que encontr\u00e9, por hacerme el importante, y me dej\u00e9 un trozo calvo, pero ya da igual. Y un diente menos, pero eso fue culpa del hambre y una pelea tonta. Los pantalones me quedan grandes, son de adulto, creo que de un tal Raju que se fue y no volvi\u00f3. Pero por lo dem\u00e1s igualito a un jefe enrollado y guapete.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed en Kamalapur, cuando t\u00fa eres el mayor, pues ya est\u00e1, te toca cuidar a los otros, quieras o no. Ser el mayor aqu\u00ed es como ser un poco padre, un poco madre, un poco&#8230; dios, si es que eso existe, pero en sucio, sin milagros ni paloma blanca. Los otros me siguen porque saben que yo no dejo a nadie tirado\u2026 como el otro d\u00eda cuando Shubo se hizo pis encima tres noches seguidas, y no le dije nada o Karim, que tiene los dientes de leche como caramelos blandos, me agarra del pantal\u00f3n cada vez que oye un tren, como si yo fuera su manta de dormir. Yo, pues, hago lo que puedo. Cuento historias, aunque no las sepa bien. A veces me invento palabras, porque las otras no me salen. Digo cosas como \u201cel plan estratijerico\u201d o \u201ctenemo\u2019 que ser sigilososos\u201d, aunque nadie me corrige porque a ver qui\u00e9n es m\u00e1s atontao aqu\u00ed.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Dormimos todos juntos, debajo del cartel ese de la se\u00f1ora que se r\u00ede como si le hicieran cosquillas en la barriga, el de Pepsi. Nos tapamos con un pl\u00e1stico grande que encontramos detr\u00e1s de la estaci\u00f3n. Tiene un agujero, pero justo no cae gota por ah\u00ed. Bueno, a veces s\u00ed, pero Karim dice que es lluvia m\u00e1gica, que da suerte. Yo le dejo creer eso, porque el pobre ya tiene bastante con su tos que no es normal, que no le suelta ni para dormir y que tampoco nos deja a los dem\u00e1s.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Bau, sacala, anda corre que la quiero ver.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y esa noche hicimos sonar esa caja de hojalata \u00a1de las buenas, buenas! que tiene manivela y todo. Desde que Shubo la vio entre los cachivaches de aquella vieja que siempre est\u00e1 ah\u00ed, encorvada en su rinc\u00f3n. De piel arrugada como un mapa de caminos que nadie quiso seguir, y con uno de los ojos pipa, y el otro, el bueno, me mira con tristeza como si supiera que un d\u00eda tambi\u00e9n nos olvidar\u00e1n, y eso duele m\u00e1s que cualquier golpe. A veces me acerco y la veo contemplar al vac\u00edo, como buscando algo que se perdi\u00f3 hace tiempo, algo que nosotros tampoco tenemos. Sus manos tiemblan y huelen a fr\u00edo, y aunque quisiera ayudarla, no s\u00e9 c\u00f3mo, porque aqu\u00ed nadie sabe m\u00e1s que sobrevivir.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero cuando gir\u00e9 la manivela y son\u00f3 la m\u00fasica, por un instante pareci\u00f3 que el tiempo se par\u00f3 y la estaci\u00f3n no era tan gris. La pusimos en el medio, aguardando el bien m\u00e1s preciado que tenemos aunque sea robado, y todos se quedaron dormidos con ese sonidito tan chiquitito de campanita triste, dando vueltas. Yo no dorm\u00ed. Me qued\u00e9 mirando c\u00f3mo respiraban, c\u00f3mo se mov\u00edan un poco en sue\u00f1os. Los cont\u00e9. Siete. Faltaba Mina, como siempre, pero bueno. Ella va por otro lado. A veces me pregunto si alg\u00fan d\u00eda voy a dejar de ser el mayor. Si va a venir uno m\u00e1s grandote que yo a decirme:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Eh t\u00fa, el de las ratas, el m\u00e1s largo, anda, descansa ya, Bau \u2014 Pero eso no pasa. Aqu\u00ed, el que cuida, cuida hasta que no puede m\u00e1s. Y como todav\u00eda puedo&#8230; pues eso. Aqu\u00ed sigo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>III. Mi mam\u00e1 vive en la luna.<\/strong><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A mi querida mam\u00e1,&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Anoche llovi\u00f3 y ped\u00ed un deseo. Dicen que si te cae una gota justo en la frente es porque una estrella te dio un beso. Yo cerr\u00e9 los ojos muy fuerte y dije tu nombre bajito, por si estabas ah\u00ed, escondida entre las nubes: mam\u00e1.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A mis amigos de aqu\u00ed abajo, los del and\u00e9n, les cuento que t\u00fa eres la que ilumina las estrellas por la noche, una por una, con mucho cuidado. Ellos se r\u00eden, pero qu\u00e9 m\u00e1s da, eso solo lo sabemos t\u00fa y yo. Tambi\u00e9n imagino que vives en la luna, lejos del humo del tren, donde nadie puede verte pero igual me est\u00e1s mirando.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy no te encontr\u00e9 entre la gente. Algunas mujeres me miraron, pero ninguna era tan bonita como t\u00fa. Creo que si me acariciaras una noche mientras duermo como una hada buena, lo sabr\u00eda. Yo no abrir\u00eda los ojos, lo prometo. Porque si los abro, capaz de asustarte y volar. S\u00e9 que si me abrazaras me doler\u00eda bonito.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Esta ma\u00f1ana encontr\u00e9 un pedazo de pan en el suelo. No estaba sucio, Ma, estaba casi entero. Me dio mucha hambre, porque anoche no cen\u00e9, pero no lo com\u00ed. Lo envolv\u00ed en un papel que encontr\u00e9 y lo guard\u00e9 en la caja donde est\u00e1n los tapones, una piedrita blanca, y el tren de juguete sin ruedas. Es tuyo. Para cuando vengas. As\u00ed te puedo dar algo yo. Y si no vienes, igual te llega el olor. Dicen que el pan caliente sube hasta el cielo, aunque este no lo est\u00e9, algo es algo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Si puedes, visitame una noche y te ense\u00f1ar\u00e9 este lugar peque\u00f1ito pero acogedor\u2026 y si no, no importa, con el beso de una estrella, me vale.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Karim, tu hijo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY pa&#8217; qu\u00e9 rayas tanto, Karim? Si ni sabes poner tu nombre\u2026 \u00bfVas a mandar cartas al viento o qu\u00e9?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Para que no me duela lo de adentro \u2014contest\u00f3 sin mirarme, como si esa frase la tuviera ensayada desde hac\u00eda a\u00f1os. \u00c9l siempre dice que hablar es de tontos. No s\u00e9 qu\u00e9 es \u201clo de adentro\u201d. Pero \u00e9l lo tiene muy roto. A veces creo que lo que realmente duele no es recordar, sino tener que ponerle nombre a lo que uno no entiende. Por eso yo tampoco digo nada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A veces pienso que Karim quiere desaparecer pero no sabe c\u00f3mo. Que le da miedo no existir, pero m\u00e1s miedo le da quedarse aqu\u00ed. Que se pega porque no puede gritar. Porque nadie lo escuch\u00f3 nunca. Ni cuando llor\u00f3 de verdad, ni cuando su nombre dej\u00f3 de ser suyo. Nosotros lo dejamos hacer, porque no sabemos curar eso. Pero cada noche, cuando se duerme, le acercamos nuestras manos sin tocarlo. Por si acaso nota el calor.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>IV. Cuando nadie mira a los que cuidan.<\/strong><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Aprend\u00ed a robar como se aprende a respirar: sin pensar. Nadie me ense\u00f1\u00f3. Simplemente sucedi\u00f3, como el pulso en las venas o la sombra al caer la tarde. Durante la noche era&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>cuando mejor me mov\u00eda, desvalijando calles vac\u00edas, campos resecos, andenes sin due\u00f1o. Al principio, robaba arroz, solo un pu\u00f1ado, que bastaba para saciar mis ansias de manos vac\u00edas, desnudas y temblorosas. Pero luego, esas manos se acostumbraron a m\u00e1s. Pobres manos desnudas, por ello luego fueron relojes, muy lujoso, muy brillantes.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Camino bajo un cielo que ya no promete nada, entre las l\u00e1grimas de un amanecer que nunca despierta, porque yo soy eso: la que recoge lo que ya nadie espera, la que guarda lo que fue, lo que nunca ser\u00e1. A m\u00ed no se me reza, ni se me teme del todo. Me conocen como quien conoce una sombra familiar: una figura sentada al borde de las v\u00edas, con las manos vac\u00edas y la paciencia larga. No tengo prisa. Nunca la he tenido. Vengo cuando la tristeza se hace cuerpo y ya no cabe en el pecho. Me siento, espero, y cuando me miran, no bajo la vista. Solo devuelvo el gesto con la misma dulzura que se le da a los ni\u00f1os que nadie supo consolar. Ellos me han olido en las mantas mojadas, en la tos que no cesa, en el pan que nunca alcanza. Pero no me odian. No podr\u00edan. Porque soy la \u00fanica que llega sin pedir nada a cambio.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La estaci\u00f3n tiene algo de tumba y de cuna. Hay noches que me parece que todo est\u00e1 muerto, y otras en las que la vida se enciende de golpe, como cuando alguien encuentra una moneda o un diente se cae sin sangre. La m\u00fasica de la caja ya no suena, pero todos creemos que s\u00ed. Porque cuando suena, nadie llora. Cuando suena, hasta el suelo parece florecer.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Llegu\u00e9 a ellos sin hacer ruido, como lo hago siempre. Me sent\u00e9 entre sus holgorios infantiles una noche. \u00c9ramos siete. A la ma\u00f1ana siguiente, quedamos seis. Karim fue el primero. Siempre tan callado, siempre con las orejas encendidas y la mirada perdida en lo que no se puede tocar. Escrib\u00eda cartas a su madre, esa que viv\u00eda en la luna, y escond\u00eda migas de pan como quien guarda tesoros sagrados. Cuando dorm\u00eda, lo hac\u00eda con una fe antigua, como si so\u00f1ar pudiera salvarlo. Esta noche, su tos se detuvo. Nadie dijo nada. Solo Bau, que siempre lo miraba de reojo, not\u00f3 que el pecho ya no sub\u00eda. Me acerqu\u00e9 a \u00e9l con cuidado, como se toca a un pajarito herido. Y cuando lo levant\u00e9, era liviano, como si ya no tuviera miedo. En su cara hab\u00eda una paz desconocida. Lo llev\u00e9 donde el mar de estrellas es alto y encendido, como \u00e9l lo imaginaba, donde el eco no duele y la luna canta bajito, diciendo: <em>\u201cven, hijo m\u00edo\u201d<\/em>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Shubo vino despu\u00e9s. La fiebre le comi\u00f3 el coraz\u00f3n. No llor\u00f3. Solo se apag\u00f3 como una vela sin cera. Le acarici\u00e9 y bes\u00e9 suavemente su rostro, compartiendo un secreto que solo \u00e9l pod\u00eda entender. No se resisti\u00f3. Ya se hab\u00eda ido por dentro. Sus manos eran fr\u00edas, pero no crueles. Me dijo mi nombre verdadero, ese que nadie usaba ya: <em>\u201cLa Muerte\u201d.<\/em><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Aun as\u00ed, yo sigo siendo la que soy. La que sostiene el arma en silencio. La que observa c\u00f3mo las balas atraviesan cuerpos sin nombre. La que escucha gritos que nadie responder\u00e1. A\u00fan cargo ese peso: el de la \u00faltima bala, el de la \u00faltima palabra. Y la vi, alma llena de gracias y esperanza, ten\u00eda la cara apoyada en la tierra, como si escuchara el conversar de las hormigas. Las rodillas dobladas. El vestido roto. Y una flor que no lleg\u00f3 a abrirse a\u00fan emanaba de su frente herida, era como si hubiera querido crecer dentro de&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>ella, pero no le dio tiempo. Nadie la llam\u00f3. Nadie pregunt\u00f3 por ella. Solo qued\u00f3 all\u00ed, en la quietud silenciosa de los cuerpos usados. Donde nac\u00eda su voz, apenas un murmullo, clara y dulce. Era como si la tierra predicara un arrullo antiguo. Pobre cancioncilla que onde\u00f3 sin due\u00f1o, delicada como un p\u00e9talo al viento:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>N<\/em><em>ac\u00ed tempranito, nac\u00ed sin rumor,<\/em><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>alba serena me dio su candor.<\/em><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>Soy florecita de p\u00e9talo en flor,<\/em><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>tiemblo en tus manos, respiro tu amor.<\/em><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>B<\/em><em>ebo la lluvia, me arrulla la luz,<\/em><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>tiemblo en la sombra, me falta la cruz.<\/em><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>Viento me lleva, silencio me da,<\/em><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>una voz dulce me viene a arrullar.<\/em><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>D<\/em><em>uerme, florecita, duerme sin dolor,<\/em><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>M<\/em><em>uerte te abraza con brazo de amor.<\/em><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>Cierra los ojitos, todo termin\u00f3,<\/em><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>canta la salvaci\u00f3n: descansa, mi flor.<\/em><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Grit\u00e9 su nombre hasta desgarrarme. La busqu\u00e9 entre ra\u00edles viejos, deseando limpiar, cuidar, arrancarle las espinas que provocaron su sangre. Aunque ya era inutil, ni siquiera respiraba. Pero hab\u00eda en su rostro una calma extra\u00f1a, como si en el \u00faltimo segundo \u2014solo en ese\u2014, hubiese vuelto a ser ni\u00f1a. El barro le hab\u00eda dibujado estrellas en las piernas. Y a\u00fan ten\u00eda los dedos cerrados, como si sujetara algo invisible. Tal vez una mu\u00f1eca. Tal vez una promesa. Y solo entonces, las golondrinas alzaron el vuelo. Las amapolas bailaron al fin. El viento se volv\u00eda suave. Mi querida Mina.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero \u00e9l\u2026 era el \u00fanico que segu\u00eda ah\u00ed. Bau, me ve. Me reconoce sin decirlo. Me huele en los rieles calientes, en el metal oxidado, en el v\u00f3mito seco de los adultos que se r\u00eden demasiado. Me percibe en los silbidos del tren, en los dedos temblorosos de los borrachos que se acercan a los ni\u00f1os con caramelos y ojos torcidos. \u00c9l me enfrenta sin decirlo. Cada noche me reta:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hoy no. No a ellos. No te lo lleves todav\u00eda, d\u00e9jalos un poco m\u00e1s.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Todos juntos, los que viven y los que no, bailan un poco bajo el cartel azul de Pepsi. Hay una melod\u00eda que suena solo para ellos, sacada de una caja de hojalata m\u00e1gica, manivela oxidada y sonido chiquito como un hilo de campana. Es una m\u00fasica que solo los que est\u00e1n aqu\u00ed pueden o\u00edr. Yo la conozco bien. Fue la \u00faltima canci\u00f3n que escuch\u00f3 el primer ni\u00f1o que se me durmi\u00f3 en los brazos sin querer. Y mientras giran y giran, mareados por el hambre, el vapor, el eco de lo que no entienden, \u00e9l me susurra:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mientras me queden brazos, seguir\u00e9 espantando el fr\u00edo, el hambre, el miedo. Y si un d\u00eda no me despierto, si una ma\u00f1ana no me levanto a contar los cuerpos porque tus brazos me llevaron, espero que alguien abrace a los dem\u00e1s por m\u00ed.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014A ti no te busco por olvido ni por castigo. Te miro de lejos, como se mira a los \u00e1rboles que dan sombra sin pedir nada. Eres un ni\u00f1o que no sabes escribir\u2026 pero s\u00ed cuidar. Y eso, Bau, es lo \u00fanico que yo no s\u00e9 llevarme de este mundo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y los dejo. Los dejo bailar. Porque hay algo sagrado en los ni\u00f1os que a\u00fan creen que la muerte no existe si no se la mira. Como cada noche, Bau se sienta frente a la vieja caja de hojalata. Gira la manivela una y otra vez con cuidado, como si esa m\u00fasica pudiera mantener al mundo unos instantes m\u00e1s en la penumbra de la luna. Y mientras suena, observa a los otros danzar. Los cuenta. Los protege. Y mientras que no me miren\u2026 seguir\u00e9 esperando hasta que el tren suene la \u00faltima vez y nadie lo escuche, solo entonces, ser\u00e1 el tren de los que a\u00fan sue\u00f1an.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>NOTA FINAL&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Este relato nace de una realidad que existe, aunque a menudo se mire hacia otro lado. En la estaci\u00f3n de Kamalapur, en Dhaka (Banglad\u00e9s), seg\u00fan UNICEF y Save the Children se calcula que entre 300 y 500 menores viven entre el ruido de los trenes, el abandono y la invisibilidad. Algunos nacieron all\u00ed. Otros fueron olvidados, huyeron o quedaron atrapados en el margen de todo. Muchos cuidan sin haber sido cuidados, protegen sin haber sido protegidos. Como Bau, como Shubo, como Karim, como Mina existen \u2014aunque nadie los nombre\u2014, esperando que alguien los vea. Aunque sea solo una vez.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-cyan-blue-color has-text-color has-link-color wp-elements-486ce322a38821f568514143025cf681\"><strong>Segundo Premio Modalidad C: Naima Mateo Tomillo, <em>Entre dos pulsos.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La alarma del despertador emite un sonido estridente; lleva minutos sonando al comp\u00e1s de mi coraz\u00f3n. Abro los ojos; la luz del sol golpea sobre mis p\u00e1lidos brazos y todo me parece demasiado n\u00edtido: los colores son muy vivos y soy capaz de sentir el aire que me rodea, casi soy capaz de verlo. Todav\u00eda no he dormido, pero no estoy cansado. Al contrario. El tiempo pasa demasiado r\u00e1pido. Mi mente va muy r\u00e1pido, y yo tambi\u00e9n. Pero por un momento, eso no me asusta.<\/p>\n\n\n\n<p>Me levanto de la cama y voy directo al ba\u00f1o. El espejo frente a la ducha me devuelve la mirada expectante. Mis pupilas est\u00e1n tan dilatadas que puedo ver c\u00f3mo la luz entra a trav\u00e9s de ellas. No puedo reconocer esta versi\u00f3n de m\u00ed mismo, es como verme en tercera persona. Bajo la mirada al lavabo; y all\u00ed se encuentra la caja de pastillas, perfectamente cerrada. Lo pienso por un momento, pero hoy no es el d\u00eda de abrirla. Vuelvo a mirarme al espejo, la sonrisa en mis labios es tan r\u00edgida que&nbsp; parece fingida, mis hombros se sacuden suavemente y el tiempo sigue corriendo demasiado r\u00e1pido, constante, imparable.<\/p>\n\n\n\n<p>A veces pienso que tal vez todo esto comenz\u00f3 mucho antes, muchos a\u00f1os atr\u00e1s. Cuando ni siquiera ten\u00eda la consciencia suficiente para entender qu\u00e9 es lo que me pasaba. Recuerdo que mi infancia estuvo marcada por el miedo, por los diagn\u00f3sticos, por la reacci\u00f3n de mis padres cuando hac\u00eda algo malo. Los m\u00e9dicos no eran capaces de encontrar una respuesta a mi comportamiento, algunos mencionaron la depresi\u00f3n infantil, otros el TDAH, unos tan solo tomaban nota, otros me miraban a trav\u00e9s de sus grandes gafas y suspiraban cabizbajos. Pero todos y cada uno de ellos se rend\u00edan conmigo. Ya no sab\u00edan qu\u00e9 m\u00e1s hacer.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Una semana me la pasaba corriendo por todos lados; llegaba a casa con heridas en las rodillas, con un parte de expulsi\u00f3n o un ojo morado por meterme en peleas en el colegio. Otras veces, no me sent\u00eda capaz de salir de la cama, ducharme o comer, simplemente estaba agotado y sin fuerzas para hacer vida normal.<\/p>\n\n\n\n<p>El aula est\u00e1 llena, los murmullos se sienten como si una mosca volase alrededor de mi oreja, es un zumbido tan molesto que siento que la cabeza me va a estallar. La voz del profesor llega a mis o\u00eddos con lentitud, como si el tiempo y yo no estuvi\u00e9semos en sinton\u00eda. Tomo apuntes demasiado r\u00e1pido, ni siquiera soy capaz de acabar una oraci\u00f3n cuando ya he comenzado otra. Las palabras a veces se atropellan entre s\u00ed. El bol\u00edgrafo es incapaz de seguir el ritmo de mi mente. Miro a mi alrededor. Mis compa\u00f1eros parecen impasibles, como si nada sucediera, escriben con calma, r\u00eden y hablan con la persona sentada a su lado. Yo no. Mi coraz\u00f3n sigue tan acelerado como esta ma\u00f1ana, aunque a mi cuerpo le est\u00e1 pasando factura las horas perdidas de sue\u00f1o. La luz que se cuela por las ventanas llena el aula de colores tan vivos e intensos que me hacen sentir inc\u00f3modo. Me digo a m\u00ed mismo que estoy bien. Yo siempre estoy bien.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el sonido agudo de los altavoces anuncia el fin de la clase, salgo tan r\u00e1pido al pasillo que casi me llevo a gente por delante. El eco de mis zapatos resuena con fuerza detr\u00e1s de m\u00ed. Me apoyo en una pared y cierro los ojos con fuerza. Por un segundo, todo se detiene y por fin encuentro algo de paz. Pero en el fondo s\u00e9 que no es algo bueno, s\u00e9 que si siento calma, se avecina lo peor.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta calma no es nueva, en cuanto aparece puedo reconocerla al instante. Es una calma artificial y mi cuerpo y mi mente la detectan sin esfuerzo. Ya estoy acostumbrado a ella. Ya la sent\u00eda cuando ten\u00eda once a\u00f1os y me encontraba sentado frente a un hombre con bata blanca y sonrisa de pl\u00e1stico. Era la primera vez que ve\u00eda a aquel hombre, pero no la primera vez que iba al psic\u00f3logo. La consulta ol\u00eda a limpio, a alg\u00fan producto con olor c\u00edtrico, de ese que se te clava en las fosas nasales y con el paso del tiempo sigue ah\u00ed, estancado en tus v\u00edas respiratorias. Hab\u00eda una estanter\u00eda llena de libros, cuyos nombres hab\u00eda le\u00eddo unas cinco veces, pero que sab\u00eda que los olvidar\u00eda en cuanto saliera de la consulta. Estaba sentado en una silla, pod\u00eda sentir su grandeza en comparaci\u00f3n con mi diminuto cuerpo; no llegaba al suelo por lo que mis piernas se balanceaban con una libertad que no me pose\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Me pregunt\u00f3 c\u00f3mo estaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Bien. Siempre estoy bien.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo anot\u00f3 en su libreta y un bufido sali\u00f3 de mis labios. Su mirada se levant\u00f3 y se cruz\u00f3 con la m\u00eda, alz\u00f3 una ceja y sigui\u00f3 haci\u00e9ndome preguntas. Me pregunt\u00f3 si me sol\u00eda enfadar con frecuencia, si era capaz de prestar atenci\u00f3n en clase, si dorm\u00eda bien, si com\u00eda. Yo me limitaba a asentir o a negar con la cabeza. La voz de aquel hombre pas\u00f3 a un segundo plano cuando mis ojos se encontraron con el reloj que hab\u00eda colgado en la pared. Cada segundo que pasaba mi piel se erizaba m\u00e1s y m\u00e1s, el ruido de las agujas marcando los minutos me pon\u00edan cada vez m\u00e1s nervioso. Ten\u00eda ganas de salir corriendo, de gritar y patalear hasta bloquear aquel sonido tan desagradable. Pero me obligu\u00e9 a quedarme quieto.<\/p>\n\n\n\n<p>Mis padres estaban sentados detr\u00e1s de m\u00ed y sent\u00eda sus miradas clavadas en mi espalda. Eso me hac\u00eda sentir rabia.<\/p>\n\n\n\n<p>El psic\u00f3logo mencion\u00f3 algunos t\u00e9rminos que no fui capaz de comprender, dijo que eran etapas, que solo ten\u00eda que aprender a controlar mis emociones. Habl\u00f3 de tristeza, impulsividad. Quise gritarle, decirle que no era tan f\u00e1cil, que un d\u00eda me despertaba vac\u00edo y no le encontraba sentido a la vida, y otros d\u00edas todo se me quedaba peque\u00f1o. Quer\u00eda explic\u00e1rselo y no encontr\u00e9 la forma de hacerlo. As\u00ed que no dije nada. Tan solo asent\u00ed y dije que me encontraba bien. Como siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie fue capaz de decir nada en el camino de vuelta a casa, mis manos se encontraban sobre mi regazo, ten\u00eda los nudillos blancos de apretar los pu\u00f1os. Porque si los m\u00e9dicos no sab\u00edan qu\u00e9 era lo que me pasaba es que no me hab\u00eda esforzado lo suficiente para parecer normal.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando levanto la vista la luz ya no es blanca ni cegadora. Ha cambiado. Los pasillos est\u00e1n vac\u00edos y la luz que entra por los grandes ventanales de la facultad es de un tono naranja tan intenso que parece que fuera todo est\u00e1 ardiendo. Pero s\u00e9 que tan solo es producto de mi imaginaci\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Miro la hora en mi m\u00f3vil, es tarde. No s\u00e9 en qu\u00e9 momento decid\u00ed saltarme las \u00faltimas clases, pero aqu\u00ed estoy. El tiempo se me ha vuelto a escapar de entre las manos y ya no hay vuelta atr\u00e1s. Nadie me ha buscado. Seguramente nadie haya notado mi ausencia y eso me reconforta, aunque no me tranquiliza.<\/p>\n\n\n\n<p>Recojo la mochila del suelo y salgo del edificio. El cielo desprende un color casi irreal para la hora que es. Camino un par de minutos y llego justo a tiempo a la parada del bus, me subo a \u00e9l, esquivando miradas, intentando no pensar demasiado. El balanceo y la m\u00fasica en mis auriculares me dejan un poco adormecido. La calma vuelve a instalarse en mi pecho, pesada, falsa. Pero me siento muy agotado mentalmente como para luchar contra ella, as\u00ed que me dejo llevar.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando llego a casa la \u00fanica luz que ilumina las calles es la de las farolas. Las luces del sal\u00f3n est\u00e1n encendidas, dejo las llaves en el cuenco de la entrada sin hacer ruido. Estoy a punto de subir las escaleras cuando escucho su voz.<\/p>\n\n\n\n<p>_\u00bfD\u00f3nde estabas?\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Me giro, mi hermana est\u00e1 apoyada en el marco de la puerta, con los brazos cruzados. No parece enfadada y eso es casi peor. Me mira con mucha atenci\u00f3n como si estuviera buscando algo diferente en m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>_En la uni- respondo.<\/p>\n\n\n\n<p>La luz del pasillo le da de lleno, y entonces me doy cuenta de que sus ojos est\u00e1n fijos en los m\u00edos. Su ce\u00f1o se frunce.<\/p>\n\n\n\n<p>_\u00bfTe has tomado algo?<\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta me pilla por sorpresa y me golpea m\u00e1s de lo que deber\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>_No- digo r\u00e1pido-. \u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<p>Tarda en responder. Entonces suspira, ese suspiro que conozco tan bien, ese suspiro que se lo he escuchado a mis padres, a los m\u00e9dicos. Ese suspiro que viene antes del miedo, o peor, de la decepci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>_Tienes las pupilas enormes- dice esta vez, con cautela-. No es normal.<\/p>\n\n\n\n<p>Siento como si algo dentro de mi interior se encendiera, la ira; la rabia, el miedo.<\/p>\n\n\n\n<p>_Est\u00e1s exagerando.<\/p>\n\n\n\n<p>_No, no lo estoy- responde ella, ahora s\u00ed, enfadada-. Te conozco y cuando est\u00e1s as\u00ed\u2026- se calla, sin saber c\u00f3mo terminar la frase-. Cuando est\u00e1s as\u00ed, me preocupas.<\/p>\n\n\n\n<p>_Pues no lo hagas- digo, m\u00e1s alto de lo que esperaba-. Estoy bien.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi hermana niega con la cabeza y la baja, separ\u00e1ndose de m\u00ed. Como quien se mete en una calle sin salida y debe retroceder.<\/p>\n\n\n\n<p>_Eso dices siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>_D\u00e9jame en paz- murmuro, antes de apartarla con el brazo y comenzar a subir las escaleras.<\/p>\n\n\n\n<p>No miro atr\u00e1s. No quiero ver en sus ojos lo que llevo negando muchos d\u00edas, no quiero ver reflejado en los ojos de mi hermana a un enfermo.<\/p>\n\n\n\n<p>Me encierro en mi habitaci\u00f3n y me dejo caer en la cama y el cansancio me golpea de golpe. Esta vez es distinto, la man\u00eda se ha convertido en otra cosa, ahora pesa, ahora todo es silencio. La cabeza me duele, los p\u00e1rpados me pesan y cada respiraci\u00f3n se convierte en una batalla perdida.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 cu\u00e1nto tiempo llevo tumbado en la cama, no s\u00e9 cu\u00e1ntos d\u00edas han sido, cu\u00e1ntas horas llevo encerrado entre estas cuatro paredes, ignorando que el mundo sigue girando a mi alrededor.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuerdo la primera vez que me pas\u00f3. Ten\u00eda trece a\u00f1os, llevaba semanas sin dormir. Me sent\u00eda imparable, vivo. A veces pon\u00eda en riesgo mi vida. Cruzaba la carretera sin parar, jugaba al borde de la azotea, sin pensar en ning\u00fan instante en el valor que ten\u00eda mi vida. Mis padres me dec\u00edan que parec\u00eda feliz. Y yo tambi\u00e9n lo pensaba. Pero un d\u00eda me despert\u00e9 y fui incapaz de levantarme de la cama. Todo lo que antes era euforia, ahora se hab\u00eda convertido en lo contrario. Mis pensamientos ya no eran err\u00e1ticos, ahora eran grises, lentos, feos. Nadie entend\u00eda qu\u00e9 estaba pasando, y yo tampoco.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando era m\u00e1s peque\u00f1o, hab\u00eda tenido d\u00edas malos, como cualquier otro ni\u00f1o que se enfadaba con el mundo y dejaba de hablar, pero esta vez era diferente, la tristeza era profunda y mi mente un pozo sin fondo en el que cada vez ca\u00eda m\u00e1s y m\u00e1s r\u00e1pido.<\/p>\n\n\n\n<p>Vuelvo al presente, mis manos temblorosas y fr\u00edas me recuerdan que sigo vivo, que sigo aqu\u00ed, que debo seguir adelante. Intento levantarme, pero el cuerpo me pesa demasiado, y como si fuera una broma del destino, mi caja de pastillas se encuentra encima de la mesilla. Record\u00e1ndome que esto no es un capricho. Esto es real y ya he vivido demasiado tiempo intentando ignorar qui\u00e9n soy.<\/p>\n\n\n\n<p>A estas alturas, te estar\u00e1s preguntando cu\u00e1l es mi nombre. Nunca lo he dicho. No porque no lo tenga. Sino porque hace mucho tiempo que dej\u00f3 de importarme. Porque cuando tienes un trastorno, muchas veces las personas dejan de verte como un humano, simplemente te conviertes en un enfermo m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>A los diecis\u00e9is a\u00f1os, alguien por fin pronunci\u00f3 las palabras que me encadenan a mi realidad, a mi destino, incluso cuando quiero escapar de ello: trastorno bipolar de ciclo r\u00e1pido, y adem\u00e1s de inicio temprano, lo que hace que mis s\u00edntomas sean mucho m\u00e1s intensos. Como si un nombre pudiese arreglar lo que lleva a\u00f1os rompi\u00e9ndose dentro de m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Soy dos pulsos. Y vivo entre ellos. Uno acelera tanto mi coraz\u00f3n que amenaza con salirse de mi pecho, mientras que el otro es tan lento que a veces siento que es el \u00faltimo, que el siguiente no va a llegar nunca. Uno me hace sentir euf\u00f3rico, el otro me hunde. Y es ah\u00ed, entre ambos pulsos donde mi mente aprende a adaptarse, a sobrevivir.<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca he dicho mi nombre porque no soy solo \u201cyo\u201d, podr\u00eda ser cualquiera. Podr\u00eda ser esa ni\u00f1a que vive luchando entre la vida y la muerte. O ese chico que vive entre la velocidad y el vac\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 por eso nunca he dicho mi nombre, porque esta historia no es solo m\u00eda. Esta historia le pertenece a todo aquel que sufre el mismo trastorno que yo. Porque podr\u00eda ser cualquiera.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEntre dos pulsos\u201d. Ah\u00ed es donde vivo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ni perdido, ni solo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ni muy alto ni muy bajo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ni triste ni contento.<\/p>\n\n\n\n<p>Simplemente intento aprender a quedarme.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-cyan-blue-color has-text-color has-link-color wp-elements-c3392a8d8c455e141b52d4d0cff5c97d\"><strong>Primer Premio Modalidad D: M\u00aa Mar Trujillo Gonz\u00e1lez, <em>La luz que nunca se apag\u00f3<\/em>.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>No recuerdo bien en qu\u00e9 d\u00eda estaba pero sab\u00eda que no est\u00e1bamos de vacaciones porque mis amigas estaban en la escuela. Yo regresaba de la casa de mi t\u00eda, donde me llevaron para pasar unos d\u00edas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Al abrir la puerta de mi casa vi que las cortinas marrones estaban echadas. La televisi\u00f3n estaba apagada. El sal\u00f3n estaba en penumbra a plena tarde en el mes de Mayo. No olvidar\u00e9 c\u00f3mo encontr\u00e9 a mi hermana mayor y a mi padre. Esa escena quedar\u00eda grabada en mi memoria para siempre.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Vi a mi hermana vestida de negro y a su derecha se encontraba mi padre, que tambi\u00e9n estaba vestido de negro, permanec\u00edan sentados mirando al suelo. Nadie habl\u00f3 cuando entr\u00e9.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfMam\u00e1?- pregunt\u00e9.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Mi voz fue ignorada, no recib\u00ed respuesta.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Asustada corr\u00ed por el pasillo. Abr\u00ed la puerta del dormitorio de mis padres de un portazo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Me encontr\u00e9 la cama hecha, demasiado hecha. Las s\u00e1banas estiradas, ol\u00edan a ella. La almohada colocada con cuidado a\u00fan advert\u00eda fragantes notas de su perfume. Pero ella no estaba, ni su vaso de agua medio lleno. No encontraba ni su bata ni sus zapatillas de estar por casa.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Me qued\u00e9 quieta mirando aquel vac\u00edo, tanto material como emocional. Fue ah\u00ed cuando entend\u00ed que algunas ausencias hacen ruido en el alma, y lo cambian todo. En un momento descubres que nada puede darse por sentado. Yo no sab\u00eda que el mundo pod\u00eda existir sin mi madre; para m\u00ed era tan imposible como un cielo sin estrellas. Pero ese d\u00eda comprend\u00ed que en un instante la vida puede cambiar para siempre.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Cumpl\u00ed ocho a\u00f1os cuando mi madre muri\u00f3 de c\u00e1ncer de mama. Hoy en d\u00eda esta terrible enfermedad no es tan mortal como en entonces. Pero en aquel momento era una palabra aterradora. No recuerdo exactamente las palabras que usaron los adultos. Pero recuerdo el silencio y la sensaci\u00f3n de fr\u00edo. Recuerdo que, de pronto, mi casa dej\u00f3 de parecer mi casa. Sin risas, sin esos olores a bizcocho reci\u00e9n hecho.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi madre era una excelente cocinera y una magn\u00edfica repostera. Mi madre era el alma de mi casa y de mi familia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Mi padre empez\u00f3 a estar presente f\u00edsicamente sin estar presente, como una presencia <em>excorp\u00f3rea<\/em>. Se sentaba en el sof\u00e1 mirando la televisi\u00f3n apagada durante horas. Con una mirada perdida y vac\u00eda que a\u00fan hoy me hiela el alma. Seguramente transitando por el recuerdo de tiempos mejores en lo m\u00e1s profundo de sus pensamientos que poco a poco le llevaban de vuelta a la dura realidad. La soledad de su compa\u00f1era ausente, de su confidente, de su mundo nos cambi\u00f3 la vida a todos. Aprend\u00ed entonces a no hacer demasiadas preguntas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora me doy cuenta que mi hermana no solo perdi\u00f3 a nuestra madre; perdi\u00f3 el derecho a ser hija. La ausencia le provoc\u00f3 un vac\u00edo que nadie supo ver. No tuvo tiempo para llorar como necesitaba, para gritar y preguntarse, \u201c\u00bfpor qu\u00e9?\u201d. Tuvo que reaccionar y ponerse al frente de una casa donde siempre se esper\u00f3 que las mujeres sostuvieran el peso de la misma. Ella tuvo que hacerse fuerte y crecer de la noche a la ma\u00f1ana, sin titubear y tirar de todos nosotros.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Meses despu\u00e9s lleg\u00f3 enero, que para un ni\u00f1o es el mes que alberga la mayor ilusi\u00f3n del a\u00f1o. Me acost\u00e9 pronto y con mucha ilusi\u00f3n. Deseando que llegara la ma\u00f1ana.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Me despert\u00e9 esa ma\u00f1ana del 6 de enero de 1988. Corr\u00ed al sal\u00f3n buscando los regalos de los Reyes Magos con gran ilusi\u00f3n pero no encontr\u00e9 nada. El sal\u00f3n estaba como siempre, sin nada especial, sin regalos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Mi hermana se levant\u00f3 de un salto al escucharme. Se llev\u00f3 la mano a la cabeza cuando se dio cuenta que no hab\u00eda ning\u00fan regalo. Mi padre no se acord\u00f3 tampoco, era una de las cosas de las que se encargaba mi madre. En ese preciso momento me d\u00ed cuenta que los Reyes Magos no exist\u00edan. Y tambi\u00e9n que desde hac\u00eda tiempo ya nada era como antes.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Desde ese preciso instante dej\u00e9 de esperar nada de nadie. Crec\u00ed deprisa y aprend\u00ed r\u00e1pido que los corazones rotos no se curan, que se pueden remendar y que cuando esto sucede se vuelven m\u00e1s fuertes y pueden con todo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Mi primer encuentro verdadero con la lectura no fue por casualidad, fue por salvaci\u00f3n. En verano, en uno de esos largos, silenciosos y tediosos, en los que el calor parec\u00eda aplastar los pensamientos, una vecina me dej\u00f3 un libro: Momo. No sab\u00eda que aquellas p\u00e1ginas pod\u00edan abrirme una puerta a un mundo desconocido y a la vez tan familiar.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde la primera l\u00ednea me sent\u00ed comprendida. Momo escuchaba a los dem\u00e1s de una manera que nadie me escuchaba a m\u00ed. En su mundo encontr\u00e9 algo que hab\u00eda perdido: tiempo, calma y sentido. Ese verano entend\u00ed que los libros pod\u00edan abrazar cuando nadie m\u00e1s lo hac\u00eda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pasar\u00f3n los a\u00f1os, pero no muchos. Y mi hermana crey\u00f3 que casarse ser\u00eda una forma de escapar. Pens\u00f3 que el amor pod\u00eda ser un refugio. Que formar su propia familia la liberar\u00eda del peso que llevaba sobre sus hombros desde hac\u00eda un lustro. Entonces se cas\u00f3, pero no se fue, se qued\u00f3 viviendo en casa.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El marido de mi hermana al principio parec\u00eda que nos brindaba ayuda. En teor\u00eda ven\u00eda a aportar estabilidad a mi hermana, pero la estabilidad se transform\u00f3 pronto en otra cosa.No lo vimos venir.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Mi padre dej\u00f3 de hacer el papel de padre y pas\u00f3 a un segundo plano. El espacio que \u00e9l hab\u00eda dejado vac\u00edo lo ocup\u00f3 el marido de mi hermana. Y lo ocup\u00f3 de la forma m\u00e1s mezquina y ruin posible.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>No fue un cambio r\u00e1pido, ni brusco, fue lento, progresivo, y quiz\u00e1s planeado. Primero comenz\u00f3 dando opiniones de todo y despu\u00e9s \u00f3rdenes disfrazadas de consejos. Posteriormente deriv\u00f3 en decisiones tomadas sin preguntar a nadie. Decid\u00eda horarios de llegada y salida. Empez\u00f3 a gestionar los gastos de la casa, y a levantar la voz cuando algo no le gustaba, record\u00e1ndonos que ahora era \u00e9l quien mandaba, de una forma directa o indirecta,el era la figura de autoridad de la casa.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Mi padre, que ya viv\u00eda a medias, empez\u00f3 a desaparecer del todo. Cedi\u00f3 su lugar sin ning\u00fan tipo de oposici\u00f3n. Lo que m\u00e1s me impact\u00f3, y fue muy inquietante, no era lo que hac\u00eda, sino lo que no hac\u00edamos o dej\u00e1bamos de hacer los dem\u00e1s.&nbsp; La casa no volvi\u00f3 a estar a oscuras como el d\u00eda que muri\u00f3 mi madre pero la luz dej\u00f3 de resplandecer para dar paso a la oscuridad, la confusi\u00f3n y el descontento. Con los a\u00f1os pudimos ver que el tiempo, todo lo ordena aunque no siempre de forma evidente, comenz\u00f3 a volver cada pieza a su sitio.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Algunas veces pienso que fue un desgaste lento. Una distancia que crec\u00eda en silencio. Hasta que un d\u00eda, su presencia dej\u00f3 de formar parte en nuestras vidas. Se alej\u00f3 de nosotros y por primera vez en mucho tiempo, volvimos a sentir esa tranquilidad y volvi\u00f3 la luz y la alegr\u00eda pero no lo quieres recordar. Fue entonces cuando me pude entregar por completo a mis libros.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Si antes hab\u00edan sido refugio, ahora se convirtieron en br\u00fajula. Me sumerg\u00eda en las historias y las viv\u00eda con una gran intensidad que parec\u00eda que eran reales. Cada<\/p>\n\n\n\n<p>novela era una posibilidad distinta de ser, de entender, de existir. En esos mundos nadie me ped\u00eda permiso para so\u00f1ar. Nadie decid\u00eda nada por m\u00ed.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y, sin darme cuenta , mientras le\u00eda vidas ajenas, empec\u00e9 a reconstruir la m\u00eda. Pero la vida volvi\u00f3 a jug\u00e1rmela y tuve que dejar los estudios antes de tiempo. El dinero hac\u00eda falta y tuve que trabajar a tiempo completo. Guard\u00e9 el sue\u00f1o de poder terminar mis estudios con la esperanza de poder retomarlos en alg\u00fan momento de mi vida, y no por imposici\u00f3n, sino por satisfacci\u00f3n personal y demostrarme a m\u00ed misma de lo que soy capaz.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pasar\u00f3n m\u00e1s de veinte a\u00f1os. Veinte a\u00f1os trabajando, siendo fuerte porque no sab\u00eda ser de otra forma, pero veinte a\u00f1os so\u00f1ando con el momento de poder retomar los estudios. Hasta que un d\u00eda, gracias al apoyo de mi familia, pude matricularme y empezar a llevar a cabo mi postergado sue\u00f1o.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El primer d\u00eda observ\u00e9 a mis compa\u00f1eros entrar con carpetas debajo del brazo, hablando de ex\u00e1menes, de proyectos y de futuro. Y volv\u00ed a sentir algo que cre\u00eda apagado, y no era nostalgia, era deseo de continuar aprendiendo, de retomar mi vida desde donde la dej\u00e9 aparcada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y entonces record\u00e9 aquel verano y a aquella ni\u00f1a sentada en un ba\u00fal viejo que estaba leyendo Momo. Y record\u00e9 como aquella historia me ense\u00f1\u00f3 que el tiempo no solo se pierde; tambi\u00e9n se puede recuperar. Entend\u00ed que yo hab\u00eda dejado que la vida decidiera por m\u00ed durante demasiado tiempo. Y ahora me tocaba a m\u00ed.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY por qu\u00e9?, porque fue un acto de fidelidad a la ni\u00f1a que corri\u00f3 por aquel pasillo oscuro buscando a su madre. Por aquella adolescente que se sinti\u00f3 sola y por la joven que una noche pens\u00f3 en rendirse y decidi\u00f3 quedarse para luchar. Estudiar de adulta fue m\u00e1s dif\u00edcil de lo que imaginaba. El cansancio pesaba distinto; las dudas eran m\u00e1s frecuentes; y las responsabilidades, m\u00e1s grandes. Empero tambi\u00e9n hab\u00eda algo nuevo: elecci\u00f3n. Esta vez no estudiaba por obligaci\u00f3n, lo hac\u00eda por libre elecci\u00f3n, lo hac\u00eda por m\u00ed, por ser una mejor versi\u00f3n de m\u00ed misma. Comprend\u00ed despu\u00e9s de todo que la vida no se mide por lo que te quitan, sino por lo que decides reconstruir. Que ser fiel a una misma es la forma m\u00e1s profunda y verdadera de resistencia que podemos demostrarnos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Perd\u00ed a mi madre, s\u00ed.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Perd\u00ed mi infancia antes de tiempo, s\u00ed.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Perd\u00ed a\u00f1os que no volver\u00e1n, por supuesto.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero recuper\u00e9 algo m\u00e1s importante: mi propia voz.<\/p>\n\n\n\n<p>Y hoy s\u00e9 que aquella ni\u00f1a que pas\u00f3 por tanto no estaba destinada a quedarse en la oscuridad. Al contrario, sin saberlo, estaba aprendiendo a brillar con su propia luz porque, al final, nadie tiene m\u00e1s poder sobre tu propia historia que t\u00fa misma.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-cyan-blue-color has-text-color has-link-color wp-elements-05c68aee67d0966aeaf60c243b0957cb\"><strong>Segundo Premio Modalidad D: Sandra Balbuena Gonz\u00e1lez, <em>En otra vida.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Desde la desaparici\u00f3n de su padre dej\u00f3 de ser la misma. Con el paso de los a\u00f1os aprendi\u00f3 a&nbsp; convivir con el dolor, no un dolor cualquiera, sino uno hondo y persistente, que la sum\u00eda en&nbsp; una oscuridad interminable: un dolor nacido del abandono. O al menos eso cree.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Marta conduc\u00eda en silencio por la carretera secundaria que llevaba a su antigua casa. A su&nbsp; lado, su marido la observaba de reojo, sin atreverse a romper del todo el muro invisible que&nbsp; ella misma hab\u00eda construido. En el asiento trasero, su hija dorm\u00eda con la cabeza ladeada,&nbsp; ajena al motivo real de aquel viaje. Regresaban para terminar de recoger las \u00faltimas&nbsp; pertenencias de su madre, fallecida hac\u00eda apenas unos d\u00edas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Cari\u00f1o, \u00bfprefieres que vaya yo y\u2026? \u2014empez\u00f3 \u00e9l con voz suave, dejando la frase&nbsp; suspendida en el aire, como si temiera completarla.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Marta tard\u00f3 unos segundos en reaccionar. Estaba lejos, atrapada en pensamientos que no&nbsp; quer\u00eda compartir. Parpade\u00f3, volvi\u00f3 a la carretera y respondi\u00f3 con un tono m\u00e1s fr\u00edo de lo que&nbsp; pretend\u00eda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No. Est\u00e1 bien.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Su mirada se desplaz\u00f3 al espejo retrovisor. Observ\u00f3 a su hija dormida, peque\u00f1a y fr\u00e1gil,&nbsp; respirando con calma. Despu\u00e9s mir\u00f3 a su marido, que a\u00fan aguardaba una se\u00f1al.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ser\u00e1 r\u00e1pido \u2014a\u00f1adi\u00f3, casi para convencerse a s\u00ed misma. Pero sab\u00eda que no lo ser\u00eda.&nbsp; Porque no se trataba solo de recoger cajas, sino de despedirse, una vez m\u00e1s, de todo lo que&nbsp; esa casa hab\u00eda significado.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Sin despegar la mirada del volante, estaciona justo frente a la casa. Permanece inm\u00f3vil&nbsp; unos segundos, con las manos a\u00fan apoyadas sobre el cuero, dejando que el motor se&nbsp; apague y el silencio lo invada todo. Toma aire, sale del coche y, al incorporarse, sus ojos&nbsp; contemplan lo que un d\u00eda fue el escenario de su infancia. La casa se alza ante ella, intacta,&nbsp; desgastada por los a\u00f1os. Cada detalle que observaba despertaba en ella sus recuerdos m\u00e1s&nbsp; profundos: todos los momentos compartidos junto a su padre.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de entrar, se gira un instante y observa a su marido, abstra\u00eddo, entretenido con el m\u00f3vil&nbsp;dentro del coche. La escena cotidiana le arranca una sonrisa suave, casi agradecida.&nbsp; Despu\u00e9s vuelve la vista al frente y, con una mezcla de nostalgia y determinaci\u00f3n, contin\u00faa su&nbsp; camino hacia el interior del domicilio. Sin pensarlo dos veces, camina directa hacia el&nbsp; dormitorio, ajena a su alrededor. No estaba dispuesta a dejar que los recuerdos dolorosos la&nbsp; alcanzaran de nuevo.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Qued\u00f3 sorprendida al cruzar la puerta y contemplar el caos que desataba en el interior. No&nbsp; era la primera vez que lo ve\u00eda. La habitaci\u00f3n transmit\u00eda una sensaci\u00f3n de cansancio, como si&nbsp; acabara de sobrevivir a una tormenta que nadie m\u00e1s pod\u00eda ver; sobre la cama, las s\u00e1banas&nbsp; arrugadas se mezclaban con monta\u00f1as de ropa, algunas dobladas con prisa; en el suelo,&nbsp; algunos papeles y facturas se extend\u00edan alrededor de la mesilla; sobre la c\u00f3moda, un vaso&nbsp; de agua sosten\u00eda varias pastillas a medio disolver; junto a \u00e9l, un paquete de galletas abierto,&nbsp; olvidado, dejando ver algunas piezas mordidas\u2026 Pero algo en particular llam\u00f3 la atenci\u00f3n de&nbsp; Marta. La l\u00e1mpara de la mesilla que su madre olvid\u00f3 apagar, a\u00fan se proyectaba sobre un&nbsp; \u00fanico objeto. Al acercarse, se percataba de un archivador. No necesitaba abrirlo. Sab\u00eda&nbsp; demasiado bien lo que guardaba: cartas oficiales, notificadas por la polic\u00eda. Papeles fr\u00edos que&nbsp; documentaban la desaparici\u00f3n de su padre. A\u00f1os y a\u00f1os de b\u00fasqueda reducidos a tinta y&nbsp; sellos administrativos en vano. Jam\u00e1s lograron encontrarlo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00fan recuerda aquel momento que cambi\u00f3 su vida para siempre: el d\u00eda en que desapareci\u00f3&nbsp; su padre. Hab\u00eda comenzado como cualquier otro, sin presagios ni se\u00f1ales. Por entonces,&nbsp; Marta iba al colegio; regresaba a casa, com\u00eda con su familia, se encerraba en su habitaci\u00f3n&nbsp; para hacer los deberes y, siempre que terminaba, sal\u00eda disparada en busca de su padre para&nbsp; jugar junto a \u00e9l. Una rutina imprescindible que daba sentido a sus tardes, pero no dur\u00f3&nbsp; mucho. No despu\u00e9s de aquella llamada.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n es, pap\u00e1?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el padre no contest\u00f3. Se hizo un breve silencio.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPap\u00e1?\u2014insisti\u00f3 la ni\u00f1a, con un hilo de inquietud en la voz.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Tard\u00f3 varios segundos en reaccionar, como si el tiempo se hubiese detenido. De pronto,&nbsp; cruz\u00f3 r\u00e1pidamente el pasillo y se dirigi\u00f3 a la puerta de entrada. Marta lo observaba sin&nbsp; entender. Antes de salir, se detuvo un instante y, sin siquiera girarse para mirarla, dice unas&nbsp; \u00faltimas palabras.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Espera a que venga mam\u00e1.\u2014a\u00f1ade, apenas lo suficiente para que su voz alcanzara el&nbsp; interior de la casa.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La puerta se cerr\u00f3 con un crujido seco. Aquellas palabras quedaron suspendidas en el aire,&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>repiti\u00e9ndose en eco contra los pensamientos de Marta. Al anochecer, su madre la encontr\u00f3&nbsp; dormida sobre la mesa del sal\u00f3n, vencida por el cansancio y por una espera que se le hizo&nbsp; eterna. A su lado, yac\u00eda un tablero de ajedrez; las piezas, congeladas en plena partida,&nbsp; parec\u00edan esperar un pr\u00f3ximo movimiento que jam\u00e1s nadie lleg\u00f3 a completar.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El punzante recuerdo se aferraba a Marta mientras reorganizaba la habitaci\u00f3n de mam\u00e1.&nbsp; Deb\u00eda de aguantar, no pod\u00eda derrumbarse ahora. Todav\u00eda no. Al terminar y avanzar de nuevo&nbsp; por aquel pasillo, su mirada se desliz\u00f3 casi por inercia hacia la habitaci\u00f3n de su padre. Pero&nbsp; esta vez no pas\u00f3 de largo. Se detuvo unos segundos al darse cuenta que la puerta estaba&nbsp; completamente abierta. No recordaba si la \u00faltima vez estaba cerrada. Dudaba en entrar, pero&nbsp; finalmente lo hizo. La habitaci\u00f3n, a diferencia de su madre, conservaba el orden habitual de&nbsp; siempre. Sobre el escritorio a\u00fan permanec\u00eda la tesis que su padre llevaba a\u00f1os trabajando;&nbsp; l\u00e1pices y calculadoras se mezclaban con cuadernos abiertos, cuyas p\u00e1ginas estaban&nbsp; cubiertas de f\u00f3rmulas garabateadas. Los n\u00fameros y las ecuaciones parec\u00edan reinar en aquel&nbsp; espacio fr\u00edo y r\u00edgido.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Entre ellos exist\u00edan dos mundos completamente opuestos; para Marta no eran m\u00e1s que&nbsp; vagas indeterminaciones, sombras abstractas que flotaban sin forma ni sentido, imposibles&nbsp; de atrapar, como los fragmentos de un mundo que nunca podr\u00eda comprender por completo.&nbsp; Ella prefer\u00eda dejar que sus emociones hablasen por s\u00ed mismas, exponi\u00e9ndolos a trav\u00e9s de un&nbsp; lienzo o un papel, sin depender de la l\u00f3gica ni el fr\u00edo razonamiento.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Al poco rato de quedarse ensimismada frente a aquellas ecuaciones que desafiaban sus&nbsp; conocimientos, Marta percibi\u00f3 algo fuera de lugar: a apenas unos cent\u00edmetros de ella, sobre&nbsp; el suelo, yac\u00eda un sobre blanco en medio de la habitaci\u00f3n. Mira alrededor, nerviosa, como si&nbsp; temiera ser observada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Vale, ya pod\u00e9is salir.\u2014dijo, esperando impaciente la reacci\u00f3n de su marido y su hija.\u2014No&nbsp; tiene gracia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En ese instante, el sonido seco de una notificaci\u00f3n rompi\u00f3 el silencio. Da un peque\u00f1o&nbsp; respingo y saca r\u00e1pidamente el tel\u00e9fono. Abre el chat. Es su marido, qui\u00e9n le ha enviado una&nbsp; foto: su hija aparec\u00eda en la pantalla con un helado en la mano, sonriendo abiertamente a la&nbsp; c\u00e1mara. Justo debajo aparece un texto: <em>Te esperamos en la helader\u00eda de la esquina. Te&nbsp; quiero.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>No entiende qu\u00e9 est\u00e1 pasando. El desconcierto le oprime el pecho. Apaga el m\u00f3vil con un&nbsp; gesto brusco y se gira lentamente hacia el sobre. Permanece unos segundos mir\u00e1ndolo,&nbsp; inm\u00f3vil, dejando que el silencio se espese a su alrededor. Finalmente, conteniendo la&nbsp; respiraci\u00f3n, se agacha con cautela y lo toma entre las manos. Sus nervios se intensifican al&nbsp;descubrir su nombre en el sobre. Pero no es eso lo que la paraliza, sino la letra. La conoce&nbsp; demasiado bien. Por un momento, dese\u00f3 que todo fuera una broma pesada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Lo abre con torpeza y extrae temblorosamente el contenido de este: una fotograf\u00eda y una&nbsp; carta doblada con precisi\u00f3n. Sostuvo la fotograf\u00eda entre los dedos, notando c\u00f3mo el pulso le&nbsp; traicionaba. Durante un segundo dud\u00f3 en mirarla, como si intuyera que, al hacerlo, algo&nbsp; dentro de ella terminar\u00eda de romperse. Baj\u00f3 la vista. El aire se le qued\u00f3 atrapado en los&nbsp; pulmones. Su padre estaba ah\u00ed, un poco m\u00e1s viejo de lo que lo recordaba, sonriendo con&nbsp; tristeza. Pero no estaba solo, a su lado hab\u00eda una mujer. Marta frunci\u00f3 el ce\u00f1o. No la&nbsp; reconoc\u00eda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00eda el cabello descuidado, m\u00e1s apagado, el rostro cansado, surcado por sombras que&nbsp; parec\u00edan a\u00f1os de desgaste. Vest\u00eda de forma sencilla, sin intenci\u00f3n de agradar a nadie, la&nbsp; ropa le ca\u00eda holgada, como si no encontrara d\u00f3nde apoyarse en su cuerpo. Su delgadez era&nbsp; extrema, inquietante. Los huesos le marcaban la silueta con crudeza: clav\u00edculas afiladas,&nbsp; mu\u00f1ecas fr\u00e1giles como ramas secas, mejillas hundidas que acentuaban a\u00fan m\u00e1s el tama\u00f1o&nbsp; de sus ojos. Hab\u00eda en ella una fragilidad casi transparente, c\u00f3mo si la melancol\u00eda reinara en&nbsp; ella. Hab\u00eda algo en su postura, en la expresi\u00f3n familiar en que miraba a la c\u00e1mara, que le&nbsp; resultaba inquietantemente cercano. Sinti\u00f3 un escalofr\u00edo lento, profundo. No sab\u00eda qui\u00e9n era&nbsp; aquella mujer, pero hab\u00eda algo insoportable en ella. La forma de los p\u00f3mulos. La l\u00ednea de la&nbsp; mand\u00edbula. La curva casi id\u00e9ntica de las cejas. Era como mirarse en un espejo deformado&nbsp; por el tiempo y la derrota. Retrocedi\u00f3 un paso. No pod\u00eda ser.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Su mente intent\u00f3 encontrar una explicaci\u00f3n l\u00f3gica \u2014una prima lejana, un parecido casual,&nbsp; una mala iluminaci\u00f3n\u2026\u2014pero el miedo empezaba a imponerse sobre cualquier&nbsp; razonamiento. Aquella desconocida ten\u00eda su mismo rostro\u2026 solo que marchito. Como si la&nbsp; vida la hubiera atravesado sin piedad. Y su padre la abrazaba con una cercan\u00eda que no&nbsp; dejaba espacio para dudas. Su cabeza no piensa con claridad, est\u00e1 desorientada.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La imagen resbal\u00f3 de sus manos y cay\u00f3 al suelo con un sonido leve, casi insignificante. Aun&nbsp; as\u00ed, el golpe retumb\u00f3 en su cabeza como un disparo. Marta apenas la mir\u00f3 mientras quedaba&nbsp; boca arriba sobre el suelo; el rostro de su padre observ\u00e1ndola desde el \u00e1ngulo torcido en el&nbsp; que hab\u00eda quedado. No pod\u00eda seguir mirando aquella imagen. No todav\u00eda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Con la respiraci\u00f3n entrecortada, llev\u00f3 la vista hacia la carta. Dud\u00f3 de nuevo unos segundos.&nbsp; Desliza el dedo por el pliegue y la abre con cuidado. Finalmente abierta, procede a leer entre&nbsp; susurros:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>Hija m\u00eda,&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Si est\u00e1s leyendo esto, significa que has encontrado algo que durante a\u00f1os no supe c\u00f3mo&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>explicarte. No desaparec\u00ed por cobard\u00eda. Dej\u00e9 de existir.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>La mujer que aparece conmigo en la fotograf\u00eda\u2026 no es una desconocida. Eres t\u00fa. O, mejor&nbsp; dicho, una versi\u00f3n de ti que existi\u00f3 en otro camino, en otra vida posible. Una Marta que tom\u00f3&nbsp; decisiones distintas, que se dej\u00f3 arrastrar por la oscuridad hasta un punto sin retorno.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Ella se quit\u00f3 la vida. Y ese acto, hija m\u00eda, lo cambi\u00f3 todo.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Tu muerte gener\u00f3 en m\u00ed un vac\u00edo inimaginable y, gracias e eso, comprend\u00ed que pod\u00eda&nbsp; salvarte. S\u00e9 que suena imposible, pero no lo es. Yo mismo tard\u00e9 en aceptarlo. Despu\u00e9s de&nbsp; muchos a\u00f1os de estudio y esfuerzo, descubr\u00ed que el mundo es m\u00e1s extra\u00f1o de lo que&nbsp; creemos. Hay alteraciones que pueden cambiarse.&nbsp;&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Aquella llamada no era m\u00e1s que yo mismo, pero de otro tiempo alternativo. Un yo del futuro.&nbsp; Pude ver, hija m\u00eda, que a trav\u00e9s de todas las vidas posibles, de cada bifurcaci\u00f3n que la&nbsp; existencia pod\u00eda ofrecerme, de cada decisi\u00f3n que tom\u00e9 o dej\u00e9 de tomar\u2026 hab\u00eda un patr\u00f3n&nbsp; inmutable. Despu\u00e9s de innumerables intentos, de caminos que terminaban en callejones sin&nbsp; salida, comprend\u00ed algo que ning\u00fan manual, ninguna raz\u00f3n ni c\u00e1lculo pod\u00eda anticipar:&nbsp; desaparecer. No hubo otra salida que permitiera salvarte sin romper el equilibrio, sin que tu&nbsp; luz se apagara antes de tiempo. Cada gesto, cada paso que di en aquel otro mundo, cada&nbsp; elecci\u00f3n que parec\u00eda trivial\u2026 llevaba consigo consecuencias que no pod\u00eda ignorar. Y entend\u00ed&nbsp; que mi ausencia, mi sacrificio, era el precio que deb\u00eda pagar para asegurarte un futuro. El&nbsp; precio de darte la vida.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y no me importaba. No sent\u00ed miedo ni arrepentimiento. S\u00f3lo la certeza de que, cada&nbsp; renuncia, en cada uno de todos los tiempos, estaba justificada por el brillo que pod\u00eda verte&nbsp; conservar. Aunque mis ojos no puedan encontrarte ahora, s\u00e9 la vida que has vivido, lo que&nbsp; has tocado y dejado atr\u00e1s. Y s\u00e9 que leer\u00e1s esto. Porque aunque parezca que no existo,&nbsp; realmente estoy viviendo otra vez lo ocurrido. Como si fuera un ciclo.&nbsp;&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Perd\u00f3name por el dolor que caus\u00e9 con mi ausencia. Pero necesitaba que me odiaras antes&nbsp; de que aprendieras a odiarte a ti misma.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Adi\u00f3s hija m\u00eda, estoy seguro de qu\u00e9\u2026 de una forma u otra, el tiempo nos volver\u00e1 a juntar, Pap\u00e1.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, de manera inesperada, sinti\u00f3 un calor familiar envolvi\u00e9ndola por detr\u00e1s. Observ\u00f3 a&nbsp; su hija que, con una sonrisa t\u00edmida, la abrazaba con fuerza.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1B\u00fa!\u2014grit\u00f3 la ni\u00f1a, ri\u00e9ndose a carcajadas. Pero al notar algo distinto, su expresi\u00f3n cambi\u00f3. \u2014 Mami, \u00bfpor qu\u00e9 lloras?<\/p>\n\n\n\n<p>Desde la puerta, su marido observaba la escena. Al ver las l\u00e1grimas recorrer el rostro de&nbsp; Marta, se acerca con preocupaci\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Cielo, \u00bfest\u00e1s bien?, \u00bfte ocurre algo?\u2014 insiste, intentando comprender aquella expresi\u00f3n.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Marta no pudo aguantar m\u00e1s. Finalmente cay\u00f3 derrumbada ante ellos. Las l\u00e1grimas segu\u00edan&nbsp; resbalando por su mejilla, sin contenci\u00f3n, profundas, como si no fueran s\u00f3lo de ese momento&nbsp; sino de todos los a\u00f1os guardados. Se llev\u00f3 una mano al pecho, intentando respirar entre&nbsp; sollozos que le sacud\u00edan el cuerpo. Su marido lleg\u00f3 hasta ellas y las envolvi\u00f3 a ambas con&nbsp; los brazos, sin hacer m\u00e1s preguntas, sosteni\u00e9ndola mientras ella temblaba.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Est\u00e1 bien\u2026 estoy aqu\u00ed\u2026 \u2014susurr\u00f3 \u00e9l, aunque no entendiera del todo qu\u00e9 estaba pasando.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La ni\u00f1a la miraba con los ojos muy abiertos, confundida, y le acariciaba el brazo con su&nbsp; manita peque\u00f1a, como si quisiera reparar algo invisible. Mientras tanto, Marta baj\u00f3 la vista.&nbsp; La fotograf\u00eda ya no estaba. Parpade\u00f3, aturdida. Busc\u00f3 con la mirada por los alrededores;&nbsp; entre los papeles, bajo la mesa, en el suelo&#8230; Nada. El lugar donde hab\u00eda estado era ahora&nbsp; un espacio desnudo, intacto, como si jam\u00e1s hubiera existido. El coraz\u00f3n le dio un vuelco.&nbsp; Con manos todav\u00eda temblorosas, mir\u00f3 la carta que segu\u00eda sosteniendo. Las palabras que&nbsp; hab\u00eda le\u00eddo, ya no estaban. El papel estaba en blanco. Nada m\u00e1s.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Se sec\u00f3 las l\u00e1grimas con el dorso de la mano. Mir\u00f3 a su hija de nuevo. Y al fin comprendi\u00f3:&nbsp; decidi\u00f3 retirarse justo despu\u00e9s de cumplir su prop\u00f3sito. Tal vez no estaba en todas partes. Lo&nbsp; que s\u00ed sab\u00eda es que estaba cumpliendo el mismo prop\u00f3sito, en otra vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Departamento de Lengua castellana y Literatura.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicamos a continuaci\u00f3n los textos ganadores en el Certamen de relatos del presente curso, para disfrut\u00e9is con su lectura. Primer Premio Modalidad A: Ariadna Garc\u00eda Pedregal \u00abEl valor de la verdad\u00bb. Por&nbsp; fin lleg\u00f3 septiembre, pero no un septiembre cualquiera, este a\u00f1o era especial. Cayetana, una ni\u00f1a con una sonrisa preciosa, pelo rizado y un [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_bbp_topic_count":0,"_bbp_reply_count":0,"_bbp_total_topic_count":0,"_bbp_total_reply_count":0,"_bbp_voice_count":0,"_bbp_anonymous_reply_count":0,"_bbp_topic_count_hidden":0,"_bbp_reply_count_hidden":0,"_bbp_forum_subforum_count":0,"_et_pb_use_builder":"off","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[82,44,224,76,75,77],"tags":[142],"class_list":["post-5470","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-creacion-literaria","category-dia-libro","category-libros","category-rincon-creativo","category-vida-en-el-centro","category-vida-en-nuestra-ciudad","tag-departamento-lengua-y-literatura"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.iescristobaldemonroy.es\/periodico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5470","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.iescristobaldemonroy.es\/periodico\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.iescristobaldemonroy.es\/periodico\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iescristobaldemonroy.es\/periodico\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iescristobaldemonroy.es\/periodico\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5470"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.iescristobaldemonroy.es\/periodico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5470\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5483,"href":"https:\/\/www.iescristobaldemonroy.es\/periodico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5470\/revisions\/5483"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.iescristobaldemonroy.es\/periodico\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5470"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iescristobaldemonroy.es\/periodico\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5470"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iescristobaldemonroy.es\/periodico\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5470"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}