{"id":3142,"date":"2019-12-10T12:37:00","date_gmt":"2019-12-10T12:37:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.iescristobaldemonroy.es\/wordpress\/?p=3142"},"modified":"2019-12-10T17:20:37","modified_gmt":"2019-12-10T17:20:37","slug":"lo-que-aprendi-de-sanson-y-dalila","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.iescristobaldemonroy.es\/wordpress\/2019\/12\/10\/lo-que-aprendi-de-sanson-y-dalila\/","title":{"rendered":"Lo que aprend\u00ed de Sans\u00f3n y Dalila"},"content":{"rendered":"<p>He gastado fortunas en equipos de m\u00fasica. Siento una natural atracci\u00f3n por cualquier cosa que emita sonidos acompasados: un motor de explosi\u00f3n, un ronroneo de gato y por supuesto todo tipo de instrumentos, altavoces, amplificadores y reproductores de todos los formatos de audio conocidos. Siempre me maravill\u00f3 la posibilidad de registrar una voz o un instrumento en un objeto (un vinilo, por ejemplo) y poder replicar ese sonido que una vez existi\u00f3 hace mucho tiempo y muy lejos de m\u00ed. Recuerdo el impacto que supuso para m\u00ed saber que el animado cantante de The Beatles que sonaba por los altavoces siempre joven hab\u00eda muerto poco antes de yo nacer. Es decir, casi a la vez fui consciente de la muerte y de la posibilidad de vencer a la muerte a trav\u00e9s de la m\u00fasica. Pero en cierto modo, \u00bfno es toda la m\u00fasica grabada m\u00fasica muerta? Todo dispositivo de sonido altera el sonido inicial. Nuestras voces jam\u00e1s suenan igual por tel\u00e9fono, por un meg\u00e1fono o grabadas en el mejor estudio de Los \u00c1ngeles. Hay cierto drama en esto, puesto que tampoco uno mismo podr\u00e1 o\u00edr su voz tal cual suena, tal cual la oyen los dem\u00e1s, sencillamente porque nos escuchamos tambi\u00e9n de manera interna.<\/p>\n<p>Y este amor imposible a replicar los sonidos originales fue el origen de lo que se conoci\u00f3 como \u201calta fidelidad\u201d (que tambi\u00e9n es el t\u00edtulo de una excelente novela y pel\u00edcula). La alta fidelidad surge ante el deseo de los aficionados de reproducir en sus casas la m\u00fasica de la manera m\u00e1s parecida posible a los int\u00e9rpretes originales, la carrera infinita por mejorar un amplificador, un altavoz o la aguja del tocadiscos de modo que aumenten los matices de cada instrumento y voz. Pero este amor plat\u00f3nico, como todos, est\u00e1 condenado al fracaso: podemos mejora indefinidamente nuestros equipos y estos mejorar\u00e1n la representaci\u00f3n de nuestras copias, pero nunca ser\u00e1n el sonido original. Por eso nos sigue atrayendo la m\u00fasica en directo, porque en ella hay verdad. Pero incluso aqu\u00ed hay problemas: el sonido que nos llega es evidentemente el del instrumento o la garganta, pero tambi\u00e9n el de los rebotes de ese sonido en las paredes, techo, mobiliario, etc\u00e9tera y adem\u00e1s solemos recibir el sonido por un sistema de amplificaci\u00f3n que interfiere en la se\u00f1al original&#8230; A veces, ni siquiera el directo es \u201cdirecto\u201d. El amor a la m\u00fasica,<br \/>\ncomo los amores legendarios, suele ser frustrante e imposible.<\/p>\n<p>Y sin embargo, el ser humano es capaz de los mayores excesos por amor y hace casi treinta a\u00f1os se construy\u00f3 un templo del sonido: el Teatro de la Maestranza. Y digo que es una obra de amor porque es un edificio enorme hecho con el fin \u00faltimo de que el sonido se propague sin interferencias, que el o\u00eddo amante y el sonido amado se puedan encontrar en un entorno acogedor y libre. He gastado muchos a\u00f1os y mucho dinero persiguiendo lo que sucedi\u00f3 el pasado 12 de noviembre. Para m\u00ed, que nunca hab\u00eda ido a la \u00f3pera, la sensaci\u00f3n era de un hurac\u00e1n que me arrancaba del suelo, algo que no me daba la opci\u00f3n de mantenerme en la mediocridad de un martes por la noche, la obligaci\u00f3n de dejarme llevar por ese ej\u00e9rcito de voces y m\u00fasicos que me ofrec\u00edan por primera vez la experiencia total de un sonido sin aditivos, sin filtros, la pureza de la vibraci\u00f3n del aire producida a unos metros de m\u00ed. Y entonces hubo verdad.<\/p>\n<p>Nunca m\u00e1s nadie podr\u00e1 escuchar lo que escuchamos, porque sencillamente ya fue, porque no hay manera de registrar lo que sucedi\u00f3 y reproducirlo sin, en cierto modo, enga\u00f1ar al futuro oyente.<\/p>\n<p>Cada aplauso que ofrecimos fue un gesto de agradecimiento a los int\u00e9rpretes por habernos brindado una experiencia REAL de m\u00fasica.<\/p>\n<p>Lo que aprend\u00ed de Sans\u00f3n y Dalila fue el sabor de la realidad, a partir de la cual todas las dem\u00e1s experiencias saben a copia. Esa realidad cada vez m\u00e1s escasa en este mundo virtualizado. Ese mismo sabor que uno tiene cuando vive el primer amor real y descubre que todos los anteriores amores no fueron m\u00e1s que deseos de enamorarse.<\/p>\n<p>Juan de Dios Pascual Garc\u00eda (Profesor de Filosof\u00eda del IES Crist\u00f3bal de Monroy).<\/p>\nngg_shortcode_0_placeholder\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>He gastado fortunas en equipos de m\u00fasica. 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Nuestras voces jam\u00e1s suenan igual por tel\u00e9fono, por un meg\u00e1fono o grabadas en el mejor estudio de Los \u00c1ngeles. Hay cierto drama en esto, puesto que tampoco uno mismo podr\u00e1 o\u00edr su voz tal cual suena, tal cual la oyen los dem\u00e1s, sencillamente porque nos escuchamos tambi\u00e9n de manera interna. Y este amor imposible a replicar los sonidos originales fue el origen de lo que se conoci\u00f3 como \u201calta fidelidad\u201d (que tambi\u00e9n es el t\u00edtulo de una excelente novela y pel\u00edcula). La alta fidelidad surge ante el deseo de los aficionados de reproducir en sus casas la m\u00fasica de la manera m\u00e1s parecida posible a los int\u00e9rpretes originales, la carrera infinita por mejorar un amplificador, un altavoz o la aguja del tocadiscos de modo que aumenten los matices de cada instrumento y voz. Pero este amor plat\u00f3nico, como todos, est\u00e1 condenado al fracaso: podemos mejora indefinidamente nuestros equipos y estos mejorar\u00e1n la representaci\u00f3n de nuestras copias, pero nunca ser\u00e1n el sonido original. Por eso nos sigue atrayendo la m\u00fasica en directo, porque en ella hay verdad. Pero incluso aqu\u00ed hay problemas: el sonido que nos llega es evidentemente el del instrumento o la garganta, pero tambi\u00e9n el de los rebotes de ese sonido en las paredes, techo, mobiliario, etc\u00e9tera y adem\u00e1s solemos recibir el sonido por un sistema de amplificaci\u00f3n que interfiere en la se\u00f1al original&#8230; A veces, ni siquiera el directo es \u201cdirecto\u201d. El amor a la m\u00fasica, como los amores legendarios, suele ser frustrante e imposible. Y sin embargo, el ser humano es capaz de los mayores excesos por amor y hace casi treinta a\u00f1os se construy\u00f3 un templo del sonido: el Teatro de la Maestranza. Y digo que es una obra de amor porque es un edificio enorme hecho con el fin \u00faltimo de que el sonido se propague sin interferencias, que el o\u00eddo amante y el sonido amado se puedan encontrar en un entorno acogedor y libre. He gastado muchos a\u00f1os y mucho dinero persiguiendo lo que sucedi\u00f3 el pasado 12 de noviembre. Para m\u00ed, que nunca hab\u00eda ido a la \u00f3pera, la sensaci\u00f3n era de un hurac\u00e1n que me arrancaba del suelo, algo que no me daba la opci\u00f3n de mantenerme en la mediocridad de un martes por la noche, la obligaci\u00f3n de dejarme llevar por ese ej\u00e9rcito de voces y m\u00fasicos que me ofrec\u00edan por primera vez la experiencia total de un sonido sin aditivos, sin filtros, la pureza de la vibraci\u00f3n del aire producida a unos metros de m\u00ed. Y entonces hubo verdad. Nunca m\u00e1s nadie podr\u00e1 escuchar lo que escuchamos, porque sencillamente ya fue, porque no hay manera de registrar lo que sucedi\u00f3 y reproducirlo sin, en cierto modo, enga\u00f1ar al futuro oyente. Cada aplauso que ofrecimos fue un gesto de agradecimiento a los int\u00e9rpretes por habernos brindado una experiencia REAL de m\u00fasica. Lo que aprend\u00ed de Sans\u00f3n y Dalila fue el sabor de la realidad, a partir de la cual todas las dem\u00e1s experiencias saben a copia. Esa realidad cada vez m\u00e1s escasa en este mundo virtualizado. Ese mismo sabor que uno tiene cuando vive el primer amor real y descubre que todos los anteriores amores no fueron m\u00e1s que deseos de enamorarse. 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