Estudiar la poesía a través de la historia es algo que nos puede sonar familiar, pero estudiar la historia a través de la poesía no tanto.
En el comienzo de la asignatura de Historia de España de 2º Bachillerato propongo hacer una reflexión sobre las cuatro perspectivas que podemos utilizar para estudiar nuestra historia: la geográfica, la histórica, la política y la sentimental. Para ello utilizamos la poesía española, tan rica y tan densa en significados que es un pozo del que los historiadores bebemos poco. De tal forma, de esta primera actividad del curso, he seleccionado el trabajo de la alumna Lola Herrera Castro de 2º Bachillerato, que amablemente ha accedido a que publiquemos su comentario sobre el poema “Apología y petición” de Jaime Gil de Biedma. Es interesante destacar su enfoque desde la perspectiva de la historia política sobre un poema escrito en la segunda mitad de la dictadura franquista (1962). Lola plantea llevar este conocido poema más allá de su contexto histórico inmediato y reflexiona sobre la leyenda negra del imperio español y las cicatrices (reales e imaginarias) que nos ha legado. Ofrecemos a nuestros lectores primero el poema objeto del comentario y después la reseña de Lola.
Pablo Romero Gabella
Profesor de Historia de España 2º Bachillerato E

“Apología y petición” (1962) de Jaime Gil de Biedma
«Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno
sino un estado místico del hombre,
¿la absolución final de nuestra historia?
De todas las historias de la Historia
sin duda la más triste es la de España,
porque termina mal. Como si el hombre
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza.
Nuestra famosa inmemorial pobreza,
cuyo origen se pierde en las historias
que dicen que no es culpa del gobierno
sino terrible maldición de España,
triste precio pagado a los demonios
con hambre y con trabajo de sus hombres.
A menudo he pensado en esos hombres,
a menudo ha pensado en la pobreza
de este país de todos los demonios.
Y a menudo he pensado en otra historia
distinta y menos simple, en otra España
en donde sí que importa un mal gobierno.
Quiero creer que nuestro mal gobierno
es un vulgar negocio de los hombres
y no una metafísica, que España
debe y puede salir de la pobreza,
que es tiempo, aún para cambiar su historia
antes que se la llevan los demonios.
Porque quiero creer que no hay demonios.
Son hombres los que pagan al gobierno,
los empresarios de la falsa historia,
son hombres quienes han vendido al hombre,
los que han convertido a la pobreza
y secuestrado la salud de España.
Pido que España expulse a esos demonios.
Que la pobreza suba hasta el gobierno.
Que sea del hombre el dueño de su historia.«
A pesar de que en un primer momento podríamos pensar que el autor nos habla de la perspectiva de la España histórica, ya que se refiere a ella de forma muy directa nada más comenzar el texto (“De todas las historias de la Historia sin duda la más triste es la de España, porque termina mal”), al leer el texto de forma atenta nos damos cuenta de que en todo momento se refiere a una valoración de la historia política de España (“…harto ya de luchar con sus demonios, decidiese encargarles el gobierno y la administración de su pobreza … dicen que no es culpa del gobierno sino terrible maldición de España, triste precio pagado a los demonios con hambre y con trabajo de sus hombres”).
Podríamos interpretar a “los demonios” o “la maldición de España” como a la leyenda negra o el remordimiento (o incluso el “karma”) proveniente de la época del imperio español (siglos XVI-XIX). Es esta una teoría que nos terminaría de confirmar el título del texto. De esta manera, “la inmemorial pobreza” nombrada en el texto, sería el sacrificio que, de algún modo, España le haría a la Historia en compensación por esos “crímenes” por colonizaciones que tuvieron lugar durante esa la época imperial. Esto, no sólo se convertirían en culpa o “demonios”, sino también se manifestarían en la leyenda negra, que marcaría ese complejo de inferioridad que impediría al país luchar contra dichos “demonios”.
Lola Herrera Castro
2º Bachillerato E


