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Nuestra Biblioteca presenta CURIOSIDADES LITERARIAS en sus Tablones promocionales:

9 curiosidades sobre escritores que tienes que conocer.

1) Quevedo vs Góngora y el asunto del pirómano.

Góngora y Quevedo eran enemigos declarados desde hacía años. De hecho, Quevedo escribió el famoso poema de «Érase una vez una un hombre a una nariz pegado» para burlarse de Góngora, haciendo referencia a que tenía la nariz grande porque su ascendencia era judía (una causa de vergüenza en la España de la época). Pero el odio llegó a su máximo esplendor cuando Góngora se vio tan sumido en deudas, que tuvo que permitir que el banco se llevase su casa. Quevedo la compró, citó a Góngora en la puerta y luego le prendió fuego. Con todo lo que tenía en su interior.

2) Ramón del Valle Inclán era un auténtico troll.

Ramón del Valle Inclán fue citado en un juicio debido a un alboroto que había causado. Como parte de la rutina del interrogatorio, el juez le preguntó:

_ ¿Sabe usted leer y escribir?

_ No 

_ Me extraña su respuesta…

_ Más me extraña a mí su pregunta. 

3) Siempre llevas algo de Mark Twain en ti.

Mark Twain no es sólo el increíble escritor de Tom Sawyer. También era un gran filósofo e inventor. De hecho, en el S.XIX creó un invento que le reportó alrededor de 50.000 dólares. El invento consistía en dos tiras de tela elástica con unos pequeños ganchos de metal que se unían el uno al otro permitiendo ajustar una tela a un contorno de cuerpo. Seguro que te sonarán, porque los sujetadores siguen usando este método de Mark Twain para cerrarse, además de muchos abrigos y chaquetas.

4) Unamuno se lo tenía creído.

Cuando Alfonso XIII le concedió a Miguel de Unamuno la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio, el escritor comentó:

Su Majestad, me honra recibir esta cruz que tanto merezco. 

A lo que el Rey le contestó: 

_ ¡Qué curioso! En general, la mayoría de los galardonados aseguran que no se la     merecen. 

Entonces el escritor le contestó al Rey: 

_ Señor, en el caso de los otros, efectivamente no se la merecían. 

5) James Joyce y su amante.

James Joyce (Ulises) tenía una extraña obsesión con las flatulencias de su amante, Nora. Y de hecho, le escribía cartas muy subidas de tono en las que aseguraba ser capaz de reconocer un «pedo de Nora» en una habitación llena de mujeres.

6) Óscar Wilde se sentía ignorado.

Óscar Wilde (La importancia de llamarse Ernesto, Salomé) estaba convencido de que la gente no presta atención cuando les hablas. Así que para demostrarlo le contó a sus amigos una anécdota que le ocurrió una noche en la que había sido invitado a una fiesta. Llegó terriblemente tarde al evento, por lo que se acercó a la anfitriona y le explicó que «se había retrasado porque estaba enterrando a su tía, a la que él mismo había asesinado».

La mujer, más comprensiva de lo que debería, le contestó: 

– No se preocupe. Lo importante es que usted haya sido capaz de venir. 

7) Molière odiaba a los médicos.

Jean-Baptiste Poquelin (Molière) odiaba con toda su alma a los médicos. Tanto era así que no pisaba un hospital o la consulta de un doctor si no era absolutamente necesario. Sin embargo, un día se enfermó terriblemente y su mujer, al ver que era incapaz de hacer que le bajase la fiebre, decidió llamar a un médico. Cuando el doctor llegó y golpeó la puerta, Molière salió de la cama para decirle a su mujer:

_ Cariño. No dejes que ese hombre entre en mi casa. Dile que… si acaso, si me pongo mejor, ya iré yo a verle. 

8) Bécquer era muy retorcido.

Gustavo Adolfo Bécquer no quería ser escritor, sino pintor. Lamentablemente, todo el talento que le faltaba dibujando y retratando lo tenía únicamente su hermano. Pero eso no le evitó que ambos se aliaran para crear una obra llamada «Los Borbones en Pelota» en la que se representaba a la reina Isabel II en todo tipo de posturas sexuales. Isabel II (la tatarabuela de Juan Carlos de Borbón) tenía fama de ser muy aficcionada al sexo, y Bécquer y su hermano decidieron dibujarla practicando sexo con todo tipo de hombres y animales y a veces hasta con su marido Francisco de Asís admirándola.

9) Antonio Machado odiaba ser profesor.

Antonio Machado no era ningún amante del colegio. Debido a su precaria situación económica y sus desplazamientos continuos por toda España, no fue bachiller hasta que cumplió los veinticinco años. En 1907 aprueba las oposiciones a una cátedra de francés y se traslada a Soria a impartir clases. Sin embargo, se contaba de él que permanecía siempre en otro mundo, no le prestaba atención a las clases y aprobaba a todo el mundo. Después, los fines de semana se marchaba en tren a Madrid a escribir obras de teatro con su hermano. Esta tarea le apasionaba tanto que a veces, los domingos mandaba un telegrama a la escuela poniendo:

«Imposible llegar: PERDIDO TREN, HOY Y MAÑANA».


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