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A mi amigo Fernando: “en el buen sentido de la palabra, bueno”.

El músico ruso Igor Stravinsky visitó Sevilla durante la Semana Santa del año 1921. Tras ver el paso de palio de la Hermandad de San Bernardo dijo: “Estoy escuchando lo que veo y estoy viendo lo que escucho”. Esta célebre cita resume magníficamente la gran fiesta de los sentidos que es nuestra Semana Santa y la importancia de la música. Y dentro de ella está la saeta, esencia del sentimiento popular.

El bohemio Eugenio Noel en su inclasificable y maravilloso libro Semana Santa en Sevilla (1916) nos dice, siempre hiperbólico y genial, que:

“En sus saetas, el pueblo andaluz ha escrito el tratado más grande de su psicología. Cuando las recita o canta las dice con una emoción que subyuga; mientras las dice sentís que es verdad los (sic) que os cuenta…Su canto procede de las raíces más hondas de la lírica andaluza”.

En esa lírica andaluza de raigambre popular nos encontramos a dos hermanos sevillanos. Nos referimos a Antonio (1875-1939) y Manuel Machado (1874-1947). ¡Qué se puede decir más de ambos! Solo se me ocurre una cosa: leerlos. En el tema que nos ocupa, la saeta, ambos escribieron sendos poemas ; uno muy conocido, el de Antonio, y otro no tanto, el de Manuel, pero que comparten algo, un algo que nos ayuda a entendernos un poco más, que nos conmueve, que nos hace rechazar esa manida y maniquea idea de las “dos Españas”.  Esto mismo ya la expuso, en el caso de sus obras teatrales, el profesor alcalareño Enrique Baltanás en La obra común de los hermanos Machado (Editorial Renacimiento, Sevilla, 2010). Ambos se criaron y educaron en un ambiente liberal propiciado por el legado familiar de su abuelo Antonio Machado Núnez, catedrático de la Universidad hispalense, además de activo liberal progresista y krausista. Su hijo, el padre de los poetas, Antonio  Machado Álvarez, fue un abogado y conocido folclorista. Esto nos puede explicar algo de la trayectoria de ambos hermanos.

Imagen creada por IA

Veamos ambos poemas.

Comencemos por el más popular. Antonio Machado publicó “La Saeta” en la revista madrileña Nuevo Mundo en su número del 2 de abril de 1914. Se incluía en la página titulada “Semana Santa en Sevilla”, junto al poema “Sevillanas” de su hermano Manuel. Más tarde, Antonio incluiría dicha composición poética en su afamada obra Campos de Castilla (1917), donde añadiría al comienzo una saeta popular.

“¿Quién me presta una escalera,

para subir al madero

para quitarle los clavos

a Jesús el Nazareno?

( Saeta popular)

¡Oh la saeta, el cantar

al Cristo de los gitanos,

siempre con sangre en las manos

siempre por desenclavar!

¡Cantar del pueblo andaluz

que todas las primaveras

anda pidiendo escaleras

para subir a la cruz!

¡Cantar de la tierra mía,

que echa flores

al Jesús de la agonía,

y es la fe de mis mayores!

¡Oh, no eres tú mi cantar!

¡No puedo cantar, ni quiero,

a ese Jesús del madero,

sino al que anduvo en el mar!

Como ya hemos señalado, los versos de Antonio alcanzaron una fama que nos llega hasta nuestros días, especialmente en Semana Santa a través de la marcha procesional homónima de la Banda de cornetas y tambores Virgen de las Angustias, de la Hermandad de los Gitanos de Sevilla. Esta composición musical de los años 80 versionaba, a su vez, la también conocidísima canción de Joan Manuel Serrat donde ponía música al poema machadiano. El LP donde se incluía, Dedicado a Antonio Machado (1969),es ya un clásico de nuestra historia y también un testimonio cultural del periodo final  de la dictadura de Franco,

Pasando a su hermano Manuel, en plena Guerra Civil publicó su poemario Horas de Oro. Devocionario poético (1938) donde incluyó “La Saeta”, composición que divide en dos partes.

I
«Míralo por dónde viene
el mejor de los nacidos…»

Una calle de Sevilla
entre rezos y suspiros…
Largas trompetas de plata.
Túnicas de seda… Cirios,
en hormiguero de estrellas,
festoneando el camino…

El azahar y el incienso
embriagan los sentidos.
Ventana que da a la noche
se ilumina de improviso,
y en ella una voz -¡saeta!-
canta o llora, que es lo mismo:

«Míralo por dónde viene
el mejor de los nacidos…»

II
Canto llano… Sentimiento
que sin guitarra se canta.
Maravilla
que por acompañamiento
tiene…, la Semana Santa
de Sevilla

Cantar de nuestros cantares,
llanto y oración. Cantar,
salmo y trino.
Entre efluvios de azahares
tan humano y, a la par,
¡tan divino!

Canción del pueblo andaluz:
…de cómo las golondrinas
le quitaban las espinas
al Rey del Cielo en la Cruz.”

Este poema lo escribió en aquellos terribles días de nuestra historia a la vez que Miguel Hernández, en la otra trinchera, escribía su agónico y bello poemario El hombre acecha. Fueron aquellos años de separación de los hermanos cuando Manuel vive una “crisis religiosa” tal como dice su estudioso Miguel D`Ors. Convertido en el poeta del nuevo régimen franquista, Manuel parece abandonar, aparentemente, su espíritu bohemio y canalla (él llegó a definirse como “medio gitano, medio parisién”) y acercarse a una, aparente, mística católica. En ese mismo año, se le concede la silla “N” de la Real Academia Española, teniendo al gaditano José María Pemán como “padrino”. Su hermano, ya obtuvo la silla de académico en 1927, pero no llegó nunca a tomar posesión de ella.

Ambos se acercan formalmente a la saeta (“copla mística” según Eugenio Noel) a través del verso octasílabo, propio de la cultura popular, de la copla, del secular Romancero. No podía ser de otra forma. Sin embargo, Antonio elabora un discurso más  filosófico, más culto si queremos verlo así. Contrapone a esa religiosidad popular, que su hermano exalta, una reflexión sobre la pureza original del mensaje cristiano. Su alter ego literario, Juan de Mairena, dejaría dicho que “Roma era un poder contra Cristo”. Esa iconoclastia hacia la tradición, siempre elegante en él, hace que este poema haya tenido tanto impacto en una España post 98  que se replanteaba qué era. Frente al gusto popular, en este caso sevillano, por un Cristo de la sangre, del dolor y del sufrimiento, contrapone al que “anduvo en el mar”, al Jesús cercano a los que sufren y da consuelo. En el fondo, Antonio conectaba también con una corriente también muy sevillana, la de la celebración de la vida que triunfa sobre la muerte. Sobre esto mucho ha escrito el antropólogo Isidoro Moreno (Semana Santa de Sevilla, 2001).

Manuel, al contario que su hermano, no pretende cuestionar la tradición popular, al contrario, la exalta con todo su aparejo de sensualidad que arrastraba de su época modernista y bohemia. La saeta es parte de una “fiesta de los sentidos”, como ha dicho el profesor Moreno, donde se confunde el rezo con los suspiros, el tacto de las túnicas de seda, el olor a incienso y a azahar. Algo “tan humano y, a la par,/¡tan divino!”. Es interesante señalar que, como ya hemos dicho, en la publicación original de “La Saeta” de Antonio, ésta era acompañada por un poema de Manuel, “Sevillanas”, donde se celebraba la sensualidad local a través de la música de sus primaveras eternas. Son las dos caras de la misma moneda: Sevilla.

En este sentido Manuel Chaves Nogales (1897-1944), el gran periodista sevillano coetáneo a nuestros autores, escribiría que, frente a la Semana Santa frívola de “rito decorativo y festero”, “hiende el aire la recia humanidad de una saeta. Desaparece el cromo, y el alma sevillana se abre una inmensa flor de misticismo” (Heraldo de Madrid, 14 de abril de 1922). A pesar de la guerra civil, Manuel en su poema tuvo un recuerdo a su hermano pequeño, una llamada de hermandad, de humanidad cuando en su última estrofa escribe: “Canción del pueblo andaluz:/…De cómo las golondrinas/le quitan las espinas/al Rey del Cielo en la Cruz”. Veinticuatro años antes su hermano: “ ¡Cantar del pueblo andaluz/que todas las primaveras/anda pidiendo escaleras/para subir a la cruz!”. Los hermanos no se enfrentaron, se complementaron, dialogaron y crearon su arte mirándose de soslayo al final. Nunca dejaron de sentirse el uno del otro.

Pablo Romero Gabella

Prof. Geografía e Historia

IES Cristóbal de Monroy

NOTA: El número de la revista “Nuevo Mundo” al que nos hemos referido se puede encontrar en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional:

https://hemerotecadigital.bne.es/hd/es/viewer?id=51bb7421-21c1-4155-b314-49a108808eaa


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