Esta es la historia de Justo en un día de otoño, en concreto en una tarde de noviembre. Acaba de salir del trabajo. Le ha pedido a su jefe acabar la jornada un poco antes. Tiene prisa, porque va a llegar con el tiempo justo a casa para unirse a su hija y a su mujer, que le esperan para ir a la manifestación. Justo es un tipo comprometido, o al menos cree serlo. A su hija le ha intentado inculcar la idea de compromiso, de no mirar a otro lado ante las injusticias de la vida, porque… ¡Cuidado Justo! Un coche aparece cruzado en medio de la avenida en una intersección regulada por semáforos. Otros coches están parados delante de forma aleatoria. Varias personas rodean el coche, un coche eléctrico pequeño, e intentan impedir que el conductor avance. Justo llega a su altura: ¿Qué pasa? ¡Ponte delante del coche, Justo! No ves que el tipo quiere largarse, ¿no ves al motorista que está tirado en el asfalto boca arriba con el casco puesto y una mujer que le coge la mano? Justo entiende lo que ha pasado, ha habido un accidente y el del coche quiere huir y esta gente intenta evitarlo. Justo escucha cómo le dicen que les ayude, que cruce su coche para que no escape el que ha atropellado al motorista mientras llega la policía. Pero a Justo le entra el miedo, ve como el semáforo se pone en verde y como el del coche eléctrico avanza lentamente mientras los otros conductores se agarran al retrovisor, a la ventanilla abierta e incluso uno vestido de traje y calzado con castellanos se tira sobre el capó. Puede ver a un taxista, a un repartidor, a un hombre ya mayor, a una chica con un bolso cruzado que parece una universitaria… no se fija en las otras personas porque ha acelerado y ha seguido su camino. Debiste parar y ayudarles, pero no lo has hecho. ¡Qué iba a hacer él! Si me hubiera quedado podría haber sido peor, el otro coche pudiera haberlo embestido… y es que es el único coche que tienen en la casa, el otro está en el taller, necesita el coche para ir al trabajo y… La policía estará al llegar, ellos sabrán solucionar el problema. Pero Justo se pega a la derecha y para su coche, enciende las luces de emergencia. Mira hacia atrás, aún siguen ahí, ve las luces de emergencia parpadeantes. Mira a un lado y a otro de la avenida, no ve ni oye las sirenas, ni de policía ni de ambulancias. De todas formas, no puede volver, la mediana separa los carriles. ¿Llamas al 112? Seguramente ya lo habrán hecho… Suena el móvil, es su mujer :“ ¿Todo bien?”
Ya está en casa, su hija le dice si le parece bien la pancarta que ha hecho con sus amigas que también estarán en la manifestación: “No mires a otro lado. Únete”. Sí, sí, le parece genial. Entra en el móvil para buscar noticias de un atropellamiento. No encuentra nada. Justo no atiende a lo que le dice su mujer. “¿Nos vamos ya?”. Sí, claro…
La manifestación ha sido un éxito, su hija ha estado con sus amigas y él y su mujer han estado coreando algunas consignas. Pero Justo, has estado realmente en otro sitio, ¿ verdad? Sí, no dejo de pensar en lo que ha pasado.
A la vuelta a casa, su hija lo abraza: “Papá, te veo raro, ¿qué te pasa? Bueno no me lo digas… pero ¿sabes? Hay una chica en mi cole, la conozco de vista, no está en mi clase ni nunca ha caído conmigo en otros cursos. Mis amigas dicen que siempre ha sido una niña “rara”. La veo todos los recreos sola, pero nunca me he atrevido a acercarme. El otro día me enteré que lo está pasando muy mal. Por eso hoy, justamente hoy, pensaba ir a hablar con ella en el recreo. Pero no ha venido a clase. ¿Crees que le ha pasado algo, Papá? Papá, me he dado cuenta que no es fácil ser valiente; mañana, si está, hablaré con ella y, si no, preguntaré por ella al maestro Pepe, que sé que la conoce. Algo debo hacer, ¿no?, porque Papá, es lo que debo hacer, ¿verdad?”.
Y ahora yo, la conciencia de Justo, le recuerdo una captura de pantalla (de un estado de WhatsApp de un amigo) que guarda en la galería de su móvil:

Pablo Romero Gabella
Profesor Geografía e Historia
IES Cristóbal de Monroy


