”Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad”. Así comenzaba la zarzuela “La verbena de la paloma” (1894) cuando el viejo boticario Don Hilarión y su amigo Don Sebastián comentaban, asombrados, los progresos de su tiempo. Áquel era el de la 2ª Revolución industrial (electricidad, petróleo y acero), el nuestro es, al parecer, el de la 4ª, la de la Inteligencia Artificial.
Justamente en estos días la empresa norteamericana Anthropic presentaba, cuatro días antes del comienzo de la guerra en el Golfo Pérsico, su nuevo modelo de IA: «Claude Mythos». Muchos especialistas se refieren a ella como la IA más potente y peligrosa jamás creada. Ella sola, eludiendo los límites impuestos por sus creadores humanos, ha logrado detectar vulnerabilidades en los principales sistemas operativos y navegadores web. “¡Ella sola podría arrasar en unas horas a toda una civilización global (internet)!”, decían algunos “especialistas” adictos a la monetarización de sus vídeos. Pero no se preocupen, la empresa (que en el último año ha multiplicado sus beneficios de forma astronómica) ha asegurado que no caerá en las manos de los “malos”. Solo unos pocos iniciados podrán usarla. ¿Quiénes? No lo sabemos aún… solo que es una “barbaridad”.
La IA está ya plenamente integrada en nuestra vida y parece que lleva con nosotros desde siempre cuando comenzamos a utilizarla en la postpandemia (en 2022 la RAE la consideró como la palabra del año). Su crecimiento ha sido espectacular. Actualmente está en todos lados: en los trabajos, las escuelas (ay, esos trabajitos), en las casas, en los coches, en los electrodomésticos y por supuesto, en nuestros móviles.

A su vez, esto ha supuesto el despliegue de unos lugares comunes que las RRSS y los medios utilizan como munición de racimo de clickbait. Nos bombardean con la IA casi a diario, sobre todo en forma de amenaza como es el caso de que ella acabará con casi la mitad de los puestos de trabajo. Nos movemos entre la utopía y la distopía de un mundo futuro gobernado por la IA; entre la tecnofilia y la tecnofobia. Pero no nos engañemos, esto no es nuevo: en todas las épocas de cambio ocurre lo mismo. Ya lo expresó el escritor italiano Umberto Eco con su división entre “apocalípticos” e “integrados”.
Visto todo lo anterior, ocurre algo curioso y es que parece que «ese algo» ya lo hemos experimentado antes. Hay una especie de “dejavú” en nuestro imaginario colectivo. Y es que es cierto, ya lo hemos vivido… pero en el cine, en aquellas películas de ciencia-ficción que nos adelantaron las grandes cuestiones tecnológicas, éticas, sociales, culturales, económicas e incluso sentimentales de la IA. En la próxima entrega exploraremos esas películas que partiendo del ambiente de la Guerra Fría han llegado a nuestros días con un sinfín de producciones de las cuales seleccionaremos las que creemos más significativas y sin contar con la ayuda de la IA… bueno casi…
Pablo Romero Gabella
Prof. Geografía e Historia
IES Cristóbal de Monroy


