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“La Serie 9000 es la computadora más fiable construida nunca. Ninguna computadora 9000 se ha equivocado ni ha distorsionado información. Todos somos, bajo cualquier definición infalibles e incapaces de cometer ningún error”. Así se presentaba HAL 9000, la súper IA que aparece en “2001. Una odisea en el espacio” (1968), una película que marcó un antes y un después en el género de la ciencia ficción y en el cine en general.

Esta película forma, junto a “Blade Runner” (1982) e “Inteligencia Artificial” (2001) los que considero los tres grandes clásicos de la IA en el cine.  Ellas definieron lo que vendría más adelante y tienen algo en común: proceden de la literatura de la ciencia ficción, un género de literatura popular o “pulp” que comenzó en los años 30 de siglo pasado y que explotaría en los años de la Guerra Fría a partir de los años 50. Las temáticas de los viajes espaciales, los extraterrestres, las máquinas que piensan por sí mismas y la ciencia, entendida como la nueva religión moderna, inundaron la imaginación de millones de lectores mientras sobrevolaban sobre ellos el peligro de la guerra nuclear.

Imagen generada por IA

Vayamos con el primero de esos tres clásicos. En 1968 (en pleno comienzo de la contracultura hippie) Stanley Kubrick un joven director que había triunfado con anterioridad con otras películas como “Senderos de Gloria” y “Espartaco” y que era ya considerado un genio, se propuso adaptar el cuento “El centinela” (1951) de Arthur C. Clarke.  Lo mismo que en “Espartaco” (1960) hizo con el cine de romanos o “péplum” quería hacer con el cine de ciencia ficción, ambos géneros considerados como “menores” y para públicos poco “exigentes”. Su objetivo era crear una película con los mayores adelantos técnicos que había en aquellos momentos en el cine y lograr una obra total de gran profundidad intelectual. Esta película estaría a años luz del subgénero de películas de serie B (incluso Z) que se venían haciendo desde casi dos décadas en EEUU. Con un perfeccionismo que iba más allá de lo obsesivo, Kubrick creó una historia que nos sigue impactando. Nos presenta un relato con varias capas de significados que nace en la Prehistoria con la presencia de un misterioso monolito de roca negra, que continúa en 2001 con la aparición de otro monolito en la Luna y termina en una nave espacial en una misión en los confines del Universo. Esta es la parte que nos interesa; esa nave está operada por el HAL 9000, que ya hemos presentado al principio. Como curiosidad, Kubrick quiso utilizar la marca IBM para esa proto-IA, pero ésta se negó y como respuesta utilizó las letras del alfabeto anteriores a la de la marca. En el duelo entre el científico Dave Bowman y HAL 9000, vemos los temas centrales de la IA: ¿las máquinas tienen sentimientos? ¿llegarán a tener una inteligencia superior a la de sus creadores?, ¿podrán sustituir al hombre?, ¿podrán matarlo? La lucha del hombre y la máquina como expresión de los límites a los que ha llegado el progreso humano.

“2001” sigue teniendo aún un poder de atracción que arrastra a jóvenes (lo he podido comprobar en clase) y a menos jóvenes. Ella abrió el camino a una pléyade de películas que llegan hasta nuestros días, incluyendo todo un subgénero de ciencia-ficción que llenó los videoclubs de los 80 y 90 del siglo pasado. En este sentido quiero destacar los casos de cuatro películas. En “Almas de metal” (1973), dirigida y escrita por Michael Crichton, al que debemos “Parque Jurásico” y otros bestesellers, unos robots (controlados por otro superordenador resentido) enloquecen en un parque temático y comienzan a matar humanos. Aunque hoy la podamos ver como algo un poco “cutre”, fue la primera película en utilizar imágenes generadas en 2D. Su segunda parte “Futureworld” (1976) fue un despropósito, pero tuvo una curiosa resurrección con la serie “Westworld” (2016-2022), donde la malvada IA llamada “Rehoboam” hace sufrir a los visitantes en un parque temático ambientado en el Oeste americano.

 En 1980 Stanley Donen, al que debemos grandes clásicos del musical de Hollywood como “Cantando bajo la lluvia”, dirigió a dos mitos de la gran y de la pequeña pantalla: Kirk Douglas y Farrah Fawcett en “Saturno 3”. Ambos sufrirán el mal carácter de un androide llamado “Héctor” que comienza a pensar por sí mismo. Igual hace WORPD, la IA, encargada del programa de misiles nucleares norteamericano en el clásico ochentero de “Juegos de Guerra” (1983). John Badham,  que tres años más tarde realizaría otro clásico de su época protagonizado por un simpático robot en “Cortocircuito”, dirigió un film de inspiración juvenil  (con hacker incluido) donde se critica la automatización de la guerra nuclear, que se creía que podía superar el sesgo humano. Aquí el sesgo lo acaba teniendo la propia IA que había ido desarrollando su propio “machine learning”, convirtiéndose en un elemento tan potencialmente destructivo e irracional como el hombre.

Por último, no debemos dejar de citar a un clásico de finales de los 90: “Matrix” (1999), protagonizado por Keau Reeves (hoy “John Wick”). En su momento provocó un gran impacto por sus espectaculares efectos especiales digitales y su profundidad filosófica. Los, por entonces, hermanos Wachowski crearon un mundo distópico (en el año 3199) que reproducía artificialmente el mundo de finales del siglo XX. Los humanos vivían en una realidad virtual manejada por una súper IA, que se alimentaba de la energía de los propios humanos. Aquí el ser humano es quién se rebela contra la máquina inteligente, dando la vuelta al argumento de «2001». Y una útima reflexión: el ser humano como alimento de la IA, una curiosa variación tecnofóbica de películas de los años 70 donde se planteaba un futuro postapocalíptico donde el ser humano era consumido por mutantes o zombis. La saga “Matrix” continuó con tres películas más (2003-2021) pero ya no fueron ni la sombra de la original.

Pablo Romero Gabella

Prof. Geografía e Historia

IES Cristóbal de Monroy


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