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En esta entrevista, María Quirós se despide de la dirección después de más de dos décadas. Se trata de un viaje por su pasado, su presente y su futuro en el que explica los motivos que la llevaron a la dirección y que la han situado a la cabeza de uno de los institutos más reconocidos de la provincia durante 21 años. Una charla entre un antiguo alumno, y ahora compañero, mediante la que se conoce qué razones la llevan a decir adiós ahora y qué balance hace de su carrera. Una conversación directa y sincera en la que se aborda la educación, en sus múltiples prismas, desde la honestidad de una mujer, madre y docente vocacional, que ha desarrollado el grueso de su carrera profesional desde la dirección de uno de los centros más grandes de Andalucía.

Un comienzo intenso

Va a ser muy difícil desligar el IES Cristóbal de Monroy de la figura de María Quirós, centro que ha dirigido desde 2005. Aunque su vinculación viene de antes: “Yo ya fui alumna del Monroy”, recuerda. Después llegó como profesora, ejerció de secretaria y, finalmente, quiso dar el paso a la dirección, en la que se ha mantenido hasta el final de este curso. «Yo era secretaria y había tenido a mi primera hija. Entonces, tenía la opción de presentar proyecto o irme a mi destino definitivo. Quería quedarme en el Monroy, así que lo presenté en mi instituto, a pesar de mi reciente maternidad. Y fue una experiencia positiva», reconoce María cuando hace retrospectiva de sus comienzos como directora.

Aunque su inicio no resultó ser idílico. En el curso 2004-2005, el Monroy tuvo que cerrar sus puertas por riesgos en la estructura. En esta remodelación, se construyó un nuevo edificio que aún no estaba terminado cuando Quirós inició su mandato. «El 1 de julio (de 2005) todavía estábamos en el IES Albero (y en otros institutos de Alcalá) y las obras del Monroy seguían. Y el 1 de septiembre nos avisaron de que llegaban ochenta y siete tráileres con el mobiliario nuevo cuando todavía había operarios trabajando. Recuerdo perfectamente aquel momento porque mi móvil personal era prácticamente el teléfono del instituto. Fue una situación complicada, pero contamos con el apoyo de la inspección, de las autoridades municipales y, por supuesto, de las familias, porque nadie quería empezar el curso donde estábamos. Finalmente, nos dieron una semana más y a finales de septiembre ya estábamos aquí».

La unificación del instituto, principal hito

Desde 2005, el mundo ha cambiado mucho. Hacer balance de 21 años es una tarea muy complicada. Sin embargo, Quirós destaca como principal hito en su haber “la integración de todas las enseñanzas del Monroy”. Explica que, cuando llegó al centro, existían dos institutos en uno: el de FP y el de Secundaria y Bachillerato, dos culturas que parecían antagónicas. «La FP estaba implantada desde finales de los noventa, pero no estaba realmente integrada. Había dos líneas paralelas: el profesorado de FP hacía su vida y el profesorado de secundaria hacía la suya. Creo que uno de los grandes logros del instituto durante estos veintiún años ha sido, precisamente, conseguir integrar todas las enseñanzas y mantener el prestigio del instituto como centro de Bachillerato entendiendo que ya no podíamos vivir anclados en el pasado. Ahora somos un instituto de enseñanza secundaria completo. Hemos conseguido integrar la ESO, el Bachillerato, la Formación Profesional y las enseñanzas de adultos.
Y eso no ha sido fácil. Ahora desayunamos juntos compañeros de FP y compañeros de secundaria. Pero antes, existía una estructura heredada del pasado, con categorías profesionales muy marcadas y formas de entender el centro muy diferentes. Creo que hemos conseguido superar eso sin perder nuestra identidad. Y, además, hemos proyectado el Monroy hacia fuera, incluida Europa».

Un instituto nuevo, una pandemia y el 50 aniversario del IES

En todo este periplo, es complicado recordar momentos concretos, aunque está claro que el inicio de su mandato fue memorable. Ese año, además, subraya que “la mejor nota de la Selectividad de toda Andalucía fue la de un alumno salido del Monroy, algo que ocurrió después de que aquellos alumnos hubieran perdido prácticamente un mes de clase por el cierre de emergencia del instituto. Aquello fue una demostración de que, a pesar de las dificultades, el instituto seguía manteniendo el rumbo». Durante estas dos décadas, también se han celebrado fechas muy destacadas como el 50 aniversario del instituto, que se celebró en el curso 2018-2019 con innumerables actos abiertos a toda la ciudad. Y, justo después, llegó el 2020, año que María tiene señalado en rojo por la llegada de la pandemia de la covid-19. “Entre 2016 y 2017 apostamos claramente por la digitalización y por incorporar nuevas metodologías digitales. Aquello hizo que el Monroy estuviera muy preparado cuando llegó una situación tan inesperada y volvimos a convertirnos en un referente. Recuerdo perfectamente aquel viernes en el que empezaron los rumores sobre la suspensión de las clases: nos reunimos el equipo directivo y estuvimos aquí hasta bien entrada la tarde intentando decidir qué hacer. Todavía no sabíamos exactamente qué iba a ocurrir. Pero todo el trabajo previo que habíamos realizado nos permitió reaccionar muy rápido. Y eso fue posible gracias al equipo, en el que estaban representadas todas las enseñanzas del centro: Informática, Comercio, Formación Profesional, Secundaria, Idiomas… La apuesta por la internacionalización, por las lenguas extranjeras y por la digitalización nos había preparado para afrontar aquella situación».

Luces y sombras

Durante su dirección, muchos han sido los hitos que Quirós recuerda positivamente. Aunque, en todo este tiempo, también hay cabida para bastantes momentos amargos. Los principales, las pérdidas de compañeros y alumnos que se han producido durante estas dos décadas: «Durante estos años hemos tenido que despedir a alumnos, algo que es lo más doloroso y antinatural. Pero también hemos despedido a compañeros y compañeras que permanecen siempre en nuestra memoria», reconoce.

Asimismo, señala que ha habido otros momentos difíciles, por ejemplo, de enfrentamiento con la Administración: «A lo largo de estos años también me ha tocado pelear mucho por el Monroy y por sus recursos. Esto incluso me llevó a tener un acta abierta por parte de la Delegación de Educación, aunque, posteriormente se archivó todo y se reconoció que estaba defendiendo los intereses y las necesidades del instituto». También, como suele ser natural en un centro, ha pasado por episodios de oposición y críticas, aspectos que dice haber sobrellevado desligando la persona del cargo: «He vivido etapas en las que hubo otros candidatos que presentaban proyectos alternativos para la dirección, modelos distintos de entender el centro y de eso también se aprende porque te obliga a entender que existen otras formas de ver las cosas. Sin embargo, cuando ha habido críticas o problemas, siempre he intentado tener claro que iban dirigidos a la directora, no a María Quirós como persona y eso ayuda a relativizar muchas situaciones».

Un buen equipo: la clave para el éxito

Sortear los trances de la dirección durante tanto tiempo habría sido «imposible sin un buen equipo”, reconoce. «En los momentos más difíciles siempre encontramos el apoyo de todo el claustro. Podíamos tener opiniones distintas, y eso es enriquecedor, pero cuando de verdad llegaron los momentos críticos, tanto en el cierre del instituto como durante la pandemia, el apoyo fue absoluto. Y eso se agradece enormemente», destaca. Además, durante este tiempo ha contado con muchas personas que han formado parte de su equipo más cercano. «Sería muy largo nombrar a cada una de las personas que, a lo largo de estos veintiún años, han formado parte del equipo directivo, desde jefes de estudios adjuntos hasta vicedirectores, jefes de estudios de adultos y muchos otros compañeros. Especialmente recuerdo a uno de los jefes de estudios de adultos, que es la única persona que ya no está entre nosotros. También recuerdo mucho la figura de Javier Tormo, una persona de mucho peso en el centro y, por supuesto, a Luis Herrero», quien fue el antecesor de María en la dirección.

«(A Luis) lo he tenido presente, no sé si te puedo decir cada día porque sonaría exagerado, pero casi todos los días desde el primer día de mandato en la dirección. Me enseñó mucho. Recuerdo en mis primeros años, sobre todo en mi primer año como directora, cómo yo acudía al él, que era un oráculo para consultar. En un cargo directivo son tantas las decisiones y las situaciones que vives, que tener un apoyo o alguien al que recurrir es fundamental». Y ese oráculo fue Luis Herrero, con quien mantiene una buena amistad a pesar de los años. «Mientras estuvimos ambos en el Monroy el trato era cotidiano pues nos acercaba una amistad sin agobios ya que sabíamos los dos que no vernos por las ocupaciones no implicaba una pérdida de confianza ni de afecto. Además, nos unía el haber estudiado Geografía en un mundo de Historia, a nivel del departamento en el que estábamos encuadrados. Y una vez jubilado yo, hemos seguido siendo igual de amigos, hemos sabido el uno del otro y estamos al día de los acontecimientos de las respectivas vidas aunque nos veamos, lógicamente, mucho menos. Pero su presencia sigue siendo cercana por la calidad de la amistad. Hemos compartido mucho en el Monroy como para que el tiempo lo borre», reconoce el propio Luis. Herrero también recuerda positivamente su paso por el instituto y su trabajo con María -que era secretaria por entonces-, de quien destaca «su minuciosidad, su capacidad para llegar al detalle, que no es muy normal en el ámbito educativo y, sobre todo, su enorme capacidad de trabajo y de multiplicar el tiempo gracias a que toma decisiones de forma rápida y efectiva».

En ese viaje en el tiempo a través de la memoria de antiguos compañeros, Quirós valora la «combinación» entre veteranía y juventud que ha caracterizado a los diferentes equipos directivos, al tiempo que destaca el trabajo del personal de limpieza y de los ordenanzas. «Siempre he dicho que los ordenanzas son la cara del instituto. Cuando una persona entra en el centro, lo primero que ve es a los ordenanzas. La primera impresión del Monroy pasa por ellos, y eso es muy importante».

Una transición «cómoda»

María Quirós y Carmen Prados en el despacho de Dirección

María Quirós deja la dirección no por motivación ni por cansancio, sino por compromiso. «Tenía esto pensado desde hace tiempo. Sabía que este era mi último mandato desde el momento en que renové, no porque estuviera cansada y agotada, sino por el DNI. Quiero seguir en la enseñanza algunos años, pero no depender del compromiso que supone presentar un proyecto de dirección. Porque si presento un proyecto es para cuatro años y creo que no voy a estar cuatro años más en activo». Pese a ello, seguirá siendo profesora en el centro hasta su jubilación, una circunstancia poco frecuente en la realidad de los centros, pero que ella defiende con naturalidad. A la dirección accederá Carmen Prados, la hasta ahora jefa de Estudios, a quien María confía en “ayudar” si lo necesita y hacer “cómoda” la transición ante la “complejidad” que supone el reto. «Son tantas las decisiones y las situaciones que vives en la dirección que tener un apoyo o alguien al que recurrir es fundamental. Si (Carmen) me necesita, ahí estaré y si puedo ayudar en algo, lo haré, para que la transición sea lo más cómoda posible, lo más pacífica posible, y que el centro pueda asumir los nuevos retos y nuevas ideas que un equipo nuevo y una directora nueva puedan aportar».

La educación cambia, el contacto permanece

Quirós reconoce que en estos 21 años, la educación ha evolucionado mucho. «Los cambios han sido importantísimos, pero tampoco podemos olvidar que el instituto no deja de ser un reflejo de la sociedad. Por tanto, si la sociedad cambia, el instituto también cambia. Muchas veces tendemos a pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor y no tiene por qué ser así. En este tiempo, ha habido muchas mejoras en nuestro trabajo diario, aunque también es verdad que han aparecido nuevas dificultades: hay una carga burocrática y una carga emocional que cada vez son mayores. Y creo que estamos llegando a situaciones en las que conviene detenerse y reflexionar. Por nuestra parte, los equipos directivos tenemos también la responsabilidad de transmitir calma, de intentar que no nos arrolle esa inmediatez en la que vivimos. Sin embargo, esto no es fácil». Por lo tanto, sobre esa idealización del pasado, María lo tiene claro: «Ni el alumnado de antes era perfecto ni el de ahora es peor. Son generaciones distintas y debemos entenderlas».

Sin embargo, hay un principio que se mantiene intacto durante todo este tiempo: la necesidad de contacto humano. “Hay que saber escuchar, hay que saber cuándo una familia, un alumno o un compañero necesita ser atendido. Muchas veces una conversación resuelve más problemas que cualquier otra medida y, a veces, es mejor atender inmediatamente que dejar crecer un problema. Eso no significa que no existan límites, son necesario y hay que saber dónde están. Pero escuchar a las personas ha sido siempre una parte importante de nuestra forma de trabajar y eso también se aprende con la experiencia».

Hay un último aporte al balance vital y profesional que María destaca al final de esta entrevista. Un último aspecto que se lleva en lo más hondo de su persona. «Me quedo con la oportunidad de conocer la esencia de las personas. Esa es probablemente una de las cosas más bonitas que me ha dado la dirección, conocer a las personas de verdad. Eso es algo que le ocurre a la directora, pero también se lo lleva María. Y creo sinceramente que me ha enriquecido como persona».



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