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Imagen genrada por IA

El pasado curso, publiqué una serie de poemas a diario durante el mes de octubre. Fueron el refugio y la conjuración de la incertidumbre que un acontecimiento personal protagoniza cada año estas fechas.

Hoy, 1 de octubre, en el que ya no habrá más cumpleaños terrenales para mi padre,  le doy permiso a estos versos para crecer en las amables lecturas posibles.

Ya no verás tu ausencia,

ni sentirás la soledad que dejas.

No oirás los silencios

que provoca la lejanía de tu ser incorpóreo.

Un monólogo infinito

recorrerá los recuerdos de ti, sin ti.

Pero serás raíz y hogar,

cuando te nombre la luz de tu existencia

o en los rasgos que tus semillas heredamos

y en cada nuevo sueño que alcancemos,

gracias a ti, por ti.

Sonríe, papá, en paz.

Haz cuanto quieras, libre, fuerte y sano:

viaja, camina, lee,

haz bromas, tómate un buen vino.

Y ven para abrazarnos un ratito.

De la bruma, un atisbo,

unos pasos silentes.

Por la senda, un abismo,

la sima inasible.

Tras la brisa, un ciclópeo

tornado insurgente

resuena infinito

y entristece el gris.

Palabras que miran, 

armoniosos gestos 

traspasan la niebla,

asiendo la mano esquiva,

trenzando raíces rotas,

tintando de azul.

Los ojos sujetan,

los abrazos templan 

el frío primigenio

que arrebata luz.

Un eco, un instante,

la brisa, el fulgor,

sentir, inevitablemente.

¡Qué difícil la vida 

entre las siglas!

Yo no me sé orientar por esas frases hueras…

No creo en limitantes entresijos 

de diagnósticos fijos,

con nombres que no llaman, 

que no son lo nombrado, ni el verbo, ni el signo.

Pero sí que señalan, 

obtusamente simple, 

un equívoco farsante.

¡Qué certeza en la palabra verdadera!

Yo prefiero mirar y ver las capas

que los alisios mecen con el deseo de ver.

Cuando los ojos escuchan 

y la piel saborea, 

toco la esencia: 

quien eres, estás siendo y serás

en el mundo que creas 

y te acoge. 

¡Qué sencillas las ganas

cuando hablas!

Yo quiero ser eterna receptora

 de tu narrativa envolvente ,

de tus argumentos poderosos, 

de tus detalladas descripciones,

sobre una realidad que deconstruye lo falso,

para generar el universo de lo idílico.

La sensibilidad es imprescindible,

¡qué toda emoción alumbre el día!

Dejar salir el sol, la luna y las estrellas,

mostrar eclipse, nube, oscuridad.

También el río seco cuenta una historia,

no solo la cordillera habla de cimas.

Una mirada donde no se miente

y la luz se hace eco entre los poros 

que vibran.

Ese leve sonido que se escapa 

o que grita consciente,

abre algún cofre oculto  y descubre el secreto,

desvela el sentimiento,

que atrapado crecía sin rumbo ni razón.

El temblor que con escalofrío

eriza la piel  y deja al aire libre 

un sentido placer o un dolor escondido,

anuncia un ritmo diferente 

para vivir.

Sois eternos

y  en el presente estáis conmigo,

sois yo.

Os derramáis a veces,

otras quedáis en barbecho,

pero estáis.

¿Qué me decís, que hacéis por mí,

conmigo, desde mí y dentro de mí?

Encontráis emociones que son indescriptibles, 

buscáis entre los lugares más recónditos,

investigáis del conocimiento lo inasible,

acogéis todas las palabras creadas y por hacer.

Os leo eternamente y os escribo, a veces.

¿Vivís en mi lugar o me dais vida?

Todo lo desconozco,

hasta que la curiosidad titila y tienta.

A veces, necesario,

muchas otras, movimiento involuntario.

Tanto quiero saber;

no siempre, 

lo mundano, quizá, no me interesa. 

Abro la puerta y se desbordan datos,

instrucciones o aforismos,

abrazo lo que abarco y acopio conexiones,

ideas incipientes, pensamientos crecientes,

disquisiciones multiplicadoras de hipótesis, 

sentencias o actitudes.

Bullir de neuronas insatisfechas,

latido mental interminable, 

disquisiciones de teoremas,

teorías con hipótesis de argumentos fiables.

Y debo demostrarlo, 

hacer empírico y vital lo que he pensado.

Ese es el fin legítimo: acción, reacción, repercusión…

Paseaba distraída entre caminos ciertos,

dejando que los pasos fueran libres,

una huella indeleble, que no mía,

un entorno invisible, aunque lo conociese.

No avanzaba, no lograba expandir mi recorrido,

a pesar de kilómetros de tiempos, 

con el ritmo propicio y sin descanso,

pero sin rumbo, ni brújula, a lo loco.

Respiraba con la monotonía de los días grises, 

bajo la calor hiriente del verano estancado,

entre las estridencias de los bichos indulgentes,

sobre los transeúntes ignorados. 

Y, entonces, me detuve,

cayeron goterones del fuego que por dentro 

calcinaba el paisaje derrotado

de mi yo.

Miré a mi alrededor. 

Entre los restos de las mil faenas,

la mera realidad no daba tregua,

me traía el olor del guiso casi hecho,

me agarraba el pitido chivato del fin,

que es de nuevo el principio de la piedra de Tántalo.

Cultivo natural, salvaje, vivo,

que deviene en los hijos libremente,

que no moldea según ninguna imagen,

sino que acoge y cree en lo creado.

Tierna esencia que da y se multiplica 

en alimento base, 

para dotar de mil aromas y sabores,

que crezcan hidratados por las lágrimas

que inevitable y necesariamente,

les derrame.

Polifonía semántica del verbo.

Desear lo tangible o lo etéreo, como motor del alma

que teje los hilos de la compañía propia o universal.

Principio de cualquier iniciativa, dueño del sueño.

Amando se construyen los caminos,

que transita la sencilla alegría, 

la ilusión imprescindible en su concepto verdadero.

Volar, sintiendo que todo es posible,

en los abrazos. 

Tener la voluntad de entrelazar raíces fértiles,

cuajadas de poder.

Sentimientos multiplicados por colores o texturas,

en caricias y mimos, cerca o lejos, 

en el hogar o en las selvas insondables,

en los montes, el hielo, la cueva, el mar inmenso,

los ríos, la montaña, el infinito cielo…

El mundo os pertenece, 

sois ciclo imperecedero.

Ha crecido un poema en este cuerpo mío.

Agazapado queda,

entre los ritmos que no son pronunciados

y la inquietud de donde brotan.

Renuncio a esa intemperie peligrosa,

que me ahoga, me abruma, me oscurece.

Revolotean los versos sin ritmo ni cadencia,

sin ton ni son, 

ni nadie que los lea.

Únicamente yo.

No desgranaré metáforas, 

ni revelaré poéticas de mí, 

porque ya no serían libres.

Imagino 

y soy yo.

Estoy feliz conmigo en mí.

Abrazo los silencios y me miro por dentro,

donde crece lo que creo.

Acojo todo lo natural que me conmueve,

reconectando.

Converso con el cosmos de mi propio ser,

para reconocerme.

Encuentro lo que no sabía que estaba buscando.

Siento en plenitud,

en la nada querida.

Conexión, saltan chispas, cruce de miradas, 

se oyen mutuamente, incluso sin la voz.

Comprensión, de las luces y sombras

que el aura indiscreta lanza directa al corazón.

Solución envuelta en las herramientas 

que logra  quien encuentra su propia respuesta.

Sencillamente, 

crear, hilar, hallar, sentir, saber, guiar, querer…

Sobre los vientos amables 

todos  los restos desaparezcan.

Esas hojas resecas

que caen armoniosamente,

adormezcan la herida.

La fina lluvia ahogue la pena cierta.

Y el atardecer anaranjado 

sea indulgente,

para recomenzar 

entre tibios amaneceres inesperados.

Isabel López-Cepero salud


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