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Día del libro en el IES Cristóbal de Monroy – Quema, censura y prohibición

 

La quema, censura y prohibición de libros ha sido el tema elegido por el Equipo de Biblioteca para celebrar el Día Internacional del Libro.

Os invitamos a visitar nuestra exposición.

La adolescencia es la edad de la rebeldía. Un instituto está lleno de adolescentes. Si hacemos la regla de tres, parece obvio que aquello que ha estado prohibido pueda suscitar entre nuestros alumnos una curiosidad inusitada, y ya sabemos que la curiosidad es el germen del aprendizaje. Más allá de objetivos académicos, qué duda cabe que trazar este recorrido a través de títulos prohibidos a lo largo de la historia es un ejercicio de humildad para aquellos que piensan que todo está garantizado.

Vivimos tiempos convulsos en los que la abundancia de fuentes informativas y contenidos puede hacernos pensar, erróneamente, que no existe ningún control sobre aquello que leemos y consumimos. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Los algoritmos, ya sabemos, no son aleatorios y las listas de libros censurados tampoco. Y es que no hace falta adentrarse en la noche de los tiempos para reconocer la censura que muchos títulos siguen sufriendo por parte de estados e instituciones. Recientemente la Biblioteca Pública de Nueva York, y en respuesta a la creciente censura de libros en el estado de Florida, ha decidido regalar a través de su app algunos de estos títulos prohibidos, entre los que se encuentran clásicos contemporáneos como El guardián entre el centeno de J.D. Salinger o El Dios de las pequeñas cosas, de la autora india Arundhati Roy.

El miedo y la amenaza que sienten determinados sectores de perder su estatus y posición están en la raíz de muchas de estas prohibiciones. Es precisamente por esta razón, que desde el equipo de biblioteca se consideró este tema relevante para los alumnos, ya que ilustra directamente los conflictos de intereses, las luchas de clase y el miedo a la diferencia que lleva a prohibir en lugar de a debatir. El valor del respeto y la comprensión hacia lo diferente, espina dorsal de la educación de una persona es, por tanto, de lo que trata esta exposición en la que han participado con creaciones los alumnos de 3 ESO A y D a través de la realización de pósters con códigos QR y lapbooks sobre las quemas de libros a lo largo de la historia.

El mapa de las vergüenzas

La cerrazón humana no tiene patria y es por ello que para mostrar cómo la censura de libros ha permeado en algún momento en cualquier parte del mundo, incluso en los países considerados más desarrollados, se decidió usar un mapamundi de gran tamaño que tiene a Estados Unidos, Europa y Norte de África como tristes protagonistas de este ranking censor. En él se pueden ver portadas en miniatura de títulos tan ‘peligrosos’ como Dónde está Wally, atacado en EEUU por contener el dibujo de una mujer en topless; El Principito, censurado en Argentina porque su concepto de libertad chocaba contra el férreo control social de la dictadura o Harry Potter que lo fue en China porque las charlas con animales fantásticos podían llevar a los adolescentes a creer en las supersticiones.

Capítulo aparte en esta lista de libros censurados merecen las obras distópicas. En este apartado el autor británico George Orwell ostenta el pódium al contar con dos de sus más famosas novelas prohibidas a lo largo y ancho del globo. Tanto la feroz crítica al sistema comunista de Rebelión en la granja, como su famosa 1984 han sido objeto de censura en múltiples países. Por su parte, y debido a sus explícitas escenas sexuales o de consumo de drogas, Un mundo Feliz, de Aldoux Huxley, gana la plata en esta disciplina. Como tercer galardonado en la sección de futuros indeseables pero más que probables tenemos a Ray Bradbury con Farenheit 457 y su proverbial quema de libros. Más cercano en el tiempo, la exitosa saga de libros de Los juegos del hambre, de Suzanne Collins, ha copado también portadas de periódicos en Estados Unidos donde se acusó a la autora de antirreligiosa y de promover un concepto contrario a la familia tradicional. La perversión de Lolita, la ‘lascivia sacrílega’ de La Regenta, las críticas a la iglesia del Lazarillo de Tormes o incluso la pobreza extrema mostrada en Las uvas de la ira, han desatado ésta última entre censores y hasta entre los propios lectores que, como en el caso de la maravillosa novela de John Steinbeck, fue quemada en masa por el público en general.

Lo que no se lee, no existe

En este afán controlador, los procesos públicos de quema de libros han sido la liturgia más devastadora capaz de generar entre los que las han vivido pasiones y odios a partes iguales. Todos recordamos la escena de Indiana Jones y la última cruzada en la que el protagonista se topa con el mismo Hitler en uno de estas quemas llevadas a cabo por los nazis y le acaba firmando el diario en el que su padre recopiló la información sobre el Santo Grial. Pues bien, este tipo de escenificaciones han existido a lo largo de la historia, desde la destrucción de libros de la famosa biblioteca de Alejandría, pasando por el Índice de libros prohibidos de la Inquisición Española, hasta las más recientes incautaciones y quema de títulos durante las dictaduras franquistas y chilena. Y es que ya lo predijo Ray Bradbury «No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee, que no aprende, que no sabe».

Por Maru Sánchez García — Equipo de Biblioteca.